8 Un día Eliseo pasaba por Sunam. Vivía allí una mujer distinguida, la cual lo invitó con insistencia a comer. Y en adelante, siempre que pasaba, se detenía a comer en su casa.9 La mujer dijo a su marido: –Creo que ése que viene a comer con nosotros es un hombre de Dios, un santo.10 Vamos a prepararle arriba una habitación con una cama, una mesa, una silla y un candelabro, para que cuando venga a nuestra casa pueda instalarse en ella.11 Un día llegó allí Eliseo, se retiró a la habitación y se acostó.