Amos, el Profeta
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| Escrituras | 1 Kings 121 Roboán fue a Siquén, donde se había reunido todo Israel para proclamarlo rey. 2 Informaron de ello a Jeroboán, hijo de Nabat, que estaba en Egipto, a donde había huido del rey Salomón, y regresó de Egipto. 3 Enviaron a llamar a Jeroboán y acudió con toda la asamblea de Israel. Y dijeron a Roboán: 4 –Tu padre nos ha puesto un yugo muy pesado. Alivia tú ahora la dura servidumbre a que nos sometió tu padre y el pesado yugo que nos impuso, y te serviremos. 5 Les respondió: –Retírense y regresen a verme dentro de tres días. El pueblo se retiró. 6 Roboán consultó a los ancianos, que habían sido consejeros durante la vida de su padre Salomón y les preguntó: –¿Qué me aconsejan que responda a este pueblo? 7 Ellos le dijeron: –Si te pones hoy al servicio del pueblo, si aceptas sus propuestas y los tratas amablemente, ellos estarán siempre a tu servicio. 8 Pero Roboán rechazó este consejo de los ancianos y pidió parecer a sus jóvenes compañeros, que se habían educado con él y estaban a su servicio. 9 Les preguntó: –¿Qué me aconsejan que responda a este pueblo que me ha hablado así: «Alivia el yugo que tu padre puso sobre nosotros»? 10 Los jóvenes que se habían educado con él le respondieron: –A este pueblo, que te ha dicho eso, le responderás: «Mi dedo meñique es más grueso que la espalda de mi padre. 11 Mi padre puso sobre ustedes un yugo pesado, pero yo lo haré aún más pesado; mi padre los azotó con látigo, pero yo lo haré con alacranes». 12 Al tercer día, siguiendo la indicación del rey de reunirse con él a los tres días, Jeroboán y todo el pueblo se presentaron ante Roboán. 13 Este los trató duramente; rechazó el consejo de los ancianos 14 y, siguiendo el parecer de los jóvenes, les dijo: –Mi padre les puso un yugo pesado, pero yo lo haré más pesado aún; mi padre los azotó con látigo, pero yo lo haré con alacranes. 15 El rey no escuchó al pueblo para que, según los planes del Señor, se cumpliera la palabra que había dado a Jeroboán, hijo de Nabat, por medio de Ajías de Siló. 16 Viendo todos los israelitas que el rey no los había escuchado, le dijeron: –¿Qué tenemos que ver nosotros con David? ¿Acaso tenemos algo en común con el hijo de Jesé? ¡A tus tiendas, Israel! ¡Y ahora, preocúpate por tu familia, David! Y los de Israel regresaron a sus casas, 17 si bien los israelitas residentes en las ciudades de Judá siguieron sometidos a Roboán. 18 El rey Roboán envió como mediador a Adonirán, el encargado de reclutar trabajadores, pero los israelitas lo mataron a pedradas. Y el propio Roboán tuvo que subir a toda prisa en su carro de guerra y escapar a Jerusalén. 19 Así se separó Israel de la dinastía de David hasta el día de hoy. 20 Cuando todo Israel se enteró del regreso de Jeroboán, mandaron a llamarlo para que fuera a la asamblea y lo proclamaron rey sobre todo Israel. Sólo permaneció fiel a la casa de David la tribu de Judá. 21 Cuando llegó a Jerusalén, Roboán reunió a ciento ochenta mil guerreros, elegidos de entre las tribus de Judá y de Benjamín, para luchar contra Israel y devolver el reino a Roboán, hijo de Salomón. 22 Pero el Señor habló así al profeta Semayas: 23 –Di a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, a toda la casa de Judá y de Benjamín, y al resto del pueblo: 24 Esto dice el Señor: «No vayan a luchar contra sus hermanos, los israelitas. Regresen a sus casas, pues todo esto ha sucedido por disposición mía». Ellos obedecieron la palabra del Señor, y regresaron, como el Señor había mandado. 25 Jeroboán fortificó Siquén en las montañas de Efraín, y la hizo su capital. Luego salió de Siquén y fortificó Penuel. 26 Jeroboán pensaba en su interior: «Tal como están las cosas, el reino terminará por regresar a la casa de David. 27 Si la gente continúa subiendo a Jerusalén a ofrecer sacrificios en el templo del Señor, acabarán poniéndose de parte de su señor Roboán, rey de Judá, y me matarán a mí para unirse a él». 28 Después de pedir consejo, construyó dos becerros de oro y dijo al pueblo: –¡Se acabó el subir a Jerusalén! Israel, aquí tienes a tu Dios, el que te sacó de Egipto. 29 Y puso uno en Betel, y otro en Dan. 30 Esto fue ocasión continua de pecado, porque el pueblo iba en peregrinación hasta Betel y hasta Dan para adorarlos. 31 También levantó santuarios en los altozanos y nombró sacerdotes de entre la gente del pueblo que no pertenecía a la tribu de Leví. 32 Declaró fiesta el día quince del mes octavo, a imitación de la que se celebraba en Judá, y subió a ofrecer sacrificios sobre el altar de Dan. En Betel hizo lo mismo: ofreció sacrificios a los becerros que había fabricado, trajo sacerdotes para los santuarios que había edificado en los altos, 33 y el día quince del mes octavo, un mes elegido a capricho, instituyó una fiesta para los israelitas, subió al altar de Betel y quemó incienso en el altar. Amos 71 El Señor, mi Dios, me mostró esta visión: Comenzaba a crecer la hierba, la que nace a continuación de la que se corta para el rey, y el Señor estaba preparando una plaga de langostas 2 dispuestas a devorar toda la hierba del país. Entonces yo dije: «Perdona a Jacob, Señor Dios, te lo suplico; ¿Cómo podría resistir, siendo tan pequeño?» 3 Y el Señor se arrepintió y dijo: «Eso no sucederá». 4 El Señor me mostró esta visión: Convocaba el Señor al fuego para juzgar, un fuego que había devorado ya el gran océano y comenzaba a devorar el territorio. 5 Entonces yo dije: «¡Detente, Señor Dios, te lo suplico! ¿Cómo podrá resistir Jacob siendo tan pequeño?» 6 Y el Señor se arrepintió y dijo: «Eso no sucederá». 7 El Señor me mostró esta visión: Estaba el Señor sobre una pared, con un nivel de albañil en la mano. 8 El Señor me preguntó: «¿Qué ves, Amós?» Respondí: «Un nivel de albañil». Y el Señor me dijo: «Yo pongo el nivel de albañil en medio de mi pueblo Israel; no volveré a perdonarlo. 9 Los lugares de culto de Isaac serán derribados, y destruidos los santuarios de Israel; yo empuñaré la espada contra la familia de Jeroboán». 10 Amasías, sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboán, rey de Israel: –Amós está conspirando contra ti en medio del pueblo de Israel; el país no puede ya soportar todas sus palabras. 11 Porque así dice Amós: «Jeroboán morirá a espada e Israel será deportado lejos de su tierra». 12 Y Amasías dijo a Amós: –Vete, vidente, márchate a Judá; gánate la vida profetizando allí. 13 Pero no sigas profetizando en Betel, porque es el santuario del rey y el templo del reino. 14 Amós le respondió: –Yo no era profeta ni discípulo de profeta, sino que me dedicaba a cuidar el ganado y cultivar higueras. 15 Pero el Señor me tomó y me ordenó que dejara el rebaño diciéndome: «Vete y profetiza a mi pueblo Israel». 16 Y ahora escucha la palabra del Señor. Tú dices: «No profetices contra Israel, no pronuncies oráculos contra la descendencia de Isaac». 17 Pues bien, así dice el Señor: Tu mujer se prostituirá en la ciudad, tus hijos y tus hijas morirán a espada, y tu tierra será puesta a remate; tú mismo morirás en una tierra impura, e Israel será deportado lejos de su tierra. |