7 Entonces Balaán pronunció su oráculo en estos términos: De Aram me hace venir Balac, de las montañas de Oriente, el rey de Moab. «¡Ven, maldíceme a Jacob; ven, fulmina a Israel!»8 ¿Cómo puedo yo maldecir a quien Dios no maldice? ¿Cómo puedo yo fulminar a quien Dios no fulmina?9 Desde las altas rocas lo veo, desde las colinas lo contemplo: es un pueblo que vive aparte y no se cuenta entre las naciones.10 ¿Quién puede contar el polvo de Jacob? ¿Quién puede medir la arena de Israel? ¡Muera yo como los justos, sea mi fin semejante al suyo!