1 Naamán, general del ejército del rey de Siria, era un hombre muy apreciado por su señor, porque el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Este hombre, que era poderoso, tenía la lepra.2 En una de sus incursiones guerreras los sirios se llevaron de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán.3 Ella dijo a su señora: –¡Ojalá mi señor fuera donde está el profeta que hay en Samaría! El lo curaría de la lepra.