Jesús antes del Sanedrín
| Palabras clave | Anás Caifás juicio noche sacerdotes Semana Santa |
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| Secondary Keywords | arresto guardia hablar John Steel Pascua persecución petición pidiendo romano soldado |
| Escrituras | John 1812 Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. 13 Acto seguido, lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. 14 Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». 15 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, entró, al mismo tiempo que Jesús, en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. 16 Pedro, en cambio, tuvo que quedarse fuera, junto a la puerta, hasta que el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y consiguió que lo dejaran entrar. 17 Pero la portera preguntó a Pedro: –¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre? Pedro le contestó: –No, no lo soy. 18 Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba también con ellos calentándose. 19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. 20 Jesús declaró: –Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, y ellos podrán informarte. 22 Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a él, le dio una bofetada, diciéndole: –¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote? 23 Jesús le dijo: –Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas? 24 Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo sacerdote. 25 Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno le preguntó: –¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre? Pedro lo negó, diciendo: –No, no lo soy. Luke 2266 Cuando amaneció, los ancianos del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley se reunieron, lo llevaron al Consejo de Ancianos 67 y dijeron: –Si tu eres el Mesías, dilo. Jesús les dijo: –Si lo digo, no me van a creer; 68 y si les hago preguntas, no me van a responder. 69 Pero desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso. 70 Entonces todos le preguntaron: –Luego, ¿eres tú el Hijo de Dios? Jesús les respondió: –Es como ustedes dicen; yo soy. 71 Ellos dijeron: –¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca. Mark 1453 Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley. 54 Pedro lo siguió de lejos hasta el interior del patio del sumo sacerdote y se quedó sentado con los guardias, calentándose junto al fuego. 55 Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo de Ancianos buscaban una acusación contra Jesús para darle muerte, pero no la encontraban. 56 Pues aunque muchos testimoniaban en falso contra él, los testimonios no coincidían. 57 Algunos comparecieron y dieron contra él este falso testimonio: 58 –Nosotros lo hemos oído decir: «Yo destruiré este templo hecho por hombres y en tres días construiré otro no edificado por hombres». 59 Pero ni siquiera en esto concordaba su testimonio. 60 Entonces el sumo sacerdote tomó la palabra en medio de todos y preguntó a Jesús: –¿No respondes nada? ¿De qué te acusan éstos? 61 Pero Jesús callaba y no respondía nada. El sumo sacerdote siguió preguntándole: –¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito? 62 Jesús contestó: –Yo soy, y verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo. 63 El sumo sacerdote rasgándose las vestiduras, dijo: –¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Han oído la blasfemia. ¿Qué les parece? Todos juzgaron que merecía la muerte. 65 Algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole la cara, le daban bofetadas y le decían: –¡Adivina! Y también los guardias lo golpeaban. |