31 Tú, rey, tuviste esta visión: una enorme estatua, de extraordinario esplendor y terrible aspecto, comenzó a levantarse frente a ti.32 Su cabeza era de oro puro; el pecho y los brazos de plata; el vientre y las caderas de bronce;33 las piernas de hierro; y los pies, parte de hierro y parte de barro.