12 Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos.13 Acto seguido, lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.14 Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
John 18
19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza.20 Jesús declaró: –Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente.21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, y ellos podrán informarte.22 Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a él, le dio una bofetada, diciéndole: –¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?23 Jesús le dijo: –Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?