Pedro y apóstoles liberados de la prisión
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| Escrituras | Acts 51 Sin embargo, un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad, 2 y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; luego llevó la parte restante y la puso a disposición de los apóstoles. 3 Pedro le dijo: –Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás te convenciera para engañar al Espíritu Santo, quedándote con parte del precio del campo? 4 ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? ¿Y después de venderlo no era tuyo el dinero? ¿Por qué has hecho esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó muerto; y un gran temor invadió a todos los que lo oyeron. 6 En seguida se levantaron unos jóvenes, amortajaron el cadáver y lo llevaron a enterrar. 7 Unas tres horas más tarde entró su mujer, que no sabía nada de lo sucedido. 8 Pedro le preguntó: –Dime si ustedes vendieron el campo por tal cantidad. Ella contestó: –Sí. 9 Pedro le dijo: –¿Por qué se pusieron de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Ya se oyen los pasos de los que regresan de sepultar a tu marido; ellos te llevarán también a ti. 10 En ese mismo momento ella cayó a sus pies y murió. Al entrar los jóvenes, la encontraron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. 11 Este hecho produjo un gran temor en toda la Iglesia y en todos los que oían esta historia. 12 Los apóstoles realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes se reunían en el pórtico de Salomón, 13 pero los demás no se atrevían a juntarse con ellos. El pueblo, sin embargo, los tenía en gran estima, 14 de modo que una multitud de hombres y mujeres se incorporó al número de los que creían en Jesús. 15 Incluso sacaban los enfermos a las plazas y los ponían en camillas y angarillas, para que, al pasar Pedro, al menos su sombra tocara a alguno de ellos. 16 Un gran número de personas procedentes de las ciudades cercanas, acudían a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos quedaban sanos. 17 Entonces, el sumo sacerdote y todos los de su partido, es decir, el grupo de los saduceos, llenos de rabia 18 detuvieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. 19 Pero el ángel del Señor abrió por la noche la puerta de la cárcel, los sacó y les dijo: 20 –Vayan, preséntense en el templo y anuncien al pueblo todo lo referente a este estilo de vida. 21 Dóciles a este mandato, entraron de madrugada en el templo y se pusieron a enseñar. Entre tanto, el sumo sacerdote y los de su partido convocaron al Consejo de Ancianos y a todos los ancianos de Israel, y mandaron traerlos de la cárcel. 22 Pero, al llegar allá los guardias, no los encontraron; así que regresaron y les dieron este informe: 23 –Hemos encontrado la cárcel bien cerrada y a los carceleros custodiando las puertas, pero al abrir no hemos hallado a nadie dentro. 24 Al oír esto, el jefe de la guardia del templo y los jefes de los sacerdotes se quedaron confundidos, pensando qué habría sido de ellos, 25 hasta que alguien llegó diciendo: –Los hombres que metieron en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo. 26 Entonces el jefe de la guardia fue con sus hombres y trajo a los apóstoles, aunque sin violencia, pues temían que el pueblo los apedreara. 27 Los hicieron entrar para que comparecieran ante el Consejo de Ancianos, y el sumo sacerdote les preguntó: 28 ¿No les prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése? Y sin embargo han llenado Jerusalén con sus enseñanzas y además quieren hacernos responsables de la muerte de ese hombre. 29 Pedro y los apóstoles respondieron: –Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de un madero. 31 Dios lo ha exaltado a su derecha como Príncipe y Salvador, para dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de obtener el perdón de los pecados. 32 Nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen somos testigos de todo esto. 33 Ellos, enfurecidos por tales palabras, querían matarlos. 34 Pero un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley y respetado por todo el pueblo, tomó la palabra en medio del Consejo de Ancianos, mandó que los sacaran fuera unos momentos 35 y dijo: –Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con estos hombres. 36 Porque hace algún tiempo apareció un tal Teudas con la pretensión de ser alguien importante, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; pero fue ejecutado, y todos los que lo seguían se dispersaron. 37 Después de éste, surgió Judas el Galileo en los días del censo, y arrastró detrás de sí al pueblo; pero también él pereció, y todos sus seguidores se dispersaron. 38 En este caso mi consejo es que se olviden de estos hombres y los dejen en paz; porque, si lo que ellos se proponen hacer es cosa de hombres, desaparecerá; 39 pero si procede de Dios, ustedes no podrán destuirlo. No corran el riesgo de luchar contra Dios. Todos aceptaron su consejo. 40 Hicieron llamar a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. 41 Ellos salieron de la presencia del Consejo de Ancianos alegres de haber merecido tales injurias por causa de aquel nombre. 42 Y día tras día, tanto en el templo como por las casas, no cesaban de enseñar y anunciar que Jesús es el Mesías. |