10 Estaba yo atento a las visiones que mientras dormía cruzaban por mi mente, cuando un vigilante, un santo, bajó del cielo11 y gritó con voz fuerte: «¡Derriben el árbol, corten sus ramas, arranquen su ramaje, dispersen sus frutos! ¡Que huyan las fieras que se cobijan a su sombra y los pájaros que se posan en sus ramas!12 Pero dejen en tierra el tronco con sus raíces, aunque sujeto con cadenas de hierro y de bronce en medio del campo. Que lo empape el rocío de la noche y comparta con los animales la hierba de la tierra.