Como los creyentes estaban siendo perseguidos, se dispersaron por diferentes partes de la región. Cuando llegaban a un nuevo lugar hablaban a la gente de Jesús y más gente creía.
1 Saulo aprobaba este asesinato. Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.2 A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos, e hicieron duelo por él.3 Saulo, por su parte, perseguía con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres, y los metía en la cárcel.