Cristo en la fiesta
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| Escrituras | John 51 Después de esto, Jesús regresó a Jerusalén para celebrar una de las fiestas judías. 2 Hay en Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, un estanque conocido con el nombre hebreo de Betesda, que tiene cinco pórticos. 3 En estos pórticos había muchos enfermos recostados en el suelo: ciegos, cojos y paralíticos. 5 Había entre ellos un hombre que llevaba treinta y ocho años inválido. 6 Jesús, al verlo allí tendido, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le preguntó: –¿Quieres quedar sano? 7 El enfermo le contestó: –Señor, no tengo a nadie que me ayude a entrar en el estanque cuando se mueve el agua. Mientras trato de llegar yo, otro se me ha adelantado. 8 Entonces Jesús le dijo: –Levántate, toma tu camilla y camina. 9 En aquel instante, el enfermo quedó sano, tomó su camilla y comenzó a caminar. Aquel día era sábado. 10 Los judíos se dirigieron al que había sido sanado y le dijeron: –Hoy es sábado y no te está permitido llevar tu camilla. 11 El respondió: –El que me sanó me dijo: «Toma tu camilla y camina». 12 Ellos le preguntaron: –¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina»? 13 Pero él no lo conocía ni sabía quién lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la muchedumbre que se había reunido allí. 14 Más tarde, Jesús se encontró con él en el templo, y le dijo: –Has sido sanado, no vuelvas a pecar más, pues podría sucederte algo peor. 15 El hombre fue a informar a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 16 Jesús hacía obras como ésta en sábado; por eso lo perseguían los judíos. 17 Pero Jesús les respondió: –Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo. 18 Esta afirmación provocó en los judíos un mayor deseo de matarlo, porque no sólo no respetaba el sábado, sino que además decía que Dios era su propio Padre, y se hacía igual a Dios. 19 Jesús continuó, diciendo: –Yo les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta; él hace únicamente lo que ve hacer al Padre: lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo. 20 Pues el Padre ama al Hijo y le manifiesta todas sus obras; y le manifestará todavía cosas mayores, de modo que ustedes mismos quedarán maravillados. 21 Porque, así como el Padre resucita a los muertos, dándoles la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. 22 El Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado al Hijo todo el poder de juzgar. 23 Y quiere que todos den al Hijo el mismo honor que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo envió. 24 Yo les aseguro que quien acepta lo que yo digo y cree en el que me envió, tiene la vida eterna; no sufrirá un juicio de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 25 Les aseguro que está llegando la hora, mejor aún, ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y todos los que la oigan, vivirán. 26 Pues así como el Padre tiene el poder de dar la vida, ha dado al Hijo ese mismo poder. 27 Y le ha dado también autoridad para juzgar, porque es el Hijo del hombre. 28 No se admiren de lo que les estoy diciendo, porque llegará el momento en que todos los muertos oirán su voz, 29 y saldrán de los sepulcros. Los que hicieron el bien, resucitarán para la vida eterna; pero los que hicieron el mal, resucitarán para su condenación. 30 Yo no puedo hacer nada por mi cuenta. Juzgo según lo que Dios me dice, y mi juicio es justo, porque no pretendo actuar según mi voluntad, sino que cumplo la voluntad del que me envió. 31 Si me presentara como testigo de mí mismo, mi testimonio no tendría valor. 32 Es otro el que testifica a mi favor, y su testimonio es válido. 33 Ustedes mismos enviaron una comisión a preguntar a Juan, y él dio testimonio a favor de la verdad. 34 Y no es que yo tenga necesidad de testigos humanos que testifiquen a mi favor; si digo esto, es para que ustedes se puedan salvar. 35 Juan el Bautista era como una lámpara encendida que alumbraba; ustedes quisieron, durante algún tiempo, alegrarse con su luz. 36 Pero yo tengo a mi favor un testimonio de mayor valor que el de Juan. Una prueba evidente de que el Padre me ha enviado es que realizo la obra que el Padre me encargó llevar a término. 37 También habla a mi favor el Padre que me envió, aunque ustedes nunca han oído su voz ni han visto su rostro. 38 Su palabra no ha sido aceptada por ustedes; así lo prueba el hecho de que no quieren creer en el enviado del Padre. 39 Estudian apasionadamente las Escrituras, pensando encontrar en ellas la vida eterna; pues bien, también las Escrituras hablan de mí; 40 y a pesar de ello, ustedes no quieren aceptarme para que tengan vida. 41 Yo no busco la gloria que puedan dar los hombres. 42 Además, los conozco muy bien y sé que no aman a Dios. 43 Yo he venido de parte de mi Padre, pero ustedes no me aceptan; en cambio, aceptarían a cualquier otro que viniera en nombre propio. 44 ¿Cómo van a creer ustedes, si lo que les preocupa es recibir gloria unos de los otros y no se interesan por la verdadera gloria que viene del Dios único? 45 No piensen que voy a ser yo quien los acuse ante mi Padre; los acusará Moisés, en quien tienen puesta su esperanza. 46 El escribió acerca de mí; por eso, si creyeran a Moisés, también me creerían a mí. 47 Pero si no creen lo que él escribió, ¿cómo van a creer lo que yo digo? John 812 Jesús volvió a hablar a la gente, diciendo: –Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida. 13 Al oír esto, los fariseos le dijeron: –Estás dando testimonio de ti mismo; por tanto, tu testimonio no tiene valor. 14 Jesús les contestó: –Aunque doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a dónde voy. Ustedes, en cambio, no saben ni de dónde vengo ni a dónde voy. 15 Ustedes juzgan con criterios mundanos. Yo no juzgo a nadie, 16 pero si lo hiciera, mi juicio es válido, porque no soy yo sólo el juez, sino que también está conmigo el Padre, que me envió. 17 En la ley de ustedes está escrito que el testimonio dado por dos testigos es válido. 18 Pues bien: un testigo a mi favor soy yo mismo; pero también da testimonio a mi favor el Padre, que me envió. 19 Ellos le preguntaron: –¿Dónde está tu Padre? Jesús les contestó: –Ni me conocen a mí ni conocen a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. 20 Jesús dijo esto cuando estaba enseñando en el templo, en el lugar donde se encuentran las alcancías de las ofrendas. Sin embargo, nadie se atrevió a detenerlo, porque aún no había llegado su hora. 21 De nuevo les dijo Jesús: –Yo me voy. Me buscarán, pero morirán en su pecado. Ustedes no pueden venir a donde yo voy. 22 Los judíos comentaban entre sí: –¿Pensará suicidarse y por eso dice: «Ustedes no pueden venir a donde yo voy»? 23 Entonces Jesús declaró: –Ustedes proceden de abajo; yo, en cambio, vengo de arriba. Ustedes pertenecen a este mundo; yo no. 24 Por eso les dije que morirían en sus pecados. Porque si no creen que yo soy, morirán en sus pecados. 25 Entonces ellos le preguntaron: –Pero, ¿quién eres tú? Jesús les respondió: –Precisamente es lo que les estoy diciendo desde el principio. 26 Tengo muchas cosas que decir y condenar de ustedes. Pero lo que yo digo al mundo es lo que oí al que me envió y él dice la verdad. 27 Ellos, sin embargo, no cayeron en la cuenta de que les estaba hablando del Padre. 28 Por eso Jesús añadió: –Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces reconocerán que yo soy. Yo no hago nada por mi propia cuenta; solamente enseño lo que aprendí del Padre. 29 El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. 30 Al oírle hablar así, muchos creyeron en él. 31 Dirigiéndose a los judíos que habían creído en él, dijo Jesús: –Si permanecen fieles a mi palabra, ustedes serán verdaderamente mis discípulos; 32 así conocerán la verdad y la verdad los hará libres. 33 Ellos le respondieron: –Nosotros somos descendientes de Abrahán; nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué significa eso de que seremos libres? 34 Jesús les contestó: –Yo les aseguro que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. 35 Pero el esclavo no permanece para siempre en la casa, mientras que el hijo sí. 36 Por eso, si el Hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres. 37 Ya sé que son descendientes de Abrahán. Sin embargo, quieren matarme, porque no aceptan mi enseñanza. 38 Yo hablo de lo que he visto hacer a mi Padre; sus acciones, en cambio, ponen de manifiesto lo que han oído a su padre. 39 Ellos le dijeron: –Nuestro padre es Abrahán. Jesús contestó: –Si fueran de verdad hijos de Abrahán, harían lo que él hizo. 40 Ustedes quieren matarme a mí, que les he dicho la verdad que aprendí de Dios mismo. Abrahán no hizo nada semejante. 41 Ustedes hacen las obras de su padre. Ellos le contestaron: –Nosotros no somos hijos ilegítimos. Dios es nuestro único padre. 42 Entonces Jesús les dijo: –Si Dios fuera el Padre de ustedes, me amarían porque yo salí de Dios y he venido de parte suya. No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió. 43 ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Pues porque no son capaces de escuchar mi palabra. 44 ya que ustedes son hijos de su padre que es el diablo; le pertenecen a él y desean complacerle en sus deseos. El fue homicida desde el principio. Nunca se mantuvo firme en la verdad. Por eso, nunca dice la verdad. Cuando miente, habla de lo que lleva dentro, porque es mentiroso por naturaleza y padre de la mentira. 45 En cambio, yo digo la verdad y ustedes no me creen. 46 ¿Quién de ustedes sería capaz de demostrar que yo he cometido pecado? Pues bien, si les digo la verdad, ¿por qué no me creen? 47 El que es de Dios, acepta las palabras de Dios; pero ustedes no son de Dios, y por eso no las aceptan. 48 Los judíos le contestaron: –¿Acaso no tenemos razón cuando decimos que eres samaritano y estás endemoniado? 49 Jesús respondió: –Yo no estoy endemoniado; lo que hago es honrar a mi Padre; ustedes, en cambio, me deshonran a mí. 50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. 51 Yo les aseguro que el que pone en práctica mi palabra, no morirá nunca. 52 Al oír esto, los judíos le dijeron: –Ahora nos convencemos plenamente de que estás endemoniado. Tanto Abrahán como los profetas murieron, y ahora tú dices: El que pone en práctica mi palabra no experimentará la muerte para siempre. 53 ¿Acaso eres tú más importante que nuestro padre Abrahán? Tanto él como los profetas murieron, ¿por quién te tienes? 54 Jesús respondió: –Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría; es mi Padre quien me glorifica, el mismo del que ustedes dicen: «Es nuestro Dios». 55 En realidad no lo conocen; yo, en cambio, sí lo conozco. Y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco de veras y pongo en práctica sus palabras. 56 Abrahán, su padre, se alegró sólo con el pensamiento de que iba a ver mi día; lo vio y se llenó de alegría. 57 Entonces los judíos le dijeron: –¿De modo que tú, que aún no tienes cincuenta años, has visto a Abrahán? 58 Jesús les respondió: –Les aseguro que antes que Abrahán naciera, yo soy. 59 Entonces, los judíos tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. |