Jesús detuvo su burro en un punto alto en el camino a Jerusalén. Jesús no lloró por sí mismo. Lloraba por los pobres de la ciudad que sufrirían en años venideros porque no habían reconocido a su Mesías cuando vino a ellos.
41 Cuando se fue acercando, al ver la ciudad, lloró por ella,42 y dijo: –¡Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz! Pero tus ojos siguen cerrados.43 Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te atacarán por todas partes;44 te aplastarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra en tu recinto, por no haber reconocido el momento en que Dios ha venido a salvarte.
Matthew 23
37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos debajo de sus alas, y ustedes no han querido!38 Pues bien, su santuario quedará desierto.39 Les digo que ya no me verán más hasta que proclamen: «Bendito el que viene en nombre del Señor».