6 Aquellos hombres se dijeron: «No encontraremos contra Daniel ningún motivo de acusación, a menos que lo encontremos en algo relacionado con la ley de su Dios».7 Los gobernadores regionales acudieron precipitadamente al rey y le dijeron: –¡Que el rey Darío viva para siempre!8 Todos los ministros del reino, los supervisores, los consejeros y los gobernadores regionales y provinciales, han celebrado consejo para que se publique un decreto real con esta ley: Todo el que en el espacio de treinta días dirija una oración a cualquier dios u hombre, fuera de ti, oh rey, será arrojado a la fosa de los leones.9 Ahora, oh rey, promulga esta prohibición y firma el decreto para que no pueda ser derogado, según la ley de medos y persas, que es irrevocable.10 Y el rey Darío firmó el decreto de prohibición siguiendo sus indicaciones.