5 El rey David mandó buscarlo.6 Al llegar Meribaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, junto a David, se postró rostro en tierra. David le dijo: –¡Meribaal! El respondió: –Aquí tienes a tu siervo.7 David le dijo: –No temas, porque quiero favorecerte en memoria de tu padre, Jonatán. Te devolveré las tierras de tu abuelo Saúl y comerás siempre a mi mesa.8 El se postró y dijo: –No soy digno de que te fijes en un perro muerto como yo.