David Orando
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| Escrituras | 2 Samuel 12 2 Samuel 7 |
2 Samuel 121 El Señor envió al profeta Natán, que se presentó a David y le dijo: –Había en una ciudad dos hombres, uno rico y otro pobre.2 El rico tenía muchas ovejas y vacas.3 El pobre sólo tenía una oveja que había comprado. La había criado, y ella había crecido con él y con sus hijos; comía de su comida, bebía de su vaso y dormía junto a él; era como una hija para él.4 Un día llegó un huésped a casa del rico, y éste no quiso utilizar sus ovejas ni sus vacas para servir al viajero, sino que robó al pobre la oveja y la preparó para el huésped.5 David se enfureció contra aquel hombre, y dijo a Natán: –Vive el Señor que quien hizo tal cosa merece la muerte,6 y pagará cuatro veces el valor de la oveja por haber hecho esto y haber actuado sin piedad.7 Entonces Natán dijo a David: –¡Ese hombre eres tú! Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo te ungí como rey de Israel y te libré del poder de Saúl;8 te di la casa de tu señor y puse en tus brazos a sus mujeres; te he dado el pueblo de Israel y de Judá y, por si esto fuera poco, te añadiré aún mucho más.9 ¿Por qué, pues, has despreciado al Señor haciendo lo que le desagrada? Hiciste matar a espada a Urías, el hitita, y te apoderaste de su mujer. Sí, lo mataste por medio de la espada de los amonitas.10 Por tanto, la espada no se apartará nunca de tu casa, por haberme despreciado y haberte apoderado de la mujer de Urías, el hitita.11 Así dice el Señor: Yo haré que el mal te venga de tu propia familia; ante tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a tu prójimo para que se acueste con ellas a la luz del sol que nos alumbra.12 Tú lo has hecho en secreto, pero yo lo haré a la vista de todo Israel y a la luz del sol que nos alumbra.13 David reconoció ante Natán: –He pecado contra el Señor. Entonces Natán le respondió: –El Señor perdona tu pecado. No morirás.14 Pero, por haber ultrajado al Señor de este modo, morirá el hijo que te ha nacido. Y Natán se fue a su casa.15 El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y se puso muy enfermo.16 David rogó a Dios por el niño: ayunó, se retiró y pasó la noche acostado en el suelo.17 Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él no quiso ni tomó alimento alguno con ellos.18 Al séptimo día murió el niño. Los servidores de David temían anunciarle que había muerto, pues se decían: «Si cuando vivía el niño le hablábamos y no quería escucharnos, ¿cómo le diremos que el niño ha muerto? Hará un disparate».19 David se dio cuenta de que sus servidores cuchicheaban entre sí y comprendió que el niño había muerto. Les preguntó: –¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: –Sí, ha muerto.20 Entonces David se levantó del suelo, se bañó, se ungió, se cambió de ropa; entró en el templo del Señor y se postró. Regresó luego a su casa, pidió que le sirvieran de comer y comió.21 Sus servidores le dijeron: –¿Qué es lo que haces? ¡Cuando el niño vivía, ayunabas y llorabas, y ahora que el niño ha muerto te levantas y comes!22 El respondió: –Cuando vivía el niño, ayunaba y lloraba porque pensaba: «¡Quizás el Señor tenga piedad de mí y deje con vida al niño!»23 Pero ahora que ha muerto ¿para qué voy a ayunar? ¿Puedo yo devolverle la vida? Yo iré donde está él, pero él no regresará a mí.24 Después, David consoló a su mujer Betsabé, se acostó con ella, y ella le dio un hijo, al que llamó Salomón. El Señor lo amó,25 y mandó al profeta Natán para que le pusiera el sobrenombre de Yedidías, es decir, amado del Señor.26 Joab atacó Rabá, capital de los amonitas, y cuando estaba a punto de conquistar la ciudad del rey,27 envió mensajeros a David para decirle: –He atacado Rabá y me he apoderado de la zona donde están las cisternas.28 Reúne al resto del ejército, asedia la ciudad y conquístala tú, no sea que si lo hago yo se le imponga mi nombre.29 David reunió todo el ejército, marchó contra Rabá y se apoderó de ella.30 Quitó de la cabeza de Milcón la corona, que pesaba treinta y cuatro kilos de oro; tenía también una piedra preciosa que David puso sobre su cabeza. El botín que se llevó de la ciudad fue inmenso.31 Hizo salir de la ciudad a sus habitantes y los puso a trabajar con sierras, picos y hachas, y a hacer ladrillos. Y lo mismo hacía con todas las ciudades de los amonitas. Después David regresó a Jerusalén con todo su ejército. 2 Samuel 71 Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz con todos sus enemigos de alrededor,2 dijo al profeta Natán: –Yo vivo en una casa de cedro, mientras que el arca del Señor está en una tienda de pieles.3 Natán le dijo: –Haz lo que te propones, porque el Señor está contigo.4 Pero aquella misma noche el Señor dirigió esta palabra a Natán:5 –Ve a decir a mi siervo David: Esto dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que viva en ella?6 Yo no he habitado en una casa desde el día en que saqué de Egipto a los israelitas hasta hoy. He estado peregrinando de un sitio a otro en una tienda que me servía de morada.7 Durante todo el tiempo que he caminado con los israelitas, ¿pedí yo acaso a uno solo de los jueces de Israel, a quienes mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me edificaran una casa de cedro?8 Por tanto di a mi siervo David: Así dice el Señor todopoderoso: Yo te tomé de la majada, de detrás del rebaño, para que fueras caudillo de mi pueblo, Israel.9 He estado contigo en todas tus campañas, he derrotado en tu presencia a todos tus enemigos; y yo haré que tu nombre sea como el de los grandes de la tierra.10 Asignaré un lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré en él, para que lo habite y nadie lo arroje de él, ni los malvados lo opriman como antes,11 como en el tiempo en que yo establecí jueces sobre mi pueblo Israel; te daré paz con todos tus enemigos. Además, el Señor te anuncia que te dará una dinastía.12 Cuando hayas llegado al final de tu vida y descanses con tus antepasados, mantendré después de ti un descendiente salido de tus entrañas y consolidaré su realeza.13 El edificará una casa en mi honor y yo mantendré para siempre su realeza.14 Seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace el mal, yo lo castigaré con varas y con golpes como hacen los hombres.15 Pero no le retiraré mi favor, como se lo retiré a Saúl, a quien rechacé de mi presencia.16 Tu dinastía y tu realeza subsistirán para siempre ante mí, y tu trono será estable para siempre.17 Natán comunicó a David estas palabras y esta visión.18 Entonces el rey David se presentó ante el Señor y le dijo: –¿Quién soy yo, mi Dios y Señor; y qué méritos tiene mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí?19 Y por si fuera poco, mi Dios y Señor, también te has referido a la descendencia de tu siervo para un futuro lejano, mientras dure la humanidad, mi Dios y Señor.20 ¿Qué más podría decirte David? Tú conoces a tu siervo, mi Dios y Señor.21 Por tu palabra y según tu voluntad has realizado estos prodigios y se los has dado a conocer a tu siervo.22 Por eso tú eres grande, mi Dios y Señor, porque no hay nadie como tú ni hay Dios fuera de ti, como hemos oído con nuestros propios oídos.23 ¿Existe en la tierra un pueblo que sea como tu pueblo Israel, al que Dios mismo haya venido a rescatar para hacerlo su pueblo, para hacerlo famoso, para realizar en su favor grandes y terribles prodigios, expulsando a las naciones y a sus dioses ante tu pueblo, a quien rescataste para ti de Egipto?24 Has consolidado a tu pueblo Israel y lo has hecho tu pueblo para siempre, y tú, Señor, te has convertido en su Dios.25 Y ahora, mi Dios y Señor, mantén firme para siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su dinastía, cumpliendo lo que has dicho.26 Que tu nombre sea glorificado por siempre; que siempre se proclame: «El Señor todopoderoso es el Dios de Israel». Y que la dinastía de tu siervo David se mantenga estable ante ti,27 ya que tú, Señor todopoderoso, Dios de Israel, has hecho esta revelación a tu siervo: «Yo te daré una dinastía». Por eso tu siervo se ha atrevido a hacerte esta súplica.28 Sí, mi Dios y Señor, tú eres Dios, y tus palabras son verdaderas. Ya que has hecho a tu siervo esta gran promesa,29 dígnate bendecir su dinastía para que permanezca siempre en tu presencia. Porque eres tú, mi Dios y Señor, el que has hablado, y gracias a tu bendición será bendita para siempre la dinastía de tu siervo. | |








