Deborah y Barak
| Secondary Keywords | 00139 conquista Joshua Ruth testamento |
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| Escrituras | Judges 41 Cuando murió Eud, los israelitas ofendieron de nuevo al Señor con su conducta, 2 y el Señor los entregó en poder de Yabín, rey cananeo de Jasor. El jefe de su ejército era Sísara que residía en Jaróset Goim. 3 Los israelitas invocaron al Señor, porque Yabín, que tenía novecientos carros de guerra, venía oprimiéndolos durante veinte años. 4 Débora, una profetisa casada con Lapidot, actuaba como juez de Israel por aquel tiempo. 5 Juzgaba bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en las montañas de Efraín, y los israelitas acudían a ella para arreglar sus litigios. 6 Débora mandó llamar a Barac, hijo de Abinoán, de Cadés de Neftalí, y le dijo: –El Señor, Dios de Israel, ordena que vayas a alistar gente y reúnas en el monte Tabor a diez mil hombres de Neftalí y de Zabulón. 7 Yo haré que Sísara, jefe del ejército de Yabín, vaya hacia ti al torrente Quisón con sus carros y sus tropas, y te los entregaré. 8 Barac respondió: –Si tú vienes conmigo, iré; pero si no vienes, no iré. 9 Débora contestó: –Iré contigo, pero ya no será tuya la gloria de esta expedición, porque el Señor entregará a Sísara en manos de una mujer. Ella se puso en camino y se reunió con Barac en Cadés. 10 Barac reunió en Cadés diez mil hombres de Zabulón y de Neftalí, y Débora fue con ellos. 11 Jéber, el quenita, se había separado de su tribu, los descendientes de Jobab, suegro de Moisés, y había instalado sus tiendas en torno a la encina de Saanain, cerca de Cadés. 12 Cuando le dijeron a Sísara que Barac, hijo de Abinoán, había subido al monte Tabor, 13 Sísara reunió todos sus carros, novecientos carros de hierro, y todas las tropas que tenía. Desde Jaróset Goim se trasladó al torrente Quisón. 14 Entonces Débora dijo a Barac: –¡Animo, que en este día el Señor va a entregar a Sísara en tu poder. El Señor va delante de ti! Barac bajó del monte Tabor con sus diez mil hombres, 15 y el Señor hizo huir a Sísara con todos sus carros y con todo su ejército ante Barac. Sísara se bajó del carro y siguió huyendo a pie. 16 Barac persiguió los carros y el ejército de Sísara hasta Jaróset Goim. Todo el ejército de Sísara fue pasado a cuchillo, y no quedó ni uno solo. 17 Sísara huyó corriendo hacia la tienda de Yael, mujer de Jéber, el quenita, porque había buenas relaciones entre Yabín, rey de Jasor, y la familia de Jéber, el quenita. 18 Yael le salió al encuentro y lo invitó: –Entra, señor mío, entra; no temas. Sísara entró en la tienda, y ella lo tapó con una manta. 19 El le pidió: –Dame, por favor, un poco de agua, que tengo sed. Ella abrió el odre de la leche, le dio de beber y lo tapó de nuevo. 20 Sísara le dijo: –Quédate a la puerta de la tienda y si alguien viene y te pregunta: «¿Hay aquí algún hombre?», respóndele que no. 21 Pero Yael, mujer de Jéber, tomó una estaca de la tienda y un martillo, se acercó silenciosamente a Sísara y le hundió la estaca en la sien, hasta clavarlo en la tierra. Sísara, que se había quedado profundamente dormido a causa del cansancio, murió. 22 Entretanto, llegó Barac, que venía persiguiendo a Sísara. Yael salió a su encuentro y le dijo: –Ven, te enseñaré al hombre que buscas. Barac entró con ella y vio que Sísara estaba muerto con la estaca clavada en la sien. 23 Así humilló Dios aquel día a Yabín, rey de Canaán, ante los israelitas. 24 Y estos trataron cada vez con más dureza a Yabín, rey de Canaán, hasta que acabaron con él. Judges 51 Aquel día, Débora y Barac, hijo de Abinoán, entonaron este canto: 2 Porque Israel se ha decidido a luchar, porque un pueblo se ha ofrecido voluntario, ¡bendigan al Señor! 3 Escuchen reyes; pongan atención, príncipes, que voy a cantar, a cantar al Señor, y a tocar para el Señor, Dios de Israel. 4 Señor, cuando saliste de Seír, cuando avanzaste desde los campos de Edom, tembló la tierra, destilaron los cielos, y las nubes se deshicieron en agua. 5 Las montañas se derritieron en presencia del Señor, el del Sinaí, en presencia del Señor, Dios de Israel. 6 En los días de Sangar, hijo de Anat, en los días de Yael, ya no pasaban caravanas; los caminantes seguían senderos sinuosos. 7 No había jefes en Israel; no los había, hasta que tú surgiste, Débora; hasta que surgiste, madre de Israel. 8 Se preferían dioses nuevos, la guerra estaba a las puertas; no se veía un escudo ni una lanza entre cuarenta mil de Israel. 9 Mi corazón se dirije a los jefes de Israel, a los voluntarios del pueblo: 10 ¡Bendigan al Señor, los que montan sobre burras blancas, los que se sientan sobre mantas bordadas, los que van por los caminos, canten! 11 Se oye el clamor de los que reparten el botín junto a los pozos, allí se celebran las hazañas del Señor, las hazañas de los israelitas; entonces el pueblo del Señor bajaba a las puertas. 12 Levántate, Débora, levántate; levántate, ponte en pie, entona un canto; ponte en pie, Barac, apresa a los que te apresaron, hijo de Abinoán. 13 Que el sobreviviente someta a los poderosos y el pueblo del Señor someta a los héroes. 14 Los príncipes de Efraín, están en el llano, detrás de ti Benjamín, en medio de tu gente; bajan de Maquir los nobles, y de Zabulón los que llevan bastón de mando. 15 Los jefes de Isacar están con Débora, y Neftalí, con Barac, se lanza detrás de sus pasos en el valle. Junto a los arroyos de Rubén ¡largas deliberaciones! 16 ¿Por qué te quedas en tus corrales, escuchando las flautas entre los rebaños? Junto a los arroyos de Rubén ¡largas deliberaciones! 17 Galaad se ha quedado al otro lado del Jordán, y Dan, ¿por qué se va lejos en sus barcos? Aser está sentado a la orilla del mar, y vive tranquilo en sus puertos. 18 Zabulón es un pueblo que reta a la muerte, como Neftalí en las alturas del campo. 19 Vinieron los reyes y pelearon, combatieron los reyes de Canaán en Tanac, junto a las aguas de Meguido, y no se llevaron objetos de plata como botín. 20 Desde los cielos combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron a Sísara. 21 El torrente Quisón los arrastró, torrente famoso es el torrente Quisón, los aplastó con violencia. 22 Cascos de caballos martillean el suelo ¡es el galope, el galope de los corceles! 23 Maldigan a Meroz, maldíganla, dice el ángel del Señor; maldigan a sus habitantes, porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor, entre los héroes. 24 Bendita entre las mujeres sea Yael, la mujer de Jéber, el quenita, bendita entre las mujeres nómadas. 25 Agua le pidió, y le dio leche; en copa preciosa le ofreció nata. 26 Con su izquierda agarró una estaca, con su derecha un martillo de obrero y golpeó a Sísara, le partió la cabeza, lo machacó, le atravesó la sien. 27 A sus pies se dobló, cayó acostado; a sus pies se dobló y cayó; donde se dobló, allí cayó aniquilado. 28 Asomada a la ventana, mira la madre de Sísara por las rejas. ¿Por qué su carro tarda en venir? ¿Por qué se retrasan sus carros de guerra? 29 Su dama más sensata le responde, repitiendo las mismas palabras: 30 «Están recogiendo y repartiendo el botín: una muchacha o dos para cada hombre, vestidos de colores para Sísara, mantos bordados para mi cuello». 31 Así perezcan todos tus enemigos, Señor; tus amigos sean fuertes como el sol naciente. El país estuvo en paz durante cuarenta años. |