13 Pero sus siervos le dijeron: –Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria, ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho: «Báñate y quedarás limpio»!14 Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces, como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño.