Discipulos dispersos
| Secondary Keywords | discípulos historia iglesia persecución Samaria testamento |
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| Escrituras | Acts 131 En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón, a quien llamaban el Moreno, Lucio el de Cirene, Manaén, hermano de crianza del rey Herodes, y Saulo. 2 Un día, mientras celebraban la liturgia del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: –Sepárenme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado. 3 Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron. 4 Enviados, pues, por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron a Seleucia, y de allí se embarcaron rumbo a Chipre. 5 Llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Llevaban con ellos a Juan como ayudante. 6 Atravesaron toda la isla y llegaron a Pafos. Allí encontraron a un mago judío, un falso profeta llamado Barjesús, 7 que estaba al servicio del vicecónsul Sergio Pablo. El vicecónsul, hombre prudente y deseoso de escuchar la palabra de Dios, mandó llamar a Bernabé y a Saulo. 8 Elimas, el mago (eso significa este nombre), se les oponía, tratando de apartar al vicecónsul de la fe. 9 Pero Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, lo miró con atención 10 y le dijo: –¡Mentiroso y malvado, hijo del diablo, enemigo de todo lo bueno! ¿Hasta cuándo dejarás de torcer los caminos rectos del Señor? 11 Pues mira, el Señor te va a castigar: quedarás ciego, sin ver la luz del sol durante algún tiempo. En ese mismo momento, la oscuridad y las sombras cayeron sobre él, y a tientas buscaba a alguien que lo llevara de la mano. 12 Entonces el vicecónsul, al ver lo sucedido, creyó, pues había quedado impresionado por lo que le habían enseñado acerca del Señor. 13 Pablo y los suyos se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Pero Juan los dejó y regresó a Jerusalén. 14 Ellos, pasando más allá de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. Allí entraron en la sinagoga el sábado y se sentaron. 15 Después de la lectura de la ley y de los profetas, los jefes de la sinagoga mandaron a decirles: –Hermanos, si tienen algo que decir a la asamblea, hablen. 16 Pablo entonces se levantó, impuso silencio con la mano y dijo: –Israelitas y los que honran a Dios, 17 escuchen. El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros antepasados, y engrandeció al pueblo durante su permanencia en Egipto; después los sacó de allí con gran poder, 18 y por espacio de cuarenta años los cuidó en el desierto. 19 Después de destruir siete naciones en el país de Canaán, les dio su tierra en herencia. 20 Esto duró unos cuatrocientos cincuenta años. Después les dio jueces hasta los tiempos del profeta Samuel. 21 Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. 22 Al destituir a Saúl de su cargo, nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, el cual hará siempre mi voluntad. 23 De su descendencia, Dios, según su promesa, sacó para Israel un Salvador, Jesús. 24 Antes de su venida, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia. 25 El mismo Juan, a punto ya de terminar su ministerio, decía: «Yo no soy el que ustedes creen. Detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar las sandalias». 26 Hermanos, descendientes de Abrahán, y los que, sin serlo, honran a Dios, es a ustedes a quienes se dirige este mensaje de salvación. 27 Ciertamente, los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, y al condenarlo cumplieron las palabras de los profetas que se leen todos los sábados. 28 Sin haber encontrado en él ningún delito que mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo matara. 29 Y después de cumplir todo lo que acerca de él estaba escrito, lo bajaron del madero y lo pusieron en un sepulcro. 30 Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. 31 Durante muchos días se apareció a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén, los cuales son ahora sus testigos ante el pueblo. 32 Y nosotros les anunciamos esta buena noticia: que la promesa hecha a nuestros antepasados, 33 Dios la ha cumplido entre nosotros, sus descendientes, resucitando a Jesús, como está escrito también en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 34 Porque efectivamente lo resucitó de entre los muertos para no regresar ya nunca más a la corrupción, conforme a lo que dijo: Les cumpliré las firmes promesas que hice a David. 35 Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu fiel experimente la corrupción. 36 Ahora bien, David, después de cumplir durante su vida la voluntad de Dios, murió, fue a reunirse con sus antepasados, y experimentó la corrupción. 37 Sin embargo, aquel a quien Dios resucitó no experimentó la corrupción. 38 Sepan, pues, hermanos, que por él se les anuncia el perdón de los pecados. La salvación que no han podido ustedes obtener con la ley de Moisés, 39 la obtiene gracias a Jesús todo el que cree. 40 Tengan cuidado, pues, que no les pase lo que dijeron los profetas: 41 Contemplen esto, soberbios, y que el asombro los haga desaparecer, porque voy a realizar en su tiempo una obra que no la creerán aunque se la cuenten. 42 A la salida, les pedían que hablaran sobre lo mismo el sábado siguiente. 43 Disuelta la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban al verdadero Dios siguieron a Pablo y Bernabé, quienes trataban de persuadirlos con sus palabras para que permanecieran fieles a la gracia de Dios. 44 El sábado siguiente casi toda la ciudad se congregó para escuchar la palabra del Señor. 45 Los judíos, al ver la multitud, se llenaron de envidia, y contradecían lo que Pablo decía, insultándolo. 46 Entonces, Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía: –A ustedes teníamos que anunciarles primeramente la palabra de Dios, pero ya que la rechazan y ustedes mismos no se consideran dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. 47 Pues así nos lo mandó el Señor: Te he puesto como luz de las naciones, para que lleves la salvación hasta los extremos de la tierra. 48 Los paganos, al oír esto, se alegraban y recibían con alabanzas el mensaje del Señor. Y todos los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. 49 La palabra del Señor se difundió por toda aquella región. 50 Los judíos, sin embargo, sublevaron a las mujeres distinguidas que adoraban al verdadero Dios, y a los principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su territorio. 51 Ellos, en señal de protesta, sacudieron el polvo de sus pies y se fueron a Iconio. 52 Los discípulos, por su parte, estaban llenos de alegría y del Espíritu Santo. Acts 81 Saulo aprobaba este asesinato. Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. 2 A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos, e hicieron duelo por él. 3 Saulo, por su parte, perseguía con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres, y los metía en la cárcel. 4 Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el mensaje. 5 Felipe bajó a la ciudad de Samaría y estuvo allí predicando a Cristo. 6 La gente escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y contemplaba los signos que realizaba. 7 Pues de muchos endemoniados salían los espíritus inmundos, gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron. 8 Y hubo gran alegría en aquella ciudad. 9 Desde hacía tiempo venía practicando la magia en la ciudad un tal Simón, que tenía impresionada a la gente de Samaría y se hacía pasar por alguien extraordinario. 10 Todos, chicos y grandes, lo seguían y decían: –Este tiene la fuerza de Dios, la que llaman el Gran Poder. 11 Lo seguían, porque durante bastante tiempo los había impresionado con sus habilidades mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la buena noticia del reino de Dios y de Jesucristo, comenzaron a bautizarse hombres y mujeres. 13 El mismo Simón creyó, recibió el bautismo y no se separaba de Felipe, mirando impresionado los signos y los grandes milagros que realizaba. 14 Los apóstoles, que estaban en Jerusalén, oyeron que los habitantes de Samaría habían recibido la palabra de Dios, y les enviaron a Pedro y a Juan. 15 Estos bajaron y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo, 16 pues aún no había venido sobre ninguno de ellos; sólo habían recibido el bautismo en el nombre de Jesús, el Señor. 17 Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo. 18 Al ver Simón que, mediante la imposición de las manos de los apóstoles, se impartía el Espíritu Santo, les ofreció dinero 19 y les dijo: –Concédanme también a mí ese poder, para que aquellos a quienes yo imponga las manos reciban el Espíritu Santo. 20 Pedro le dijo: –Al infierno tú con tu dinero, por pensar que el don de Dios se puede comprar. 21 No tienes parte ni herencia en este don, pues tus intenciones son torcidas a los ojos de Dios. 22 Arrepiéntete de esta maldad y ruega al Señor, para que te perdone por haber llegado a desear tal cosa, 23 pues veo que estás lleno de amargura y la maldad te tiene encadenado. 24 Simón respondió: –Rueguen ustedes por mí al Señor, para que no me suceda nada de lo que han dicho. 25 Ellos, después de haber dado testimonio y haber predicado la palabra del Señor, regresaron a Jerusalén, anunciando la buena noticia en muchos pueblos samaritanos. 26 El ángel del Señor dijo a Felipe: –Ponte en camino hacia el sur por la ruta que baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto. 27 El se puso en camino. Al mismo tiempo un etíope, hombre de confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y encargado de todos sus tesoros que había ido a Jerusalén en peregrinación, 28 regresaba sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías. 29 El Espíritu dijo a Felipe: –Acércate y ponte junto a esa carroza. 30 Felipe fue corriendo y, al oír que leía al profeta Isaías, le dijo: –¿Entiendes lo que estás leyendo? 31 El respondió: –¿Cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica? Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. 32 El pasaje que leía era éste: Como oveja fue llevado al matadero; como cordero, mudo ante el esquilador, tampoco él abrió su boca. 33 Por ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra. 34 El etíope preguntó a Felipe: –Te ruego que me digas a quién se refiere el profeta, ¿a sí mismo o a otro? 35 Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la buena noticia de Jesús. 36 Siguieron su camino, y llegaron a un lugar donde había agua. Entonces el etíope dijo: –Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices? 38 Entonces, el etíope mandó detener la carroza, ambos se acercaron al agua y Felipe lo bautizó. 39 Después de salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino. 40 Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod; y, desde allí, fue anunciando la buena noticia en todas las ciudades por las que iba pasando hasta que llegó a Cesarea. |