La gente tenía opiniones divididas sobre Jesús. Algunos pensaban que era el Mesías, pero otros no creían. Jesús dijo claramente: "El Padre y yo somos uno"
22 Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.23 Dirigiéndose después a los discípulos, les dijo en privado: –Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven.24 Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen pero no lo oyeron.25 Se levantó entonces un experto en la ley y le dijo para tenderle una trampa: –Maestro, ¿qué debo hacer para obtener la vida eterna?26 Jesús le contestó: –¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?27 El maestro de la ley respondió: –Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.28 Jesús le dijo: –Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás.29 Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: –¿Y quién es mi prójimo?30 Jesús le respondió: –Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos asaltantes que, después de despojarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto.