En el jardín
| Palabras clave | Getsemaní jardín Jesús |
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| Secondary Keywords | alegato arboleda árboles Cristo mano levantada noche oliva orando pascua pasión |
| Escrituras | Luke 2239 Después salió y fue, como de costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo siguieron. 40 Al llegar allí, les dijo: –Oren para que puedan hacer frente a la prueba. 41 Se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, se arrodilló y suplicaba así: 42 –Padre, si quieres aleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo, que lo estuvo confortando. 44 Lleno de angustia, oraba más intensamente, y comenzó a sudar como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. 45 Después de orar, se levantó y fue adonde estaban sus discípulos. Los encontró dormidos, pues estaban rendidos por la tristeza. 46 Entonces les dijo: –¿Cómo es que están durmiendo? Levántense y oren, para que puedan hacer frente a la prueba. Mark 1432 Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos: –Siéntense aquí, mientras yo voy a orar. 33 Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir miedo y angustia, 34 y les dijo: –Me muero de tristeza. Quédense aquí y velen. 35 Y avanzando un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, si era posible, no tuviera que pasar por aquel momento. 36 Decía: –¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí este cáliz de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú. 37 Regresó y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: –Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? 38 Velen y oren para que puedan hacer frente a la prueba; pues el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. 39 Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo. 40 Regresó y de nuevo los encontró dormidos, pues sus ojos se cerraban de sueño. Ellos no sabían qué responderle. 41 Regresó por tercera vez y les dijo: –¿Todavía están durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Vamos! ¡Levántense! Ya está aquí el que me va a entregar. 43 Aún estaba hablando Jesús, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él un tumulto de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos. 44 El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ése es; arréstenlo y llévenlo bien custodiado». 45 En cuanto llegó, se acercó a Jesús y le dijo: –¡Maestro! Y lo besó. 46 Ellos se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. 47 Uno de los presentes sacó la espada y cortó de un golpe la oreja al criado del sumo sacerdote. 48 Jesús tomó la palabra y les dijo: –Han salido a detenerme con espadas y palos, como si fuera un bandido. 49 A diario estaba con ustedes enseñando en el templo, y no me arrestaron. Pero es necesario que se cumplan las Escrituras. 50 Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron. 51 Un joven lo iba siguiendo, cubierto tan sólo con una sábana. Lo detuvieron, 52 pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo. Matthew 2636 Entonces fue Jesús con sus discípulos a un huerto llamado Getsemaní, y les dijo: –Siéntense aquí mientras voy a orar un poco más allá. 37 Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia, 38 y les dijo: –Me muero de tristeza, quédense aquí y velen conmigo. 39 Después, avanzando un poco más, cayó rostro en tierra y suplicaba así: –Padre mío, si es posible, aleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú. 40 Regresó junto a los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro: –¿De modo que no han podido velar conmigo ni siquiera una hora? 41 Velen y oren, para que puedan afrontar la prueba; pues el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. 42 Se alejó de nuevo por segunda vez y volvió a orar así: –Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz de amargura, hágase tu voluntad. 43 Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. 44 Los dejó y volvió a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Entonces regresó donde estaban los discípulos y les dijo: –¿Todavía están durmiendo y descansando? Ha llegado la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 46 Vamos, levántense. Ya está aquí el que me va a entregar. 47 Aún estaba hablando Jesús cuando llegó Judas, uno de los Doce, y con él un gran tumulto de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo bese, ése es; arréstenlo». 49 En cuanto llegó, se acercó a Jesús y le dijo: –¡Qué tal, maestro! Y lo besó. 50 Jesús le dijo: –Amigo, ¡a lo que has venido! Entonces, se abalanzaron sobre Jesús, lo agarraron y lo arrestaron. 51 Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y, dando un golpe al criado del sumo sacerdote, le cortó una oreja. 52 Jesús le dijo: –Guarda tu espada, que todo el que pelea con espada, a espada morirá. 53 ¿O crees que no puedo acudir a mi Padre, que pondría en seguida a mi disposición más de doce legiones de ángeles? 54 Pero, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así? 55 Luego se dirigió a la gente y dijo: –Han salido a detenerme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario me sentaba en el templo para enseñar, y no me arrestaron. 56 Pero todo esto ha ocurrido para que se cumpla lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. |