En la sala de banquetes de Esther, el rey y Haman están reclinando en una mesa baja con exhibiciones elaboradas de comida y bebida. Ester está de pie ante los hombres y está revelando la conspiración de Amán para matar a los judíos.
1 El rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester.2 Y también aquel segundo día, durante los brindis, el rey volvió a preguntar a la reina Ester: –¿Cuál es tu petición, reina Ester? Se te dará todo. ¿Qué deseas? Te daré incluso la mitad de mi reino.3 Respondió la reina Ester: –Si gozo, mi rey, de tu favor, si así te place, concédeme la vida. Esa es mi petición; mi vida y la de mi pueblo; ese es mi deseo.4 Pues mi pueblo y yo hemos sido condenados a ser destruidos, asesinados y exterminados. Si nos hubieran vendido como esclavos o esclavas, me hubiera callado, ya que tal desgracia no sería tan grave como para importunar al rey.5 Preguntó el rey Asuero a la reina Ester: –¿Quién es? ¿Dónde está el que intenta hacer eso?6 Respondió Ester: –¡El opresor y enemigo es ese malvado Amán! Amán quedó aterrorizado ante el rey y la reina.7 El rey, en un arrebato de ira, se levantó del banquete, y salió al jardín del palacio, mientras Amán se quedaba para pedir a la reina Ester que le perdonara la vida, pues comprendía que el rey había ya decidido su desgracia.8 Cuando el rey regresó del jardín al salón del banquete, Amán estaba reclinado sobre el diván de Ester. El rey exclamó: –¿Acaso también vas a violentar a la reina en mi presencia y en mi palacio? En cuanto el rey dijo esto, colocaron a Amán el capuchón de condenado.9 Jarboná, uno de los eunucos que estaba al servicio personal del rey dijo: –Precisamente hay en casa de Amán una horca de veinticinco metros de altura que él ha preparado para Mardoqueo, el que salvó al rey con su denuncia. Entonces el rey ordenó: –Cuélgenlo allí.10 Y ahorcaron a Amán en la horca que había preparado para Mardoqueo. Así se aplacó la ira del rey.