1 Moisés pastoreaba el rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Guió al rebaño lejos por el desierto, y llegó al Horeb, la montaña de Dios,2 y allí se le manifestó el ángel del Señor, bajo la apariencia de una llama que ardía en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza estaba ardiendo pero no se consumía.3 Entonces Moisés se dijo: «Voy a acercarme para contemplar esta maravillosa visión, y ver por qué no se consume la zarza».4 Cuando el Señor vio que se acercaba para mirar, lo llamó desde la zarza: –¡Moisés! ¡Moisés! El respondió: –Aquí estoy.