Invitación generosa
| Secondary Keywords | cautiverio Esdras Esther exilio invitación testamento volver |
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| Escrituras | Esdras 1 Esdras 8 Hosea 14 Nehemiah 2 |
Ezra 11 El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor anunciada por Jeremías, despertó el Señor el espíritu de Ciro que en todo su reino hizo proclamar de palabra y por escrito el siguiente edicto:2 Habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén, que está en la región de Judá.3 El que de ustedes pertenezca a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, que está en la región de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel.4 Y a los que pertenezcan a ese pueblo, vivan donde vivan, que les ayude la gente del lugar con plata, oro, bienes, ganado y otros donativos voluntarios para el templo de Dios que está en Jerusalén.5 Los jefes de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu había despertado Dios, se dispusieron a subir a Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.6 Todos sus vecinos les dieron plata, oro, bienes, ganado, objetos preciosos y otros donativos voluntarios.7 El rey Ciro mandó sacar los utensilios que Nabucodonosor se había llevado del templo del Señor y había depositado en el templo de su dios.8 Ciro, rey de Persia, se los consignó al tesorero Mitrídates, el cual los contó y se los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá.9 Este es el inventario: treinta copas de oro, mil copas de plata, veintinueve cuchillos sagrados,10 treinta vasos de oro, cuatrocientos diez vasos de plata y mil objetos accesorios de diversas clases.11 Todo esto, cinco mil cuatrocientos objetos de oro y plata en total, se lo llevó consigo Sesbasar cuando regresaron los cautivos de Babilonia a Jerusalén. Ezra 81 Estos son, con sus genealogías, los jefes de familia que subieron conmigo a Jerusalén desde Babilonia, en el reinado de Artajerjes:2 De los descendientes de Pinjás, Guersón; de los de Itamar, Daniel; de los de David, Jatús,3 hijo de Secanías; de los de Parós, Zacarías, más ciento cincuenta varones registrados con él;4 de los de Pajat Moab, Elyoenay, hijo de Zerajías, más doscientos varones;5 de los de Zatu, Seconías, hijo de Jacaziel, más trescientos varones;6 de los de Adín, Ebed, hijo de Jonatán, más cincuenta varones;7 de los de Elam, Isaías, hijo de Atalías, más setenta varones;8 de los de Sefatías, Zebadías, hijo de Micael, más ochenta varones;9 de los de Joab, Abdías, hijo de Jejiel, más doscientos dieciocho varones;10 de los de Baní, Selomit, hijo de Josifías, más ciento sesenta varones;11 de los de Bebay, Zacarías, hijo de Bebay, más veintiocho varones;12 de los de Azgad, Juan, hijo de Hocatán, más ciento diez varones;13 de los de Adonicán, que son los últimos, estos son los nombres: Elifelet, Jelel y Semayas, más sesenta varones;14 y de los de Bigvay, Utay, hijo de Zacur, más setenta varones.15 A todos estos los reuní junto al río que corre hacia Ahavá. Allí acampamos tres días. Al revisar la expedición encontré laicos y sacerdotes, pero ningún levita.16 Llamé entonces a los jefes Eliezer, Ariel, Semayas, Elmatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán y a los instructores Yoyarib y Elnatan.17 Les ordené que se dirigieran a Idó, el jefe en la localidad de Kasifyá, y les sugerí lo que debían decirle a él y a sus hermanos los destinados al servicio del templo en la localidad de Kasifyá, para que nos procuraran ministros para el templo de nuestro Dios.18 Gracias a la protección de nuestro Dios nos enviaron a Serebías, de los descendientes de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, hombre experto, a quien acompañaban, entre hijos y hermanos, dieciocho personas.19 Nos enviaron también a Jasabías con su hermano Isaías, de los descendientes de Merarí, con sus hermanos e hijos; en total veinte personas.20 Y doscientos veinte más de los destinados al servicio del templo, a quienes David y los príncipes habían puesto al servicio de los levitas. Todos estos fueron inscritos por su nombre en el registro.21 Allí, a orillas del río Ahavá, promulgué un ayuno en señal de humillación ante nuestro Dios implorando de él que tuviéramos un viaje feliz nosotros y nuestros niños junto con todos nuestros bienes.22 Porque después de haber dicho al rey: «Nuestro Dios bendice a todos los que lo buscan, pero se enfurece con quienes lo abandonan», me daba vergüenza pedirle tropa y jinetes como protección contra posibles enemigos durante el viaje.23 Precisamente por esto, ayunamos e invocamos a nuestro Dios, y él nos escuchó.24 Así que elegí a doce jefes de los sacerdotes, a Serebías y Jerabías, junto con diez de entre sus hermanos,25 y en su presencia pesé la plata, el oro y los utensilios que el rey, sus consejeros, sus príncipes y todos los israelitas allí residentes habían ofrecido para el templo de nuestro Dios.26 Una vez pesado, confié a su custodia veintidós mil ochocientos kilos de plata, utensilios de plata con un peso total de tres mil quinientos kilos, otros tres mil quinientos kilos de oro,27 veinte copas de oro valoradas en mil dáricos, y dos bandejas de cobre dorado, relucientes como el oro.28 Y les dije: «Ustedes están consagrados al Señor; también estos utensilios son sagrados; esta plata y este oro son una ofrenda espontánea al Señor, Dios de nuestros antepasados.29 Vigilen y custódienlos bien hasta que los pesen en Jerusalén en las salas del templo del Señor, en presencia de los jefes de los sacerdotes, los levitas y los jefes de familia de Israel.30 Los sacerdotes y los levitas se hicieron cargo de la plata, el oro y los utensilios que habían sido pesados para su traslado a Jerusalén, al templo de nuestro Dios.31 El día doce del mes primero partimos del río Ahavá hacia Jerusalén y nuestro Dios nos protegió durante el viaje, librándonos de toda clase de enemigos y asaltantes.32 Ya en Jerusalén, descansamos tres días.33 Al cuarto pesamos en el templo de nuestro Dios la plata, el oro y los utensilios, y se lo entregamos todo al sacerdote Merimot, hijo de Urías, que estaba acompañado de Eleazar, hijo de Pinjás, de los levitas Jozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuy.34 Coincidieron el número y el peso, y quedó registrada la suma total.35 Los repatriados ofrecieron al Señor, Dios de Israel, en holocausto por todo el pueblo doce novillos, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce chivos en expiación por los pecados.36 Y se remitieron los decretos del rey a los gobernadores reales y a los gobernadores de este lado del Eufrates, los cuales ayudaron al pueblo a reconstruir el templo de Dios. Hosea 141 Samaría tendrá su castigo, por haberse rebelado contra su Dios. Caerán bajo la espada; sus niños serán estrellados y reventadas sus mujeres encinta.2 Conviértete, Israel, al Señor tu Dios, pues tu culpa te ha hecho caer.3 Busquen las palabras apropiadas y conviértanse al Señor; díganle: «Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios.4 Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano».5 Yo sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira.6 Seré como rocío para Israel; él florecerá como el lirio, y echará raíces como los árboles del Líbano.7 Se extenderán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo, y como el del Líbano será su perfume.8 El Señor volverá a ser su protector, volverán a cultivar el trigo, florecerán como la parra, y serán famosos como el vino del Líbano.9 Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho su plegaria y cuido de él; yo soy como un ciprés siempre joven, y de mí proceden todos tus frutos.10 ¿Quién es tan sabio como para entender esto? ¿Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes, y en ellos tropiezan los culpables. Nehemiah 21 En el mes de Nisán del año vigésimo del reinado de Artajerjes, tomé el vino, y se lo serví al rey en mi calidad de copero. Como nunca anteriormente había estado triste en su presencia,2 el rey me preguntó: –¿Por qué ese semblante tan triste? Ya que no estás enfermo, tiene que ser una aflicción del corazón. Muy turbado,3 dije al rey: –Viva eternamente el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi semblante cuando la ciudad que guarda las tumbas de mis antepasados está destruida y sus puertas quemadas?4 Me preguntó el rey: –¿Qué es lo que quieres? Entonces yo, encomendándome al Dios del cielo,5 le dije: –Si le parece bien al rey, y está contento de su siervo, le ruego que me permita ir a Judá para reconstruir la ciudad de las tumbas de mis antepasados.6 El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me preguntó: –¿Cuánto durará tu viaje y para cuándo piensas regresar aquí? Yo le indiqué una fecha que le pareció bien, y me autorizó a realizar el viaje.7 Me atreví a decirle todavía: –Si le parece bien al rey, podría darme cartas para los gobernadores del territorio del otro lado del Eufrates, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá.8 También una carta para Asaf, el encargado de los bosques del rey, para que me proporcione madera de construcción para las puertas de la ciudadela del templo, para la muralla de la ciudad y para la casa donde voy a vivir. El rey me lo concedió, porque mi Dios me protegía con toda su bondad.9 Con una escolta real de jefes de tropa y gente de a caballo me presenté a los gobernadores del otro lado del Eufrates y les entregué las cartas del rey.10 Al enterarse, Sambalat, el joronita, y el amonita Tobías, su funcionario, se disgustaron mucho porque había llegado un hombre dispuesto a trabajar por el bien de los israelitas.11 Llegué a Jerusalén y estuve tres días allí.12 Me levanté de noche, con unos pocos hombres, sin decir a nadie lo que por inspiración divina iba a hacer por Jerusalén. No llevaba más caballo que mi propia cabalgadura.13 Salí de noche, por la Puerta del Valle, hacia la Fuente del Dragón y la Puerta del Muladar, inspeccionando la muralla de Jerusalén destruida y sus puertas quemadas.14 Seguí hasta la Puerta de la Fuente y el Estanque del Rey. Ante la imposibilidad de pasar por allí con mi cabalgadura,15 emprendí el regreso todavía de noche, siguiendo el torrente e inspeccionando siempre la muralla hasta la Puerta del Valle. Y regresé a casa.16 Mi salida pasó inadvertida a los magistrados; y es que hasta entonces no había dicho nada a los judíos: ni a los sacerdotes, ni a los jefes, ni a los magistrados, ni a los demás encargados de la obra.17 Fue entonces cuando les propuse: –Ya ven nuestra triste situación: Jerusalén está arrasada y sus puertas quemadas. Animo, pues, restauraremos la muralla de Jerusalén y terminará nuestra vergüenza.18 Y les referí cómo Dios me había protegido, y la entrevista que había tenido con el rey. Ellos exclamaron: –¡Levantémonos y comencemos la restauración! Y se animaron mutuamente para esta hermosa tarea.19 Al enterarse Sambalat, el joronita, el amonita Tobías, su funcionario, y Guesen, el árabe, se rieron de nosotros y en son de burla nos dijeron: –¿Qué están haciendo ahí? ¿Se van a rebelar contra el rey?20 Yo les respondí: –El Dios del cielo coronará nuestros esfuerzos. Nosotros, sus siervos, vamos a empezar los trabajos; a ustedes en cambio, nada les pertenece en Jerusalén; no tienen en ella derecho alguno, ni nada que les sirva de recuerdo. | |








