Balaak llevó a Balaam al monte Peor con vistas al campamento de Israel. El Espíritu de Dios le dijo que los Isrealitas iban a hacer bien. Y que cualquiera que los bendiga será bendecido. Baalak estaba furioso.
3 y pronunció este oráculo: Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón clarividente;4 oráculo del que escucha palabras de Dios, del que ve la visión del Poderoso, y cae en éxtasis con los ojos abiertos.5 ¡Qué bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel!6 Son como torrentes que se alargan, como jardines junto al río, como sauces plantados por el Señor, como cedros junto a la corriente.7 Los cántaros desbordan de agua, y aguas abundantes riegan su semilla. Su rey es más alto que Agag y su reinado crece en poderío.8 Cuando los hizo salir de Egipto, Dios se mostró fuerte como un búfalo; él devora las naciones enemigas, machaca sus huesos, las traspasa con sus flechas;9 se tiende, se acuesta como un león, como una leona, ¿quién lo levantará? ¡Bendito quien te bendiga, maldito quien te maldiga!