Carta a la Iglesia Galacia
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| Escrituras | Acts 151 Algunos que habían bajado de Judea enseñaban a los hermanos: –Si no se circuncidan según el mandato de Moisés, no pueden salvarse. 2 Este hecho provocó una acalorada discusión de Pablo y Bernabé contra ellos. Debido a esto, determinaron que Pablo, Bernabé y algunos otros subieran a Jerusalén, para tratar este asunto con los apóstoles y los responsables. 3 Provistos, pues, por la iglesia de Antioquía de todo lo necesario para el viaje, atravesaron Fenicia y Samaría contando la conversión de los paganos, y llenando de gran alegría a todos los hermanos. 4 Al llegar a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los responsables, y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. 5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que se habían hecho creyentes, intervinieron diciendo que era necesario circuncidar a los convertidos y obligarlos a cumplir la ley de Moisés. 6 Entonces los apóstoles y los responsables se reunieron para examinar este asunto. 7 Después de una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: –Hermanos, ustedes saben que, desde los primeros tiempos, Dios me eligió a mí de entre ustedes para que los paganos oyeran por mi boca el mensaje de la buena noticia y creyeran. 8 Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en favor de ellos, otorgándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. 9 Sin hacer diferencia entre ellos y nosotros, purificó sus corazones con la fe. 10 ¿Por qué quieren ahora poner a prueba a Dios, tratando de imponer a los discípulos una carga que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar? 11 Nosotros, en cambio, creemos que nos salvamos por la gracia de Jesús, el Señor; y ellos, exactamente igual. 12 Toda la multitud guardó silencio, y escuchaba a Bernabé y a Pablo contar las señales y prodigios que Dios había hecho entre los paganos por medio de ellos. 13 Cuando acabaron de hablar, tomó la palabra Santiago y dijo: –Hermanos, escúchenme: 14 Simón ha contado cómo Dios, desde el principio, eligió de entre los paganos un pueblo consagrado a su nombre. 15 Esto concuerda con las palabras de los profetas, pues está escrito: 16 Después de esto regresaré y restauraré la tienda de David, que estaba destruida. Repararé sus ruinas y la volveré a levantar, 17 para que el resto de los hombres busque al Señor, junto con todas las naciones sobre las que se ha invocado mi nombre. Así lo dice el Señor que realizó estas cosas, 18 anunciadas desde antiguo. 19 Por eso, en mi opinión, no hay que crear dificultades a los paganos que se convierten. 20 Es suficiente escribirles que se abstengan de toda contaminación, de la idolatría, de matrimonios ilegítimos, de comer la carne de animales muertos sin desangrar. 21 Ya que desde hace siglos la ley de Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores, que la leen en las sinagogas todos los sábados. 22 Entonces, los apóstoles y los responsables, de acuerdo con el resto de la comunidad, decidieron elegir de entre ellos algunos hombres y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, a quien llamaban Barsabás, y a Silas, personajes eminentes entre los hermanos. 23 A través de ellos les enviaron la siguiente carta: Los apóstoles y los hermanos responsables, a los hermanos no judíos de Antioquía, Siria y Cilicia. Saludos. 24 Hemos oído que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han inquietado y desconcertado con sus palabras. Por tal motivo, 25 hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviárselos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, 26 hombres que han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. 27 Enviamos, pues, a Judas y a Silas, que les transmitirán lo mismo de palabra. 28 Porque hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponerles otras cargas más que las indispensables: 29 que se abstengan de lo sacrificado a ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de matrimonios ilegítimos. Harán bien en privarse de todo esto. Que les vaya bien». 30 Los enviados se despidieron y bajaron a Antioquía, donde convocaron una asamblea comunitaria y entregaron la carta; 31 su lectura los llenó de alegría por el consuelo que les daba. 32 Judas y Silas, que también eran profetas, consolaron y confortaron a los hermanos conversando largamente con ellos. 33 Pasado algún tiempo, fueron despedidos con afecto por los hermanos, y regresaron a la comunidad que los había enviado. 35 Pablo y Bernabé, por su parte, se quedaron en Antioquía enseñando y proclamando la palabra del Señor, junto con otros muchos. 36 Algunos días después, Pablo dijo a Bernabé: –Deberíamos regresar a todas las ciudades en las que ya anunciamos la palabra del Señor, para visitar a los hermanos y ver cómo les va. 37 Bernabé quería llevar consigo a Juan, a quien llamaban Marcos. 38 Pablo, en cambio, opinaba que no debían llevar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia, y no los había acompañado en la tarea apostólica. 39 Este asunto produjo entre ellos una discusión tan acalorada, que terminaron separándose. Bernabé llevó consigo a Marcos y se embarcó hacia Chipre. 40 Pablo, por su parte, eligió como compañero a Silas, y partió, después de haber sido encomendado por los hermanos a la protección del Señor. 41 Recorrió Siria y Cilicia, fortaleciendo a las iglesias en la fe. Galatians 11 Pablo, apóstol no por disposición humana ni por intervención de hombre alguno, sino por voluntad de Jesucristo y de Dios Padre quien lo resucitó de entre los muertos, 2 junto con todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia. 3 Gracia y paz para ustedes de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor, 4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo malvado, conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre, 5 a quien pertenece la gloria por siempre. Amén. 6 No salgo de mi asombro al ver con qué rapidez han abandonado a quien los llamó mediante la gracia de Cristo para pasarse a otro evangelio. 7 Pero no hay otro evangelio. Lo que pasa es que algunos los están confundiendo e intentan manipular el evangelio de Cristo. 8 Pues sea maldito cualquiera –yo o incluso un ángel del cielo– que les anuncie un evangelio distinto del que yo les anuncié. 9 Ya les había dicho, y ahora lo repito: Si alguno les anuncia un evangelio distinto del que han recibido, ¡caiga sobre él la maldición! 10 Porque, vamos a ver: ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Trato acaso de agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. 11 Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es una invención de hombres, 12 pues no lo recibí ni lo aprendí de ningún hombre; Jesucristo es quien me lo ha revelado. 13 Han escuchado, sin duda, de mi antigua conducta en el judaísmo: con qué furia perseguía yo a la Iglesia de Dios intentando destrozarla. 14 Incluso aventajaba dentro del judaísmo a muchos compatriotas de mi edad como fanático partidario de las tradiciones de mis antepasados. 15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por pura bondad, se complació en 16 revelarme a su Hijo y en hacerme su mensajero entre los paganos, inmediatamente, sin consultar a hombre alguno 17 y sin subir a Jerusalén para ver a quienes eran apóstoles antes que yo, me dirigí a Arabia y de nuevo regresé a Damasco. 18 Luego, después de tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y permanecí junto a él quince días. 19 No vi a ningún otro apóstol, fuera de Santiago, el hermano del Señor. 20 De esto que les escribo, Dios es testigo que no miento. 21 Fui después a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Por entonces las iglesias cristianas de Judea no me conocían aún personalmente; 23 únicamente oían decir: «el que nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes combatía». 24 Y daban gloria a Dios por mi causa. |