5 En aquel momento aparecieron, frente al candelabro de la sala, unos dedos de mano humana que escribían sobre la cal de la pared del palacio del rey. El rey, al ver la mano que escribía,6 cambió de color, se inquietó su mente, le fallaron las articulaciones de sus caderas, y sus rodillas se entrechocaban una con otra.7 El rey mandó a gritos que trajeran a los magos, astrólogos y adivinos, y dijo a los sabios de Babilonia: –El que lea y me interprete lo que ahí está escrito, será vestido de seda, llevará al cuello un collar de oro y será el tercero en el reino.8 Acudieron todos los sabios del rey, pero no fueron capaces de leer ni de interpretar lo escrito.