Jesús parece estar en la iglesia con el hombre con la mano marchitada. Hay otros hombres de pie, observando lo que está sucediendo. Están de pie entre columnas. Todos tienen diferentes bufandas de colores sobre sus cabezas.
1 Entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano atrofiada.2 Lo estaban acechando para ver si lo sanaba en sábado, y tener así un motivo para acusarlo.3 Jesús dijo entonces al hombre de la mano atrofiada: –Levántate y ponte ahí en medio.4 Y a ellos les preguntó: –¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal; salvar una vida o destruirla? Ellos permanecieron callados.5 Mirándolos con indignación y entristecido por la dureza de su corazón, dijo al hombre: –Extiende la mano. El la extendió, y su mano quedó restablecida.6 En cuanto salieron, los fariseos se pusieron de acuerdo con los herodianos para planear el modo de acabar con él.