4 midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura;5 midió, por fin, otros quinientos metros y la corriente de agua era ya un torrente que no pude atravesar, pues había crecido hasta el punto que sólo a nado se podía atravesar.6 Entonces me dijo: –¿Has visto, hijo de hombre? Después me ordenó que regresara a la orilla del torrente,7 y al regresar vi que junto al torrente en las dos orillas había muchos árboles.8 Y me dijo: –Estas aguas fluyen hacia oriente, bajan al Arabá, y desembocan en el mar Muerto, cuyas aguas quedarán saneadas.9 Por donde pase este torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Habrá abundancia de peces, porque las aguas del mar Muerto quedarán saneadas cuando llegue este torrente.