Oración de Ezequías
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| Escrituras | 2 Kings 201 Por aquel tiempo Ezequías enfermó gravemente. El profeta Isaías, hijo de Amós, acudió a él y le dijo: –Así dice el Señor: Arregla los asuntos de tu casa, porque vas a morir inmediatamente. 2 Entonces Ezequías, con el rostro contra la pared, oró al Señor así: 3 –Acuérdate, Señor, que he caminado fielmente en tu presencia, y que te he agradado con mi conducta actuando con rectitud. Y comenzó a llorar amargamente. 4 Aún no había salido Isaías del patio central, cuando el Señor le dijo: 5 –Regresa donde está Ezequías, jefe de mi pueblo, y dile: Así dice el Señor, Dios de tu antepasado David: «He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a devolverte la salud. Dentro de tres días subirás al templo del Señor. 6 Alargaré tu vida quince años, te libraré a ti y a esta ciudad del rey de Asiria, y protegeré a esta ciudad en atención a mí mismo y a mi siervo David». 7 Isaías dijo: –Traigan un ungüento hecho de higos secos. Lo trajeron, se lo aplicaron a la herida, y el rey comenzó a sentirse mejor. 8 Ezequías preguntó a Isaías: –¿Cuál es la señal de que el Señor me va a sanar y de que subiré al templo del Señor dentro de tres días? 9 Isaías respondió: –Esta es la señal que el Señor te da, como prueba de que cumplirá su palabra: ¿Quieres que la sombra adelante diez grados o que los retroceda? 10 Ezequías contestó: –Es cosa fácil que la sombra adelante diez grados, pero no que retroceda diez grados. 11 El profeta Isaías invocó al Señor, el cual hizo retroceder la sombra diez grados en las marcas del reloj de Ajaz. 12 Por aquel tiempo, Merodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió una carta y un regalo a Ezequías, al tener noticia de su enfermedad. 13 Ezequías se alegró mucho y enseñó a los enviados la sala del tesoro: la plata, el oro, los aromas, el aceite, el cuarto de las armas, y todo lo que había en él; no les ocultó nada de lo que había en el palacio y en sus habitaciones. 14 El profeta Isaías fue a ver al rey Ezequías y le dijo: –¿Qué quieren esos hombres y de dónde vienen? Ezequías le contestó: –Han venido de la lejana Babilonia. 15 Isaías preguntó: –¿Qué han visto en tu palacio? Ezequías respondió: –Todo lo que hay en él; no les he ocultado nada de lo que tengo. 16 Entonces Isaías le dijo: –Escucha la palabra del Señor: 17 Vendrán días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu palacio, todo lo que atesoraron tus antepasados hasta el día de hoy. No quedará nada, dice el Señor. 18 Y tomarán también a tus hijos, para emplearlos como criados en el palacio del rey de Babilonia. 19 Ezequías dijo: –Me parece bien lo que acabas de decir de parte del Señor. Pues pensaba: «Al menos en mis días habrá paz y seguridad». 20 El resto de la historia de Ezequías, todas sus hazañas, así como la construcción del estanque y el canal para la traída de aguas a la ciudad, está escrito en los Anales de los Reyes de Judá. 21 Ezequías murió, y le sucedió su hijo Manasés. Isaiah 381 Por aquel tiempo, Ezequías se enfermó gravemente. El profeta Isaías, hijo de Amós, acudió a él y le dijo: –Así dice el Señor: «Arregla los asuntos de tu casa, porque muy pronto vas a morir». 2 Entonces Ezequías, con el rostro contra la pared, oró al Señor así: 3 –Acuérdate, Señor, que he caminado fielmente en tu presencia, y que te he agradado con mi conducta, actuando con rectitud. Y comenzó a llorar amargamente. 4 El Señor dijo a Isaías: 5 –Ve y di a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu antepasado David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Dentro de tres días podrás subir al templo del Señor. Alargaré tu vida quince años, 6 - 22 te libraré a ti y a esta ciudad del rey de Asiria, y protegeré a esta ciudad. Isaías dijo: –Traigan una ungüento hecho de higos secos y aplíquenselo a la herida; así sanará. Ezequías preguntó: –¿Cuál es la señal de que subiré al templo del Señor? Isaías respondió: –Esta es la señal que el Señor te da como prueba de que cumplirá su palabra: Haré retroceder diez grados la sombra ya avanzada que proyecta el sol, según las marcas del reloj de Ajaz. Y el sol retrocedió diez grados que ya había avanzado. Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando cayó enfermó y se curó de su enfermedad: Yo dije: A la mitad de mis días tengo que traspasar las puertas del abismo; me privan del resto de mis años. Dije: ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ni contemplaré a los hombres en compañía de los habitantes del mundo. Levantan y pliegan mi morada como una tienda de pastor. Enrollaba yo mi vida como un tejedor, pero tú cortaste el hilo de mi ovillo. De la noche a la mañana acabas conmigo; sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como hace un león, de la noche a la mañana acabas conmigo. Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma. Se me cansan los ojos de mirar al cielo. ¡Señor, sácame de esta tribulación! ¿Qué diré para que me responda? Es él quien lo ha hecho. Terminaré el curso de mi vida con el alma destrozada. El Señor está con los suyos. Ellos vivirán, y su espíritu los animará; tú me curarás y me harás revivir. La amargura se me volvió paz, me libraste del sepulcro, y volviste la espalda a mis pecados. El abismo no te da gracias ni la muerte te alaba, ni los que bajan al sepulcro esperan en tu fidelidad. Sólo los vivos te alaban, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu fidelidad. Tú me has salvado, Señor; tocaremos nuestras arpas todos los días de nuestra vida en el templo del Señor. |