Hija de Jairus
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| Escrituras | Luke 840 Cuando regresó Jesús, lo recibió la gente, porque todos lo estaban esperando. 41 En esto, llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y se echó a los pies de Jesús, rogándole que fuera a su casa, 42 porque tenía una hija única de unos doce años, que se estaba muriendo. Mientras iba de camino, la gente lo apretujaba por todas partes. 43 Entonces, una mujer, que padecía hemorragias desde hacía doce años y que había gastado en médicos todo lo que tenía sin que ninguno la hubiera sanado, 44 se acercó por detrás, tocó el borde de su manto, y en el acto cesó la hemorragia. 45 Jesús preguntó: –¿Quién me ha tocado? Como todos decían que ellos no habían sido, Pedro le dijo: –Maestro, es la gente que se viene encima y te aprieta. 46 Pero Jesús dijo: –Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí. 47 La mujer, al verse descubierta, se acercó toda temblorosa y, echándose a sus pies, contó en presencia de todos por qué lo había tocado y cómo inmediatamente había quedado sana. 48 El le dijo: –Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz. 49 Todavía estaba hablando, cuando llegó uno de la casa del jefe de la sinagoga a decirle: –Tu hija ha muerto, ya no molestes más al Maestro. 50 Pero Jesús, que lo oyó, le dijo: –No temas, sólo cree y ella se salvará. 51 Al llegar a la casa, no permitió entrar con él a nadie más que a Pedro, a Juan y a Santiago, y al padre y la madre de la niña. 52 Todos lloraban y gemían por ella. Jesús dijo: –No lloren más, porque no ha muerto; está dormida. 53 Pero ellos se burlaban de él, pues sabían bien que había muerto. 54 Pero Jesús, tomándola de la mano, dijo en voz alta: –Muchacha, levántate. 55 Su espíritu regresó, y se levantó al instante. Entonces Jesús mandó que le dieran de comer. 56 Los padres quedaron admirados, pero Jesús les encargó que no dijeran a nadie lo que había pasado. Matthew 918 Mientras Jesús les decía esto, llegó un personaje importante y se postró ante él diciendo: –Mi hija acaba de morir; pero si tú vienes y pones tu mano sobre ella, vivirá. 19 Jesús se levantó y, acompañado de sus discípulos, lo siguió. 20 Entonces, una mujer que tenía hemorragias desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó el borde de su manto, 21 pues pensaba: «Con sólo tocar su vestido quedaré sana». 22 Jesús se dio la vuelta y, al verla, dijo: –Animo, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer quedó sana desde aquel momento. 23 Al llegar Jesús a casa del personaje y ver a los que tocaban música fúnebre y a los que lloraban, 24 dijo: –Váyanse de aquí, que la niña no ha muerto; está dormida. Pero ellos se burlaban de él. 25 Cuando desalojaron a la gente, entró, la tomó de la mano y la niña se levantó. 26 Y la noticia se supo por toda aquella región. |