1 En cuanto a ustedes, estaban muertos a causa de sus delitos y pecados.2 Eran tiempos en que seguían las corrientes de este mundo, sometidos al príncipe de las potestades maléficas, ese espíritu que continúa eficazmente su obra entre los rebeldes a Dios.3 Y entre éstos estábamos también todos nosotros, los que en otro tiempo hemos vivido bajo el dominio de nuestros apetitos desordenados, dejándonos llevar de esos deseos desordenados y de las malas intenciones, y estando, como los demás, destinados a la ira divina por nuestra condición.4 Pero Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor,5 aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo –¡por pura gracia han sido salvados!–,6 nos resucitó y nos sentó junto a Cristo Jesús en el cielo.7 De este modo quiso mostrar a los siglos venideros la inmensa riqueza de su gracia, por la bondad que nos manifiesta en Cristo Jesús.8 Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe; y esto no es algo que venga de ustedes, sino que es un don de Dios;9 no viene de las obras, para que nadie pueda enorgullecerse.10 Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta.11 Así pues, ustedes, los paganos de nacimiento, los que son llamados incircuncisos por los que pertenecen a la circuncisión –esa marca hecha en la carne por mano de hombre–, recuerden