Jesús Abraces Adolescentes
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| Tertiary Keywords | |
| Escrituras | Luke 181 Para inculcarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola: 2 –Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: «Hazme justicia frente a mi enemigo». 4 El juez se negó durante algún tiempo, pero después se dijo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, 5 es tanto lo que esta viuda me molesta, que le haré justicia para que ya no venga a buscarme». 6 Y el Señor añadió: –Fíjense en lo que dice el juez injusto. 7 ¿No hará, entonces, Dios justicia a sus elegidos que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? 8 Yo les aseguro que les hará justicia inmediatamente. Pero, cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará fe en la tierra? 9 También a unos, que presumían de ser hombres de bien y despreciaban a los demás, les dijo esta parábola: 10 –Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro un recaudador de impuestos. 11 El fariseo, de pie, hacía interiormente esta oración: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese que recauda impuestos para Roma. 12 Ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo». 13 Por su parte, el recaudador de impuestos, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador». 14 Les digo que éste bajó a su casa reconciliado con Dios, y el otro no. Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido. 15 Le trajeron también unos niños pequeños para que los tocara. Los discípulos, al verlo, los reprendían. 16 Pero Jesús llamó hacia sí a los niños y dijo: –Dejen que los niños vengan a mí y no lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. 17 Les aseguro que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 18 Un hombre importante le preguntó: –Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: –¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 20 Ya conoces los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre. 21 El respondió: –Todo eso lo he cumplido desde joven. 22 Al oír esto Jesús le dijo: –Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres y tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme. 23 Pero él, al oír esto, se entristeció porque era muy rico. 24 Jesús, viendo que se entristecía, le dijo: –¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. 26 Los que estaban escuchando preguntaron: –Entonces, ¿quién podrá salvarse? 27 Pero Jesús respondió: –Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. 28 Entonces Pedro dijo: –Pues nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y Jesús les dijo: –Les aseguro que todo aquel que haya dejado casa, mujer, hermanos, parientes o hijos por el reino de Dios, 30 recibirá mucho más en este mundo, y la vida eterna en el futuro. 31 Tomando consigo a los Doce, les dijo: –Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y todo lo escrito por los profetas sobre el Hijo del hombre se va a cumplir. 32 Será entregado a los paganos, injuriado, maltratado y escupido; 33 después de azotarlo, lo matarán, pero al tercer día resucitará. 34 Ellos, sin embargo, no entendieron nada de esto; aquel lenguaje les resultaba totalmente oscuro. Y no podían comprender el sentido de sus palabras. 35 Cuando se acercaba a Jericó, un ciego, que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna, 36 oyó pasar gente y preguntó de qué se trataba. 37 Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret. 38 Entonces él se puso a gritar: –Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. 39 Los que iban delante lo reprendían, diciendo que se callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: –Hijo de David, ten compasión de mí. 40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó: 41 –¿Qué quieres que haga por ti? El respondió: –Señor, que recupere la vista. 42 Jesús le dijo: –Recupérala; tu fe te ha salvado. 43 Al instante recuperó la vista y lo siguió dando gloria a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, se puso a alabar a Dios. Mark 101 Jesús partió de aquel lugar y se fue a la región de Judea, a la otra orilla del Jordán. De nuevo la gente se fue reuniendo a su alrededor, y él, como tenía por costumbre, se puso una vez más a enseñarles. 2 Se acercaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron si era lícito al marido separarse de su mujer. 3 Jesús les respondió: –¿Qué les mandó Moisés? 4 Ellos contestaron: –Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y separarse de ella. 5 Jesús les dijo: –Moisés les dejó escrito esa norma por la incapacidad de ustedes para entender los planes de Dios. 6 Pero desde el principio Dios los creó hombre y mujer. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo. 9 Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre. 10 Cuando regresaron a la casa, los discípulos le preguntaron sobre esto. 11 El les dijo: –Si uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; 12 y si ella se separa de su marido y se casa con otro, también comete adulterio. 13 Trajeron unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendían. 14 Jesús, al verlo, se indignó y les dijo: –Dejen que los niños vengan a mí; no lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. 15 Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Entonces Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. 17 Iba ya de camino cuando se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: –Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 18 Jesús le contestó: –¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 19 Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. 20 El contestó: –Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven. 21 Jesús lo miró con cariño y le dijo: –Una cosa te falta: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. 22 Ante esta respuesta, él puso mala cara y se alejó muy triste, porque poseía muchos bienes. 23 Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: –¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras. Pero Jesús insistió: –Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25 Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. 26 Ellos se asombraron todavía más y decían entre sí: –Entonces, ¿quién podrá salvarse? 27 Jesús los miró y les dijo: –Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible. 28 Pedro le dijo entonces: –Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. 29 Jesús respondió: –Les aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, 30 recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna. 31 Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros. 32 Subían camino de Jerusalén y Jesús iba adelante de sus discípulos que lo seguían admirados y asustados. Entonces tomó consigo una vez más a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a pasar: 33 –Miren, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos; 34 se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará. 35 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se le acercaron y le dijeron: –Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. 36 Jesús les preguntó: –¿Qué quieren que haga por ustedes? 37 Ellos le contestaron: –Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando se manifieste tu gloria. 38 Jesús les dijo: –No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz de amargura que yo voy a beber, o pasar por la terrible prueba que yo voy a pasar? 39 Ellos le respondieron: –Sí, podemos. Jesús entonces les dijo: –Beberán el cáliz que yo voy a beber y pasarán por la prueba que yo voy a pasar. 40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado. 41 Al oír aquello, los otros diez se indignaron contra Santiago y Juan. 42 Jesús los llamó y les dijo: –Ustedes saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. 43 No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor; 44 y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos. 45 Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos. 46 Llegaron a Jericó. Más tarde, cuando Jesús salía de allí acompañado por sus discípulos y por bastante gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 47 Cuando se enteró de que era Jesús de Nazaret quien pasaba, se puso a gritar: –¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! 48 Muchos lo reprendían para que se callara. Pero él gritaba todavía más fuerte: –¡Hijo de David, ten compasión de mí! 49 Jesús se detuvo y dijo: –Llámenlo. Llamaron entonces al ciego, diciéndole: –Animo, levántate, que te llama. 50 El, arrojando su manto, se levantó rápidamente y se acercó a Jesús. 51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: –¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: –Maestro, que recupere la vista. 52 Jesús le dijo: –Vete, tu fe te ha salvado. Y al momento recuperó la vista y lo seguía por el camino. |








