39 Después salió y fue, como de costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo siguieron.40 Al llegar allí, les dijo: –Oren para que puedan hacer frente a la prueba.41 Se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, se arrodilló y suplicaba así:42 –Padre, si quieres aleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.43 Entonces se le apareció un ángel del cielo, que lo estuvo confortando.44 Lleno de angustia, oraba más intensamente, y comenzó a sudar como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.45 Después de orar, se levantó y fue adonde estaban sus discípulos. Los encontró dormidos, pues estaban rendidos por la tristeza.
Mark 14
35 Y avanzando un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, si era posible, no tuviera que pasar por aquel momento.
Matthew 26
36 Entonces fue Jesús con sus discípulos a un huerto llamado Getsemaní, y les dijo: –Siéntense aquí mientras voy a orar un poco más allá.37 Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia,38 y les dijo: –Me muero de tristeza, quédense aquí y velen conmigo.39 Después, avanzando un poco más, cayó rostro en tierra y suplicaba así: –Padre mío, si es posible, aleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.40 Regresó junto a los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro: –¿De modo que no han podido velar conmigo ni siquiera una hora?41 Velen y oren, para que puedan afrontar la prueba; pues el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.42 Se alejó de nuevo por segunda vez y volvió a orar así: –Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz de amargura, hágase tu voluntad.43 Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño.44 Los dejó y volvió a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.45 Entonces regresó donde estaban los discípulos y les dijo: –¿Todavía están durmiendo y descansando? Ha llegado la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.46 Vamos, levántense. Ya está aquí el que me va a entregar.