7 Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,8 de Jerusalén, de Edom, de Transjordania y de la región de Tiro y Sidón acudió a él una gran multitud, al enterarse de lo que hacía.9 Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que no lo estrujaran.10 Pues había sanado a muchos, y quienes padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo.11 Los espíritus impuros, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: –Tú eres el Hijo de Dios.12 Pero él les prohibía enérgicamente que lo descubrieran.
Matthew 12
15 Jesús lo supo y se alejó de allí. Lo siguieron muchos y los sanó a todos,16 advirtiéndoles que no dijeran que había sido él.17 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:18 Este es mi siervo, a quien elegí; mi amado en quien me complazco; derramaré mi espíritu sobre él, y anunciará el derecho a las naciones.19 No discutirá, ni gritará; no se oirá en las plazas su voz.20 No romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia.21 En él pondrán las naciones su esperanza.
Matthew 4
13 Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaún, junto al lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí;14 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:15 Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos.16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en una región de sombra de muerte una luz les brilló.17 Desde entonces empezó Jesús a predicar diciendo: –Conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos.
Matthew 9
35 Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas judías, anunciando la buena noticia del reino y sanando todas las enfermedades y dolencias.36 Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y desorientados como ovejas sin pastor.37 Entonces dijo a sus discípulos: –La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos.38 Rueguen por tanto al dueño de la cosecha que envíe obreros a recogerla.