Cuando Jesús se acercaba a Jerusalén se puso triste y comenzó a llorar. Lloraba porque quería que la gente de Jerusalén obedeciera a Dios y no lo hacían.
41 Cuando se fue acercando, al ver la ciudad, lloró por ella,42 y dijo: –¡Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz! Pero tus ojos siguen cerrados.43 Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te atacarán por todas partes;44 te aplastarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra en tu recinto, por no haber reconocido el momento en que Dios ha venido a salvarte.