Visión de John en Patmos
| Palabras clave | apocalipsis apóstol Juan profecía visión |
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| Secondary Keywords | cielo el cielo isla montaña patmos revelar sentado testamento verdad |
| Escrituras | Revelation 11 Esta es la revelación que Dios confió a Jesucristo, para que mostrara a sus siervos lo que está a punto de suceder. Se lo comunicó a Juan, su siervo, por medio del ángel que le envió, 2 y el mismo Juan testifica que todo lo que ha visto es palabra de Dios y testimonio de Jesuscristo. 3 ¡Dichoso aquel que lee, y dichosos aquellos que escuchan este mensaje profético y cumplen lo que está escrito en él! Porque el momento decisivo está cerca. 4 Juan a las siete iglesias que están en la provincia de Asia: gracia y paz a ustedes de parte del que es, del que era y del que está a punto de llegar; de parte de los siete espíritus que están ante su trono, 5 y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primero en resucitar de entre los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos liberó de nuestros pecados con su propia sangre, 6 al que nos ha constituido en reino y nos ha hecho sacerdotes para Dios, su Padre, a él la gloria y el poder para siempre. Amén. 7 ¡Fíjense cómo viene entre las nubes! Todos lo verán, incluso quienes lo traspasaron, y las razas todas de la tierra tendrán que lamentarse por su causa. Así será. Amén. 8 «Yo soy el Alfa y la Omega –dice el Señor Dios– el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el todopoderoso». 9 Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto por amor a Jesús el sufrimiento y la espera paciente del reino, me encontraba desterrado en la isla de Patmos por haber anunciado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús. 10 Caí en éxtasis un domingo y oí detrás de mí una fuerte voz, como de trompeta, 11 que decía: –Escribe en un libro lo que estás viendo y mándalo a estas siete iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. 12 Me dí vuelta para mirar de quién era la voz que me hablaba, y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13 y en medio de los candelabros una especie de figura humana que vestía larga túnica y llevaba una faja de oro a la altura del pecho. 14 Los cabellos de su cabeza eran blancos como la lana y como la nieve; sus ojos eran como llamas de fuego; 15 sus pies como bronce en horno de fundición, y su voz como estruendo de aguas caudalosas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas; de su boca salía una espada cortante de doble filo y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza. 17 Cuando lo vi, me desplomé a sus pies como muerto, pero él puso su mano derecha sobre mí, diciendo: –No temas; yo soy el primero y el último; 18 yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves de la muerte y del abismo. 19 Escribe, pues, lo que viste, lo que está sucediendo y lo que va a suceder después de todo esto. 20 En cuanto al misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y a los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias. Revelation 211 Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Habían desaparecido el primer cielo y la primera tierra y el mar ya no existía. 2 Vi también bajar del cielo, enviada por Dios, a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia que se adorna para su esposo. 3 Y oí una fuerte voz, salida del trono, que decía: –Esta es la tienda de campaña que Dios ha instalado entre los hombres. Acampará con ellos; ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. 4 Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá ya muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido. 5 Y dijo el que estaba sentado en el trono: –Yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: –Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. 6 Me dijo finalmente: –¡Ya está! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, le daré a beber gratis de la fuente del agua de la vida. 7 El vencedor recibirá esta herencia, pues yo seré su Dios y él será mi hijo. 8 En cuanto a los cobardes, los incrédulos, los depravados, los criminales, los lujuriosos, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros, están destinados al lago ardiente de fuego y azufre, que es la segunda muerte. 9 Entonces se acercó a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas plagas y me dijo: –¡Ven! Te mostraré la novia, la esposa del Cordero. 10 Me llevó en espíritu a una montaña grande y alta y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo enviada por Dios, 11 resplandeciente de gloria. Su esplendor era como el de una piedra preciosa deslumbrante, como una piedra de jaspe cristalino. 12 Tenía una muralla grande y elevada y doce puertas con doce ángeles custodiando las puertas, en las que estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. 13 Tres puertas daban al oriente y tres al norte; tres al sur y tres al occidente. 14 La muralla de la ciudad tenía doce pilares en los que estaban grabados los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15 El que hablaba conmigo tenía como medida una vara de oro, para medir con ella la ciudad, sus puertas y su muralla. 16 La ciudad tenía forma de cuadrado: su longitud era igual a su anchura. Midió la ciudad con la vara y resultaron doce mil estadios: lo mismo de largo que de ancho y de alto. 17 Midió luego la muralla y resultaron ciento cuarenta y cuatro codos, según la medida humana que fue la utilizada por el ángel. 18 Los materiales de la muralla eran de jaspe y la ciudad era de oro puro, semejante a puro cristal. 19 Los pilares sobre los que se apoyaba la muralla de la ciudad estaban adornados de toda clase de piedras preciosas. El primer pilar tenía jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, sardonio; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, ágata; el undécimo, jacinto y el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas, y cada puerta estaba hecha de una sola perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro, transparente como cristal. 22 No vi ningún templo en la ciudad, pues el Señor Dios todopoderoso y el Cordero son su templo. 23 Tampoco necesita sol ni luna que la alumbren; la ilumina la gloria de Dios y su antorcha es el Cordero. 24 A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra vendrán a ofrecerle sus riquezas. 25 Nunca se cerrarán sus puertas, porque allí no habrá noche. 26 A ella traerán el poderío y la riqueza de las naciones. 27 Pero nada manchado entrará en ella, nadie que practique la maldad o la mentira; sólo los inscritos en el libro de la vida que tiene el Cordero. |