5 Jonás salió de la ciudad y se instaló al oriente de la misma; allí se construyó una choza y se sentó a su sombra, para ver qué sucedía con la ciudad.6 El Señor hizo que creciera una planta de ricino por encima de la altura de Jonás para darle sombra y librarlo de su enojo. Y en efecto, el ricino llenó de alegría a Jonás.7 Pero al día siguiente, al amanecer, Dios mandó un gusano que picó la planta de ricino y ésta se secó.8 Al salir el sol, Dios envió un viento sofocante del este. El sol caía sobre la cabeza de Jonás y, a punto de desmayarse, se deseó la muerte diciendo: –Prefiero morir a seguir viviendo.