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Joseph conoce a sus hermanos
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Joseph conoce a sus hermanos

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ID de imagen
prcas0631
Artista
Providence Collection
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Secondary Keywords antiguo   Cumple   génesis   hermanos   José   ley   Pruebas   testamento  
Escrituras
Genesis 42   Genesis 43  

Genesis 42

1 Habiéndose enterado Jacob de que en Egipto había trigo, dijo a sus hijos: –¿Por qué se miran sin hacer nada? 2 He sabido que en Egipto hay trigo; así que bajen allá y compren grano para seguir viviendo y no morir. 3 Diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para comprar trigo. 4 Pero Jacob no permitió que Benjamín, el hermano de José, fuera con sus hermanos, porque pensaba: «No vaya a sucederle alguna desgracia». 5 Fueron, pues, los hijos de Israel, como hacían otros, a comprar trigo, porque se pasaba hambre en la tierra de Canaán. 6 José era quien gobernaba el país y el que vendía el trigo a todo el mundo. Cuando llegaron los hermanos de José, se postraron ante él rostro en tierra. 7 En cuanto José vio a sus hermanos, los reconoció, pero fingió no conocerlos y los trató duramente. Les preguntó: –¿De dónde vienen? Ellos respondieron: –Venimos de la tierra de Canaán, para comprar grano. 8 José había reconocido a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron. 9 Entonces se acordó de los sueños que había tenido en relación con ellos y les dijo: –Ustedes son espías; han venido para ver las zonas vulnerables del país. Ellos respondieron: 10 –¡No, señor! Tus siervos han venido a comprar trigo. 11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, somos hombres de bien; tus siervos no son espías. 12 Pero él insistió: –No es cierto, han venido para ver las zonas vulnerables del país. 13 Ellos respondieron: –Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre, en la tierra de Canaán. El más joven se ha quedado con nuestro padre y el otro desapareció. 14 Pero José les dijo: –Es lo que yo les decía, ¡ustedes son espías! 15 Los voy a someter a una prueba, y les juro por el faraón que no saldrán de aquí a menos que venga su hermano menor: 16 Que vaya uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así se comprobará lo que han dicho y se verá si dicen la verdad. Si no, ¡por la vida del faraón que son espías! 17 Y los metió a todos en la cárcel por espacio de tres días. 18 Al tercer día les dijo: –Yo soy un hombre que teme a Dios; hagan lo siguiente y salvarán la vida: 19 Si son gente de fiar, uno de ustedes quedará aquí preso, y los demás irán a llevar el trigo para remediar el hambre de sus familias. 20 Pero tienen que traerme a su hermano menor; así se demostrará la sinceridad de lo que han dicho, y no morirán. Ellos aceptaron, 21 y se decían unos a otros: –Estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano, pues vimos la angustia con que nos pedía clemencia y no lo escuchamos. Por eso nos ha venido esta desgracia. 22 Entonces intervino Rubén: –¿No les dije yo que no le hicieran ningún mal al muchacho? Pero ustedes no me escucharon, y ahora se nos pide cuenta de su muerte. 23 Ellos no sabían que José entendía lo que estaban diciendo, pues hablaba con ellos por medio de un intérprete. 24 Entonces se retiró y se puso a llorar; regresó luego y, después de hablarles, tomó a Simeón y mandó delante de ellos que lo metieran en la cárcel. 25 José ordenó que les llenaran los sacos de trigo, que les metieran el dinero pagado en cada saco y que les dieran provisiones para el viaje. Y así se hizo. 26 Cargaron el trigo sobre sus burros y se fueron. 27 Al acampar por la noche, uno de ellos abrió su saco para dar de comer a su burro, vio que su dinero estaba en la boca del saco 28 y dijo a sus hermanos: –me han devuelto mi dinero; está aquí en mi saco. Entonces se asustaron mucho y se preguntaban temblando unos a otros: –¿Qué ha hecho Dios con nosotros? 29 Cuando llegaron adonde estaba su padre Jacob, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había ocurrido: 30 –Aquel hombre, el dueño del país, nos habló duramente y nos tomó por espías. 31 Nosotros le dijimos: Somos gente de bien, no somos espías. 32 Eramos doce hermanos; uno ya no vive y el menor se quedó con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33 Pero aquel hombre, el dueño del país, nos dijo: «En esto conoceré que son gente de fiar: dejen conmigo a uno de sus hermanos, tomen el trigo para remediar el hambre de sus familias y váyanse. 34 Cuando regresen me traerán a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino hombres de bien. Luego les devolveré al otro hermano y podrán comerciar libremente en el país». 35 Cuando vaciaron los sacos, resultó que la bolsa del dinero de cada uno estaba en su saco. Y al ver las bolsas del dinero su padre y ellos se asustaron mucho. 36 Entonces su padre, Jacob, les dijo: –Ustedes me van a dejar sin hijos. José desapareció, Simeón tampoco está aquí ¿y quieren quitarme a Benjamín? ¡Todo está en contra mía! 37 Rubén dijo a su padre: –mata a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; déjalo bajo mi custodia, que yo te lo devolveré. 38 El dijo: –mi hijo no irá con ustedes; su hermano ha muerto y él es el único que me queda. Si le sucediera alguna desgracia en el viaje que van a emprender, terminarían con mis canas en el sepulcro.

Genesis 43

1 Entretanto el hambre se iba agravando cada vez más en el país. 2 Cuando se les acabó el trigo que habían traído de Egipto, su padre les ordenó: –Vayan de nuevo a comprarnos alimentos. 3 Pero Judá le dijo: –Aquel hombre nos advirtió expresamente: «No serán admitidos de nuevo en mi presencia sin su hermano menor». 4 Si permites que nuestro hermano menor venga con nosotros, bajaremos y te compraremos alimentos; 5 pero si no lo dejas venir, no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo expresamente: «No serán admitidos de nuevo en mi presencia sin su hermano menor». 6 Israel dijo: –¿Por qué me han hecho esto, diciendo a aquel hombre que tienen otro hermano? 7 Ellos respondieron: –Aquel hombre nos preguntó por nuestra familia: «¿Vive aún su padre? ¿Tienen más hermanos?» Y nosotros le informamos de acuerdo a sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que nos diría: «Traigan a su hermano»? 8 Y Judá dijo a su padre Israel: –Deja al muchacho bajo mi custodia, y pongámonos en camino; es la única manera de sobrevivir y de que no perezcamos ni nosotros, ni tú, ni nuestros hijos. 9 Yo me hago responsable de él; a mí me pedirás cuentas. Si no te lo devuelvo, si no lo traigo de nuevo junto a ti, yo seré culpable ante ti toda mi vida. 10 Si no hubiéramos titubeado, ya estaríamos de regreso por segunda vez. 11 Entonces su padre Israel les dijo: –Ya que no hay más remedio, háganlo así; lleven en sus sacos productos de esta tierra para ofrecérselos a aquel hombre como regalo: un poco de bálsamo y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras. 12 Tomen también doble cantidad de dinero, y restituyan el que les fue devuelto en la boca de los sacos; quizás fue una equivocación. 13 Lleven también a su hermano. Vayan de nuevo a visitar a aquel hombre. 14 Que el Dios Poderoso haga que se compadezca de ustedes y les permita regresar con su otro hermano y con Benjamín. En cuanto a mí, si he de verme privado de mis hijos, sin ellos me quedaré. 15 Ellos tomaron consigo los regalos, doble cantidad de dinero y a Benjamín, y se pusieron en camino. Al llegar a Egipto se presentaron a José. 16 Cuando José vio a Benjamín entre ellos, dijo a su mayordomo: –Lleva a estos hombres dentro de casa, haz que maten un animal y que lo guisen, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía. 17 El mayordomo cumplió su encargo y los llevó a casa de José. 18 Ellos, al ver que los llevaban a casa de José, se llenaron de miedo, pues pensaban: «Nos han traído aquí por lo del dinero que nos fue devuelto en nuestros sacos, nos acusarán, nos condenarán, nos harán esclavos y se quedarán con nuestros burros». 19 Entonces, se acercaron al mayordomo de José, y a la entrada de la casa le hablaron así: 20 –Escucha, señor, nosotros ya vinimos en otra ocasión a comprar alimentos. 21 Pero cuando acampamos y abrimos nuestros sacos encontramos en la boca de cada saco el dinero que habíamos pagado; aquí lo traemos. 22 Traemos también más dinero para pagar los alimentos. No sabemos quién pudo poner el dinero en los sacos. 23 El les dijo: –Tranquilícense, no tengan miedo. Fue el Dios de ustedes y de su padre quien puso el tesoro en sus sacos, pues su dinero lo recibí yo. Luego hizo que trajeran a Simeón. 24 El mayordomo los hizo pasar a la casa de José, les puso agua para que se lavaran los pies y dio de comer a los burros. 25 Ellos, entre tanto, prepararon el regalo, en espera de que llegara José al mediodía, pues habían oído que iban a comer allí. 26 Cuando José entró en casa, le ofrecieron el regalo que habían traído consigo y se postraron en tierra. 27 El les preguntó qué tal estaban y les dijo: –¿Cómo está su anciano padre del que me hablaron? ¿Vive todavía? 28 Respondieron: –Tu siervo, nuestro padre, está bien y todavía vive. Ellos se inclinaron e hicieron una reverencia. 29 José miró al grupo y, al ver a Benjamín, su hermano materno, preguntó: –¿Es éste su hermano menor del que me hablaron? Y añadió: –Dios te guarde, hijo mío. 30 Pero entonces José tuvo que salir rápidamente afuera, porque se había emocionado al ver a su hermano, y estaba a punto de llorar. Entró en su habitación y allí estuvo llorando. 31 Después se lavó la cara, regresó y, dominándose, ordenó: –Sirvan la comida. 32 Sirvieron aparte a José, aparte a sus hermanos y aparte también a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, por ser algo detestable para ellos. 33 Los hebreos estaban sentados enfrente de José por orden de edad, de mayor a menor, y se miraban sorprendidos unos a otros. 34 El les mandaba desde su sitio las porciones, pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que la de los otros. Así bebieron y se alegraron en su compañía.

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