Moisés en el Monte Sinaí
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| Escrituras | Exodus 191 A los tres meses justos de haber salido de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. 2 Habían salido de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí, y allí acamparon, frente a la montaña. 3 Moisés subió al encuentro de Dios y el Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: –Así hablarás a la descendencia de Jacob; así dirás a los hijos de Israel: 4 Ya han visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a ustedes los he llevado sobre alas de águila y los he traído a mí. 5 Ahora bien, si me obedecen fielmente y guardan mi alianza, ustedes serán el pueblo de mi propiedad entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía; 6 serán para mí un reino de sacerdotes, una nación santa. Esto es lo que dirás a los hijos de Israel. 7 Cuando Moisés regresó de la montaña, llamó a los ancianos del pueblo y les comunicó todo lo que el Señor le había ordenado. 8 Y todo el pueblo a una respondió: –Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho. Moisés transmitió al Señor las palabras del pueblo. 9 Y el Señor le dijo: –Yo vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cómo hablo contigo, y tenga siempre confianza en ti. Y Moisés refirió al Señor las palabras del pueblo. 10 Después el Señor dijo a Moisés: –Regresa a tu pueblo y purifícalos hoy y mañana; que laven sus vestidos 11 y estén preparados para el tercer día, porque al tercer día bajará el Señor sobre la montaña del Sinaí a la vista de todo el pueblo. 12 Tú señalarás un límite alrededor de la montaña y les dirás: No suban a la montaña ni pisen más allá del límite señalado. Todo el que pise la montaña morirá. 13 Nadie la tocará; quien la toque, sea hombre o animal morirá apedreado o traspasado por las flechas; sea hombre o animal, no quedará con vida. Sólo cuando suene el cuerno podrán subir a la montaña. 14 Bajó Moisés, purificó al pueblo y ellos lavaron sus vestidos. 15 Entonces ordenó al pueblo: –Estén preparados para el tercer día y no tengan relaciones sexuales. 16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos; una densa nube cubría la montaña, y se oía un sonido creciente de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento temblaba. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento al encuentro de Dios, y la gente se quedó al pie de la montaña. 18 Toda la montaña del Sinaí estaba envuelta en humo, porque el Señor había bajado sobre ella en el fuego. Subía aquel humo como humo de horno y toda la montaña temblaba violentamente; 19 y el sonido de la trompeta se iba haciendo cada vez más fuerte. Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. 20 El Señor bajó sobre la montaña del Sinaí, invitó a Moisés a subir a la cima y Moisés subió. 21 El Señor dijo a Moisés: –Baja y ordena al pueblo que no traspasen los límites en su afán por ver al Señor; de lo contrario, muchos de ellos morirán. 22 Que se purifiquen también los sacerdotes que van a acercarse al Señor, no sea que el Señor les quite la vida. 23 Moisés dijo al Señor: –El pueblo no puede subir a la montaña, pues tú se lo prohibiste cuando nos ordenaste: «Coloca un límite a la montaña y declárala sagrada». 24 El Señor respondió a Moisés: –Baja y regresa aquí con Aarón; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite queriendo subir hacia el Señor, no sea que les quite la vida. 25 Moisés bajó adonde estaba el pueblo y les dijo todo esto. Exodus 331 El Señor dijo a Moisés: –Vete y sal de aquí tú, y el pueblo que sacaste de Egipto, hacia la tierra que juré dar a Abrahán, Isaac y Jacob, cuando les decía: «A tu descendencia se la daré». 2 Enviaré mi ángel delante de ti y desalojaré a los cananeos, amorreos, hititas, pereceos, jeveos y jebuseos; 3 encamínate a la tierra que mana leche y miel. Sin embargo, yo no iré contigo, porque ustedes son un pueblo terco y terminaría aniquilándolos por el camino. 4 Al oír el pueblo estas duras palabras, quedó tan afectado que nadie vistió traje de fiesta. 5 El Señor continuó diciendo a Moisés: –Di a los israelitas: Son un pueblo terco y terminaría aniquilándolos aunque fuera muy poco el tiempo que anduviera con ustedes. Pero si se quitan las joyas que llevan encima, veré qué puedo hacer por ustedes. 6 Y desde lo de Horeb los israelitas no volvieron a ponerse sus trajes de fiesta. 7 Moisés tomó la tienda y la instaló fuera del campamento, a cierta distancia de él, y la llamó tienda del encuentro. Todo el que quería consultar al Señor, tenía que salir fuera del campamento y dirigirse a la tienda del encuentro. 8 Cuando salía Moisés, todo el mundo se ponía de pie y, situándose cada uno a la puerta de su propia tienda, seguían a Moisés con la mirada hasta que entraba en la tienda. 9 En cuanto Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y permanecía a la entrada de la tienda mientras el Señor hablaba con Moisés. 10 El pueblo contemplaba la columna de nube, que permanecía a la entrada de la tienda; entonces todo el mundo se postraba, cada uno en la entrada de su tienda. 11 El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como un hombre habla con su amigo. Luego Moisés regresaba al campamento; pero Josué, su ayudante, hijo de Nun, no se movía de la tienda. 12 Moisés dijo al Señor: –Tú mismo me ordenaste: «Conduce a este pueblo», pero no me dijiste a quién enviarías en mi ayuda y eso que tú me habías dicho: «Eres mi hombre de confianza y gozas de mi protección». 13 Pues bien, si gozo de tu protección, descúbreme, por favor, tus proyectos. Así te reconoceré y seguiré gozando de tu protección. Considera, además, que esta nación es tu pueblo. 14 El Señor le respondió: –Yo mismo te guiaré y te daré un lugar de descanso. 15 Insistió Moisés: –Si no vienes con nosotros, no nos hagas salir de aquí; 16 porque ¿cómo voy a estar seguro de que gozamos de tu protección, yo y tu pueblo, si tú no vienes con nosotros? Pero si vienes se verá que yo y tu pueblo somos diferentes entre todos los pueblos de la tierra. 17 Y el Señor contestó a Moisés: –Haré lo que me pides, porque gozas de mi protección y eres mi hombre de confianza. 18 Moisés pidió al Señor: –Muéstrame tu gloria. 19 El Señor le respondió: –Yo mismo te haré ver toda mi gloria, y en tu presencia pronunciaré el nombre del Señor. Yo protegeré a quien quiera y tendré compasión de quien me parezca; 20 sin embargo, no podrás ver mi cara, porque quien la ve no sigue vivo. 21 El Señor añadió: –Ahí tienes un sitio junto a mí, puedes ponerte sobre la roca; 22 cuando pase mi gloria, te meteré en una grieta de la roca y te cubriré con la palma de mi mano hasta que yo haya pasado; 23 y cuando retire mi mano, me verás de espaldas porque de frente nadie me puede ver. |