7 Entonces Natán dijo a David: –¡Ese hombre eres tú! Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo te ungí como rey de Israel y te libré del poder de Saúl;8 te di la casa de tu señor y puse en tus brazos a sus mujeres; te he dado el pueblo de Israel y de Judá y, por si esto fuera poco, te añadiré aún mucho más.9 ¿Por qué, pues, has despreciado al Señor haciendo lo que le desagrada? Hiciste matar a espada a Urías, el hitita, y te apoderaste de su mujer. Sí, lo mataste por medio de la espada de los amonitas.10 Por tanto, la espada no se apartará nunca de tu casa, por haberme despreciado y haberte apoderado de la mujer de Urías, el hitita.