Nehemías leyendo la ley
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| Escrituras | Ezra 101 Mientras Esdras oraba y confesaba entre lágrimas sus pecados, postrado ante el templo de Dios, se le juntó una gran multitud de israelitas, hombres, mujeres y niños. Todos lloraban sin consuelo. 2 Entonces Secanías, hijo de Yejiel, de la descendencia de Elam, dijo a Esdras: –Nosotros hemos traicionado a nuestro Dios casándonos con mujeres extranjeras de las gentes del país. Pero aún le queda a Israel una esperanza. 3 Nos comprometemos solemnemente ante nuestro Dios a echar a todas estas mujeres extranjeras y a los hijos nacidos de ellas, si así le parece bien a mi señor y a cuantos respetan los mandamientos de nuestro Dios. Que se cumpla la ley. 4 Así que levántate, pues este asunto es de tu responsabilidad; nosotros te apoyaremos. Ten ánimo y actúa en consecuencia. 5 Entonces, Esdras se levantó e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes, de los levitas y de todos los israelitas que procederían según lo dicho. Ellos lo juraron. 6 Esdras, por su parte, salió del templo de Dios y se retiró a la casa de Yojanán, hijo de Elearib, donde pasó la noche sin comer ni beber, pues estaba sumamente abrumado por la infidelidad de los repatriados. 7 Por medio de un mensaje divulgado en Judá y Jerusalén, todos los repatriados fueron convocados a Jerusalén. 8 A todo aquél que no acudiera en el plazo de tres días –tal fue la decisión de jefes y ancianos– se le confiscarían los bienes y sería excluido de la comunidad de los repatriados. 9 Todos los hombres de Judá y Benjamín acudieron a Jerusalén en el plazo señalado. El día veinte del noveno mes, el pueblo se congregó en la explanada del templo de Dios, temblando por el asunto de que se trataba y por la copiosa lluvia que caía. 10 El sacerdote Esdras se levantó y dijo: –Ustedes han pecado casándose con mujeres extranjeras, y con eso han aumentado la culpa de Israel. 11 Ahora, pues, glorifiquen al Señor, Dios de sus antepasados y cumplan su voluntad. Sepárense de la población del país y de las mujeres extranjeras. 12 Toda la comunidad respondió en alta voz: –Haremos lo que has dicho. 13 Pero el pueblo es numeroso, estamos en la estación de las lluvias y no se puede resistir a la intemperie. Tanto más cuanto el asunto no es para uno o dos días, pues somos muchos los que hemos cometido este pecado. 14 Que se queden nuestros jefes, en representación de toda la comunidad, y que todos los que en nuestras ciudades han tomado mujeres extranjeras vengan en tiempos debidamente prefijados, en compañía de los dirigentes de cada ciudad y de sus jueces, hasta que hayamos aplacado el furor de nuestro Dios por este asunto. 15 Sólo Jonatán, hijo de Asael, y Yajzías, hijo de Tiqvá, se opusieron a esta resolución, apoyados por Mesulán y el levita Sabtay. 16 Pero los repatriados actuaron según lo decidido. El sacerdote Esdras eligió como colaboradores a unos cuantos jefes de familia, nominalmente designados por familias patriarcales. Estos comenzaron sus sesiones de trabajo sobre el asunto el día primero del décimo mes. 17 Y el día primero del primer mes estaban localizados todos los que estaban casados con mujeres extranjeras. 18 Relación de los sacerdotes casados con mujeres extranjeras. Entre los descendientes de Josué, hijo de Josadac, y entre sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Godolías. 19 Estos se comprometieron bajo juramento, a echar a sus mujeres; y ofrecieron un carnero de expiación en reparación de su culpa. 20 Entre los descendientes de Imer: Jananí y Zebadías. 21 Entre los de Jarín: Maasías, Elías, Semayas, Jejiel y Ozías. 22 Entre los de Pasjur: Elyoenay, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasá. 23 Entre los levitas: Jozabad, Simey, Quelayá, también llamado Quelita, Petajías, Judá y Eliezer. Entre los cantantes: Eliasib. 24 Entre los porteros: Salún, Télem y Urí. 25 Y entre los israelitas laicos: de los descendientes de Parós: Ramías, Jizías, Malaquías, Miyamín, Eleazar, Malaquías y Benayas. 26 De los de Elam: Matanías, Zacarías, Jejiel, Abdí, Yeremot y Elías. 27 De los de Zatú: Elyoenay, Eliasib, Matanías, Yeremot, Zabad y Azizá. 28 De los de Bebay: Juan, Jananías, Zabay y Atlay. 29 De los de Baní: Mesulán, Maluc, Adaías, Yasub, Seal y Yeramot. 30 De los de Pajat Moab: Adná, Quelal, Benayas, Maasías, Matanías, Bezabel, Binuy y Manasés. 31 De los de Jarín: Eliezer, Yisías, Malaquías, Semamías, Simeón, 32 Benjamín, Maluc y Semarías. 33 De los de Jasún: Matnay, Matatá, Zabad, Elifélet, Yeremay, Manasés y Simí. 34 De los de Baní: Maday, Amram, Joel, 35 Benayas, Bedías, Quelaías, 36 Vanías, Meremot, Eliasib, 37 Matanías, Matnay y Jasay. 38 De los de Binuy: Simí, 39 Selemías, Natán, Adayas, 40 Maknadbay, Sasay, Saray, 41 Azarael, Selemías, Semarías, 42 Salún, Amarías y José. 43 De los de Nebo: Yeiel, Matatías, Zabat, Zebiná, Yaday, Joel y Benayas. 44 Todos éstos estaban casados con mujeres extranjeras a NEHEMIAS las que despidieron junto con los hijos nacidos de ellas. Ezra 91 Una vez que este asunto quedó concluido, los jefes vinieron a decirme: –El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de la población del país –cananeos, hititas, pereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios, amorreos– y han caído en sus abominaciones. 2 Ellos y sus hijos se han casado con las hijas de esas gentes y la descendencia santa se ha mezclado con las gentes del país. Los jefes y los consejeros han sido los primeros en sucumbir a esta infidelidad. 3 Al oír esto, rasgué mis vestiduras y mi manto, me rapé los cabellos y la barba y me senté desconsolado. 4 A causa de la infidelidad de los repatriados se congregaron junto a mí todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel, mientras yo permanecía sentado y desconsolado hasta el momento de ofrecer el sacrificio vespertino. 5 A la hora del sacrificio vespertino salí de mi postración y, con el vestido y el manto rasgados, caí de rodillas y extendí mis manos hacia el Señor, mi Dios, suplicando: 6 –Dios mío, estoy confundido y avergonzado. No me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, Dios mío, porque nuestras iniquidades han sobrepasado nuestra cabeza y nuestros delitos llegan hasta el cielo. 7 Desde los tiempos de nuestros antepasados hasta hoy hemos sido culpables. Por nuestros crímenes hemos sido entregados nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes a reyes extranjeros, a la espada, a la esclavitud, al saqueo y al oprobio, como sucede hoy. 8 Mas he aquí que de pronto el Señor nuestro Dios, nos ha mostrado su misericordia dejándonos un resto y dándonos un refugio estable en su lugar santo. Así, nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos y ha aliviado nuestra esclavitud. 9 Porque éramos esclavos, pero nuestro Dios no nos ha desamparado en medio de la esclavitud, sino que ha hecho que nos ganáramos el favor de los reyes de Persia y nos ha dado un respiro para reconstruir el templo de nuestro Dios y para poner en pie sus ruinas, proporcionándonos un refugio seguro en Judá y Jerusalén. 10 Pero ahora, Dios nuestro, ¿qué podemos decir después de todo esto? Porque hemos desobedecido los mandamientos 11 que nos impusiste por medio de tus siervos los profetas. Ellos nos decían: «La tierra en la que van a entrar es una tierra inmunda por las abominaciones de sus gentes, que la han contaminado de un extremo a otro con su impureza. 12 Por tanto, no casen a sus hijas con sus hijos, ni a sus hijos con sus hijas; no hagan alianza con ellos ni busquen su favor. De esta manera ustedes serán fuertes y podrán gozar de los bienes de este país y transmitirlos en herencia perpetua a sus hijos». 13 Y después de cuanto nos ha sucedido por nuestras maldades y grandes culpas –y eso que tú, oh Dios nuestro, nos has atribuido menos culpa de la que merecíamos y has mantenido este resto que somos–, 14 ¿volveremos a desobedecer tus mandamientos casándonos con estas gentes abominables? ¿No te irritarías contra nosotros hasta aniquilarnos, sin excluir a este pequeño resto? 15 ¡Oh Señor, Dios de Israel!, tú eres justo como lo demuestra este resto que hoy sigue con vida. Aquí estamos ante ti con nuestro pecado; precisamente a causa de él somos indignos de estar ante ti. |