Pablo antes del rey Agripa
| Palabras clave | Agripa Cesarea |
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| Secondary Keywords | Barrabás carácter defender desplazamiento gobernador incredulidad Pablo pilar testamento trono |
| Escrituras | Acts 261 Agripa dijo a Pablo: –Se te permite hablar en tu defensa. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa: 2 –Rey Agripa, me considero dichoso de poder defenderme hoy ante ti de todas las acusaciones que hacen contra mí los judíos, 3 sobre todo porque tú conoces bien sus costumbres y problemas. Te ruego, pues, que me escuches con paciencia. 4 Todos los judíos saben perfectamente que desde mi juventud he pasado la vida entre mi gente, en Jerusalén. 5 Ellos me conocen hace ya mucho tiempo y, si quieren, pueden atestiguar que viví como fariseo, el partido más riguroso de nuestra religión. 6 Ahora estoy sometido a juicio por confiar en la promesa que Dios hizo a nuestros antepasados, 7 la misma que nuestras doce tribus, sirviendo a Dios constantemente, día y noche, esperan alcanzar. Por tener esta esperanza, oh rey, me acusan los judíos. 8 ¿Les parece increíble que Dios resucite a los muertos? 9 Es cierto que yo también me creí en el deber de combatir con todas mis energías la causa de Jesús de Nazaret. 10 Y, efectivamente, así lo hice en Jerusalén. Yo encarcelé a muchos de sus discípulos en virtud de la autoridad que recibí de los jefes de los sacerdotes y, cuando se les quitaba la vida, daba mi aprobación. 11 Recorrí muchas veces todas las sinagogas, obligándolos a renegar de su fe forzados por torturas. Mi furia contra ellos llegó a tal extremo, que los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. 12 Así las cosas, me dirigía hacia Damasco con poder y autorización de los jefes de los sacerdotes, 13 cuando al mediodía vi en el camino, oh rey, una luz venida del cielo más brillante que la del sol, que me envolvió a mí y a los que iban conmigo. 14 Caímos todos por tierra, y oí una voz que me decía en arameo: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Es inútil que te rebeles contra mí». 15 Yo pregunté: «¿Quién eres, señor?». Y el Señor respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Levántate y ponte de pie. Me he aparecido a ti, para hacerte mi servidor y para que des testimonio de que me has visto, y de lo que todavía tengo que mostrarte. 17 Yo te libraré de tu pueblo y también de los paganos a los que te enviaré 18 para que les abras los ojos y se conviertan de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban, por la fe en mí, el perdón de los pecados y la herencia que corresponde a los consagrados». 19 Y yo, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial. 20 Por el contrario, fui predicando a los habitantes de Damasco, de Jerusalén, de todo el territorio de Judea y a los paganos, que se arrepintieran, se convirtieran a Dios e hicieran obras de auténtica penitencia. 21 Por esto me detuvieron los judíos en el templo e intentaron matarme. 22 Pero, gracias al auxilio divino, sigo firme hasta hoy, dando testimonio a pequeños y grandes, y sin decir nada fuera de lo que los profetas y Moisés anunciaron que sucedería: 23 que el Mesías tenía que padecer y que, siendo el primero en resucitar de entre los muertos, anunciaría la luz al pueblo judío y a los paganos. 24 En este momento Festo interrumpió la defensa y dijo con fuerte voz: –Estás loco, Pablo; tanto estudiar te ha trastornado. 25 Pablo respondió: –No estoy loco, excelentísimo Festo. Mis palabras están llenas de verdad y de cordura. 26 Bien enterado está de estas cosas el rey, ante quien hablo con toda libertad. No creo que se le oculte nada de esto, pues se trata de un asunto público. 27 Rey Agripa, ¿crees en los profetas? Yo sé que crees. 28 Agripa le contestó –¡Por poco me convences para que me haga cristiano! 29 Pablo respondió: –¡Quiera Dios que, por poco o por mucho, no sólo tú, sino todos los que me escuchan hoy, llegaran a ser lo que soy yo, aunque sin estas cadenas! 30 El rey, el gobernador, Berenice y los que con ellos estaban sentados, se levantaron 31 y se retiraron, comentando entre sí: –Este hombre no ha hecho nada digno de muerte o de prisión. 32 Y Agripa dijo a Festo: –Se habría podido dejar en libertad a este hombre, si no hubiera apelado al emperador. |








