Conversión de Paul
Paul caminando a Damasco de repente cae al suelo. Él está rodeado de luz del cielo y escucha la voz de Jesús.
| Escrituras | 2 Corinthians 517 De modo que si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha comenzado algo nuevo. 2 Timothy 18 No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; por el contrario, con la confianza puesta en el poder de Dios, sufre conmigo por el evangelio. Acts 221 –Hermanos y notables, escuchen ahora mi defensa ante ustedes. 2 Al oír que les hablaba en arameo, prestaron aún más atención. Pablo continuó: 3 –Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad. Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la ley de nuestros antepasados. Siempre he defendido con pasión las cosas de Dios, como ustedes hoy. 4 Yo perseguí a muerte el camino cristiano, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres. 5 Y de ello pueden dar testimonio el mismo sumo sacerdote y todos los miembros del Consejo. Después de recibir de ellos mismos cartas de presentación para los hermanos, me dirigía a Damasco, con ánimo de traer encadenados a Jerusalén a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados. 6 Iba, pues, camino de Damasco, y cuando estaba ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo. 7 Caí al suelo, y oí una voz que me decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?». 8 Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?». Y me dijo: «¡Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues!». 9 Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. 10 Yo dije: «¿Qué debo hacer, Señor?». Y el Señor me dijo: «Levántate y vete a Damasco; allí te dirán lo que debes hacer». 11 Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros. 12 Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley y muy estimado por todos los judíos que allí vivían, 13 vino a verme y me dijo: «Hermano Saúl, recobra la vista». Y en aquel mismo instante recobré la vista y vi a Ananías. 14 El añadió: «El Dios de nuestros antepasados te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz. 15 Porque serás testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. 16 No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el bautismo y purifícate de tus pecados invocando su nombre». 17 Regresé a Jerusalén y un día, cuando estaba orando en el templo tuve un éxtasis 18 y vi al Señor que me decía: «Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque no van a aceptar tu testimonio acerca de mí». 19 Yo le dije: «Señor, ellos saben que yo era el que encarcelaba y azotaba en la sinagoga a los que creían en ti. 20 Y cuando se derramaba la sangre de Esteban, tu testigo, yo mismo estaba allí, aprobándolo y cuidando la ropa de los que lo mataban». 21 Pero él me dijo: «Vete, porque yo te voy a enviar a las naciones más lejanas». 22 Hasta aquí lo estuvieron escuchando, pero entonces levantaron la voz diciendo: –¡Mata a este individuo, porque no es digno de vivir! 23 Y, como seguían gritando, agitando los mantos y levantando una gran polvareda, 24 el comandante ordenó meterlo en el cuartel y castigarlo con azotes, para averiguar por qué gritaban así contra él. 25 Pero cuando lo estaban sujetando con las correas, Pablo dijo al oficial de servicio: –¿Tienen derecho a azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado antes? 26 Al oír esto el oficial, fue a comunicárselo al comandante diciendo: –¿Qué vas a hacer? 27 Este hombre es ciudadano romano. El comandante se presentó inmediatamente y le preguntó: –¿Eres ciudadano romano? Pablo le contestó: –Sí. 28 El comandante respondió: –Yo tuve que pagar mucho dinero para lograr esta ciudadanía. Y Pablo dijo: –Pues yo la tengo por nacimiento. 29 Inmediatamente los que iban a castigarlo se retiraron. Y el propio comandante, al saber que era ciudadano romano, tuvo miedo por haberlo mandado encadenar. 30 Al día siguiente, queriendo averiguar exactamente de qué lo acusaban los judíos, el comandante hizo que lo desataran y mandó reunir a los jefes de los sacerdotes y a todo el Consejo de Ancianos; sacó después a Pablo y lo presentó delante de ellos. Acts 91 Entre tanto, Saulo, que seguía amenazando de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote 2 y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar encadenados a Jerusalén a todos los que encontrara, hombres o mujeres, que siguieran el camino de Jesús. 3 Cuando estaba ya cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor del cielo, 4 cayó a tierra y oyó una voz que decía: –Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? 5 Saulo preguntó: –¿Quién eres, Señor? La voz respondió: –Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer. 7 Los hombres que lo acompañaban se detuvieron espantados; oían la voz, pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber. 10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: –¡Ananías! El respondió: –Aquí me tienes, Señor. 11 Y el Señor le dijo: –Levántate, vete a la calle llamada Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, 12 y ha visto a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista. 13 Ananías respondió: –Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti; 14 y ha venido con poderes de los jefes de los sacerdotes para arrestar a todos los que invocan tu nombre. 15 Pero el Señor le dijo: –Vete, porque éste es para mí un instrumento elegido para anunciar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. 16 Yo le daré a conocer cuánto tendrá que padecer por causa de mi nombre. 17 Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: –Hermano Saulo, Jesús, el Señor, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. 18 En ese mismo momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista, y a continuación fue bautizado. 19 Luego comió y recobró las fuerzas. Después de pasar algunod días con los discípulos que había en Damasco, 20 Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo de Dios. 21 Todos los que le oían quedaban asombrados y decían: –¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan ese nombre? ¿No ha venido aquí para llevarlos encadenados ante los jefes de los sacerdotes? 22 Pero Saulo se sentía cada vez más seguro y discutía con los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Mesías. 23 Algún tiempo después, los judíos decidieron matarlo. 24 Saulo se enteró de la conspiración y, aunque vigilaban día y noche las puertas de la ciudad para darle muerte, 25 sus discípulos lo descolgaron de noche por la muralla, metido en una canasta. 26 Cuando llegó a Jerusalén, intentaba unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuera realmente un discípulo. 27 Entonces Bernabé tomó consigo a Saulo y lo presentó a los apóstoles. Les contó cómo en el camino Saulo había visto al Señor que le había hablado, y con qué convencimiento había predicado en Damasco el nombre de Jesús. 28 Desde entonces iba y venía libremente con los apóstoles en Jerusalén, predicando con valentía el nombre del Señor. 29 Hablaba y discutía también con los judíos de procedencia helenista, pero éstos decidieron matarlo. 30 Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y de allí lo enviaron hacia Tarso. 31 Entre tanto, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se consolidaba viviendo en fidelidad al Señor, y se extendía impulsada por el Espíritu Santo. 32 Pedro, en su recorrido por toda aquella región, visitó también a los creyentes que residían en Lida. 33 Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho años postrado en cama, porque era paralítico. 34 Y le dijo: –Eneas, Jesús, el Mesías, te sana; levántate y arregla tu cama. Y al instante se levantó. 35 Todos los habitantes de Lida y de la región de Sarón lo vieron sano y se convirtieron al Señor. 36 Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela, la cual hacía muchas obras buenas y daba muchas limosnas. 37 Y en esos días se enfermó y murió. Lavaron su cadáver y lo pusieron en una habitación del piso superior. 38 Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a pedirle que viniera inmediatamente a su ciudad. 39 Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la habitación del piso superior, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y mantos que les hacía Gacela cuando aún vivía. 40 Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró. Dirigiéndose luego hacia el cadáver, dijo: –Tabita, levántate. Ella abrió los ojos, vio a Pedro y se incorporó. 41 El la tomó de la mano y la levantó. Luego llamó a los discípulos y a las viudas, y la presentó viva ante ellos. 42 Todos los habitantes de Jafa se enteraron de lo sucedido, y muchos creyeron en el Señor. 43 Pedro se quedó algún tiempo en Jafa, en casa de un tal Simón, que era curtidor. Galatians 11 Pablo, apóstol no por disposición humana ni por intervención de hombre alguno, sino por voluntad de Jesucristo y de Dios Padre quien lo resucitó de entre los muertos, 2 junto con todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia. 3 Gracia y paz para ustedes de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor, 4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo malvado, conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre, 5 a quien pertenece la gloria por siempre. Amén. 6 No salgo de mi asombro al ver con qué rapidez han abandonado a quien los llamó mediante la gracia de Cristo para pasarse a otro evangelio. 7 Pero no hay otro evangelio. Lo que pasa es que algunos los están confundiendo e intentan manipular el evangelio de Cristo. 8 Pues sea maldito cualquiera –yo o incluso un ángel del cielo– que les anuncie un evangelio distinto del que yo les anuncié. 9 Ya les había dicho, y ahora lo repito: Si alguno les anuncia un evangelio distinto del que han recibido, ¡caiga sobre él la maldición! 10 Porque, vamos a ver: ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Trato acaso de agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. 11 Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es una invención de hombres, 12 pues no lo recibí ni lo aprendí de ningún hombre; Jesucristo es quien me lo ha revelado. 13 Han escuchado, sin duda, de mi antigua conducta en el judaísmo: con qué furia perseguía yo a la Iglesia de Dios intentando destrozarla. 14 Incluso aventajaba dentro del judaísmo a muchos compatriotas de mi edad como fanático partidario de las tradiciones de mis antepasados. 15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por pura bondad, se complació en 16 revelarme a su Hijo y en hacerme su mensajero entre los paganos, inmediatamente, sin consultar a hombre alguno 17 y sin subir a Jerusalén para ver a quienes eran apóstoles antes que yo, me dirigí a Arabia y de nuevo regresé a Damasco. 18 Luego, después de tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y permanecí junto a él quince días. 19 No vi a ningún otro apóstol, fuera de Santiago, el hermano del Señor. 20 De esto que les escribo, Dios es testigo que no miento. 21 Fui después a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Por entonces las iglesias cristianas de Judea no me conocían aún personalmente; 23 únicamente oían decir: «el que nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes combatía». 24 Y daban gloria a Dios por mi causa. |
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