Pedro confiesa al Cristo
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| Escrituras | Luke 918 Un día que estaba Jesús orando a solas, sus discípulos se le acercaron. Jesús les preguntó: –¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Respondieron: –Según unos, Juan el Bautista; según otros, Elías; según otros, uno de los antiguos profetas, que ha resucitado. 20 El les dijo: –Y según ustedes ¿quién soy yo? Pedro respondió: –El Mesías de Dios. 21 Pero Jesús les ordenó terminantemente que no hablaran de esto con nadie. Luke 922 Luego les dijo que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, que sería rechazado por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y que al tercer día resucitaría. 23 Entonces se puso a decir a todo el pueblo: –El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. 25 Pues, ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo si se pierde o se arruina a sí mismo? 26 Porque si uno se avergüenza de mí o de mi mensaje, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, con la del Padre y con la de los santos ángeles. 27 Les aseguro que algunos de los presentes no morirán antes de haber visto el reino de Dios. Mark 827 Jesús salió con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo y por el camino les preguntó: –¿Quién dice la gente que soy yo? 28 Ellos le contestaron: –Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que uno de los profetas. 29 El siguió preguntándoles: –Y según ustedes, ¿quién soy yo? Pedro le respondió: –Tú eres el Mesías. 30 Entonces Jesús les ordenó que no hablaran de él con nadie. Mark 831 Entonces Jesús empezó a enseñarles que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, que sería rechazado por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían, y a los tres días resucitaría. 32 Les hablaba con toda claridad. Entonces Pedro lo tomó aparte y se puso a reprenderlo. 33 Pero Jesús dirigiéndose a Pedro lo reprendió en presencia de sus discípulos, diciéndole: –¡Colócate detrás de mí, Satanás!, porque tú no piensas como Dios, sino como los hombres. Matthew 1613 De camino hacia la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? 14 Ellos le contestaron: –Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremíias o uno de los profetas. 15 Jesús le preguntó: –Y según ustedes, ¿quién soy yo? 16 Simón Pedro respondió: –Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. 17 Jesús le dijo: –Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no podrá con ella. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. 20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Matthew 1621 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y al tercer día resucitaría. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderlo: –Dios no lo quiera, Señor; no te ocurrirá eso. 23 Pero Jesús, dirigiéndose a Pedro le dijo: –¡Colócate detrás de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo, porque no piensas como Dios, sino como los hombres. 24 Y dirigiéndose a sus discípulos añadió: –Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará. 26 Pues ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida? ¿O qué puede uno dar a cambio de su vida? 27 El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles. Entonces tratará a cada uno según su conducta. 28 Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin ver antes al Hijo del hombre venir como rey. |