9 Amán salió aquel día contento y de buen humor. Sin embargo, cuando vio a Mardoqueo que estaba junto a la puerta del palacio real, y no se levantaba ni se movía a su paso, se enfureció contra él,10 pero se contuvo. Al llegar a casa, llamó a sus amigos y a su mujer Zeres.11 Les habló de sus enormes riquezas, de sus muchos hijos, del honor que le había hecho el rey, ascendiéndole sobre sus oficiales y ministros.12 Y añadió: –Incluso la reina Ester sólo me ha invitado a mí al banquete que ha dado en honor del rey. Y también nos ha invitado al rey y a mí para mañana.13 Pero todo esto nada significa para mí mientras siga viendo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del palacio real.14 Su mujer Zeres y sus amigos le dijeron: –Que preparen una horca de veinticinco metros y mañana por la mañana le pides al rey que cuelguen en ella a Mardoqueo; y así te irás contento con el rey al banquete. Le gustó la propuesta a Amán, y mandó preparar la horca.