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Orando por el Hijo
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Orando por el Hijo

Producto
ID de imagen
lwjas0355
Descripción
Un padre y una madre rezan por su hijo.
Artista
Lars Justinen
Detalles de la imagen
More Information
Secondary Keywords                       alegar   arco   arrepentimiento   arrepentimiento   arrepentirse   cama   comunicarse   comunión   contemporáneo   culto   devoción   hora de acostarse   oración   orando   orar   petición   solicitud   sueño  
Escrituras1 John 1   1 Thessalonians 5   1 Timothy 2   Hechos 6   Lucas 11   Lucas 6   Marcos 11   Marcos 13   Marcos 14   Matthew 5   Matthew 6   Psalms 5   Psalms 54   Psalms 55   Psalms 6   Romans 8  

1 John 1

1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida,2 –pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó–,3 lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo.4 Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.5 Este es el mensaje que le hemos oído y les anunciamos: Dios es luz y no hay en él oscuridad alguna.6 Si decimos que estamos en comunión con él, y andamos en oscuridad, mentimos y no practicamos la verdad.7 Pero si caminamos en la luz como él, que está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado.8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no habita en nosotros.9 Si reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda maldad.10 Si decimos que no hemos pecado, hacemos pasar a Dios por mentiroso, y su palabra no habita en nosotros.

1 Thessalonians 5

1 En cuanto al tiempo y a las circunstancias, no tienen, hermanos, necesidad de que les escriba.2 Saben muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche.3 Cuando la gente crea estar segura y en paz, entonces, la ruina caerá de repente sobre ellos, igual que los dolores de parto sobre la mujer embarazada, y no podrán escapar.4 Pero ustedes, hermanos, no viven en la oscuridad. Por tanto, el día del Señor no debe sorprenderlos como si fuera un ladrón.5 Todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día; no somos de la noche ni de la oscuridad.6 Por tanto no nos quedemos dormidos como hacen los demás, sino que estemos atentos y vivamos sobriamente.7 Los que duermen, de noche duermen; los que se emborrachan, de noche se emborrachan.8 Pero nosotros, que somos del día, debemos vivir con sobriedad, cubiertos con la coraza de la fe y del amor, y con la esperanza de la salvación como casco protector.9 Porque no nos ha destinado Dios al castigo, sino a lograr la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,10 que murió por nosotros a fin de que, tanto despiertos como dormidos, vivamos unidos a él.11 Por tanto, anímense mutuamente y contribuyan al bien de unos para con otros como ya lo están haciendo.12 Les rogamos, hermanos, que aprecien a quienes trabajan entre ustedes y los dirigen y corrigen en el nombre del Señor.13 Correspondan a sus trabajos con amor siempre creciente. Y vivan en paz unos con otros.14 También les rogamos, hermanos, que corrijan a los indisciplinados, que alienten a los acomplejados, que sostengan a los débiles, que tengan paciencia con todos.15 Estén atentos que ninguno devuelva mal por mal; al contrario, esfuércense por hacer siempre el bien unos a otros y a todos.16 Estén siempre alegres.17 Oren en todo momento.18 Den gracias por todo, pues ésta es la voluntad de Dios con respecto a ustedes como cristianos.19 No apaguen la fuerza del Espíritu;20 no menosprecien los dones proféticos.21 Examínenlo todo y quédense con lo bueno.22 Apártense de todo tipo de mal.23 Que el Dios de la paz les ayude a vivir como corresponde a auténticos creyentes; que todo su ser –espíritu, alma y cuerpo– se conserve sin falta alguna para la venida de nuestro Señor Jesucristo.24 El que los llama es fiel y cumplirá su palabra.25 Hermanos, oren también por nosotros.26 Saluden a todos los hermanos con el beso santo.27 Les suplico por el Señor que esta carta sea leída a todos los hermanos.28 La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con ustedes.

1 Timothy 2

1 Te ruego ante todo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres,2 por los reyes y todos los que tienen autoridad, para que podamos gozar de una vida tranquila y apacible plenamente religiosa y digna.3 Esto es bueno y grato a los ojos de Dios, nuestro Salvador,4 que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.5 Porque Dios es único, como único es también el mediador entre Dios y los hombres: un hombre, Jesucristo,6 que se entregó a sí mismo para redimir a todos. Este es el testimonio dado a su debido tiempo,7 del cual he sido yo constituido mensajero y apóstol –digo la verdad, no miento– y maestro de las naciones en la fe y en la verdad.8 Deseo, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando las manos sin ira ni discusiones.9 Por lo que a las mujeres se refiere, que vayan vestidas decentemente, que se presenten con sencillez y modestia; que su adorno no sean los lujosos peinados, joyas de oro, perlas o vestidos costosos,10 sino las buenas obras, como conviene a las mujeres que dan culto a Dios.11 Que la mujer aprenda sin protestar y con gran respeto.12 No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que debe comportarse con discreción.13 Pues primero fue formado Adán, y después Eva.14 Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, cayó en el pecado.15 Se salvará, sin embargo, por su condición de madre, siempre que persevere con modestia en la fe, el amor y la santidad.

Acts 6

1 Por aquellos días, debido a que aumentaba el número de los discípulos, los creyentes de origen helenista se quejaron contra los de origen judío, porque sus viudas no eran bien atendidas en la distribución diaria de los alimentos.2 Los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: –No está bien que nosotros dejemos de anunciar la palabra de Dios para dedicarnos al servicio de las mesas.3 Por tanto, hermanos, elijan de entre ustedes, siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encomendaremos este servicio,4 para que nosotros podamos dedicarnos a la oración y al ministerio de la palabra.5 La proposición agradó a todos, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía.6 Los presentaron ante los apóstoles, y ellos, después de orar, les impusieron las manos.7 La palabra de Dios se extendía, el número de discípulos aumentaba mucho en Jerusalén, e incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo.9 Algunos de la sinagoga llamada «­de los libertos», a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él,10 pero al no poder contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba,11 sobornaron a unos hombres para que dijeran: –Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés y contra Dios.12 De este modo, amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los maestros de la ley. Luego, llegando de improviso, lo arrestaron, lo llevaron al Consejo de Ancianos13 y presentaron testigos falsos, que decían: –Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la ley.14 Le hemos oído decir que ese Jesús Nazareno destruirá este lugar santo y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés.15 Todos los que estaban en el Consejo de Ancianos lo miraron con atención, y les pareció que su rostro era como el de un ángel.

Luke 11

1 Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: –Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.2 Jesús les dijo: –Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino;3 danos cada día el pan que necesitamos;4 perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende; y no nos dejes caer en la tentación.5 Y añadió: –Supongan que uno de ustedes tiene un amigo y acude a él a media noche, diciendo: ­«Amigo, préstame tres panes,6 porque ha venido a mi casa un amigo que pasaba de camino y no tengo nada que ofrecerle».7 Supongan también que el otro responde desde dentro: «­No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos».8 Les digo que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos para que no siga molestando se levantará y le dará cuanto necesite.9 Por eso yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y Dios les abrirá.10 Porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama, Dios le abre.11 ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide un pez, le da una serpiente en lugar del pescado?12 ¿O si le pide un huevo, le va a dar un alacrán?13 Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar a sus hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?14 Un día estaba Jesús expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre. Cuando salió el demonio, el mudo recobró el habla, y la gente quedó maravillada.15 Pero algunos dijeron: –Expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios.16 Otros, para tenderle una trampa, le pedían una señal del cielo.17 Pero Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: –Todo reino dividido contra sí mismo termina destruido, y sus casas caen unas sobre otras.18 Por tanto, si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo podrá permanecer su reino? Pues eso es lo que ustedes dicen: Que yo expulso los demonios con el poder de Belzebú.19 Ahora bien, si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, sus hijos, ¿con qué poder los expulsan? Por eso ellos mismos serán sus jueces.20 Pero si yo expulso los demonios con el poder de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes.21 Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros.22 Pero si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte su botín.23 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.24 Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares áridos buscando descanso y, al no encontrarlo, se dice: ­Regresaré a mi casa de donde salí.25 Al llegar, la encuentra barrida y arreglada.26 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, con lo que la situación final de este hombre es peor que la del principio.27 Cuando estaba diciendo esto, una mujer de entre la multitud dijo en voz alta: –Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron.28 Pero Jesús dijo: –Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.29 La gente se aglomeraba alrededor de Jesús y él se puso a decir: –Esta es una generación malvada; pide una señal, pero no se le dará una señal diferente a la de Jonás.30 Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta generación.31 La reina del sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más importante que Salomón.32 Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más importante que Jonás.33 Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o cubierta con una vasija de barro, sino sobre el candelero, para que los que entren vean la claridad.34 Tu ojo es la lámpara del cuerpo; cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero cuando está enfermo, tu cuerpo está en tinieblas.35 Ten cuidado para que la luz que hay en ti no se convierta en oscuridad.36 Y si tu cuerpo entero está iluminado y no hay en él nada oscuro, todo él brillará como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor.37 Al terminar de hablar, un fariseo le invitó a comer. Jesús entró y se puso a la mesa.38 El fariseo se extrañó al ver que no se había lavado antes de comer.39 Pero el Señor le dijo: –Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y de maldad.40 ¡Torpes! El que hizo lo de fuera ¿no hizo también lo de dentro?41 Pues den limosna de corazón, y entonces quedarán limpios.42 Pero, ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la menta, del té y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Esto es lo que hay que hacer, aunque sin omitir aquello.43 ¡Ay de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas y que los saluden en la plaza!44 ¡Ay de ustedes, que son como sepulcros que no se ven, sobre los que se pisa sin saberlo!45 Entonces uno de los expertos en la ley tomó la palabra y le dijo: –Maestro, hablando así nos ofendes también a nosotros.46 Jesús respondió: –¡Ay de ustedes también, expertos en la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables, y ustedes no mueven ni un dedo para llevarlas!47 ¡Ay de ustedes que construyeron monumentos a los profetas asesinados por sus propios antepasados!48 De esta manera ustedes mismos son testigos de que están de acuerdo con lo que hicieron sus antepasados, porque ellos los asesinaron y ustedes les construyen monumentos.49 Por eso dijo la sabiduría de Dios: «­Les enviaré profetas y apóstoles; a unos los matarán, y a otros los perseguirán».50 Pero Dios va a pedir cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo,51 desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar de los sacrificios y el santuario. Les aseguro que se le pedirán cuentas a esta generación.52 ¡Ay de ustedes, expertos en la ley, que se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y tampoco han dejado entrar a los que querían hacerlo.53 Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la ley y los fariseos comenzaron a acosarlo y a proponerle muchas cuestiones,54 tendiéndole trampas con intención de sorprenderlo en alguna de sus palabras.

Luke 6

1 Un sábado atravesaba Jesús por unos campos sembrados. Sus discípulos cortaban espigas y las comían, desgranándolas con las manos.2 Y unos fariseos dijeron: –¿Por qué hacen lo que no está permitido en sábado?3 Jesús les respondió: –¿No han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre él y quienes lo acompañaban?4 Entró en el templo de Dios, tomó los panes de la ofrenda, comió y les dio a sus compañeros, siendo así que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comerlos.5 Y añadió: –El Hijo del hombre es señor del sábado.6 Otro sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía atrofiada su mano derecha.7 Los maestros de la ley y los fariseos lo acechaban para ver si lo sanaba en sábado, y tener así un motivo para acusarlo.8 Jesús, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre de la mano atrofiada: –Levántate y ponte ahí en medio. El hombre se puso de pie.9 Jesús les dijo: –Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?10 Y, mirándolos a todos, dijo al hombre: –Extiende tu mano. El lo hizo, y su mano quedó restablecida.11 Pero ellos, llenos de rabia, discutían qué podrían hacer contra Jesús.12 Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña para orar y pasó la noche orando a Dios.13 Al hacerse de día, reunió a sus discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles:14 Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,15 Mateo, Tomás y Santiago el hijo de Alfeo, Simón llamado Zelota,16 Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.17 Bajando después con ellos, se detuvo en un llano donde estaban muchos de sus discípulos y un gran gentío, de toda Judea y Jerusalén, y de la región costera de Tiro y Sidón,18 que habían venido para escucharlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus impuros quedaban sanos;19 y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que los sanaba a todos.20 Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, les decía: Dichosos los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios.21 Dichosos los que ahora tienen hambre, porque Dios los saciará. Dichosos los que ahora lloran, porque reirán.22 Dichosos serán ustedes cuando los hombres los odien, y cuando los excluyan, los injurien y maldigan su nombre a causa del Hijo del hombre.23 Alégrense ese día y salten de felicidad, porque su recompensa será grande en el cielo; pues lo mismo hacían sus antepasados con los profetas.24 En cambio, ¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo!25 ¡Ay de los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque se entristecerán y llorarán!26 ¡Ay, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes, pues lo mismo hacían sus antepasados con los falsos profetas!27 Pero a ustedes que me están escuchando les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian,28 bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian.29 Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica.30 Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames.31 Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes.32 Si aman a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a quienes los aman.33 Si hacen el bien a quien los trata bien a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo.34 Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo correspondiente.35 Ustedes amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; así su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo. Porque él es bueno con los ingratos y malos.36 Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso.37 No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los perdonará.38 Den, y Dios les dará. Les darán una buena medida, apretada, repleta, desbordante; porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes.39 Les puso también este ejemplo: –¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?40 El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro.41 ¿Cómo es que ves la basura en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo?42 ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: ­«Hermano, deja que te saque la basura que tienes en el ojo», cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la basura del ojo de tu hermano.43 No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno.44 Cada árbol se conoce por sus frutos. Porque de los espinos no se recogen higos, ni de las zarzas se cosechan uvas.45 El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón; y el hombre malo, de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca.46 ¿Por qué me llaman: «Señor, Señor», y no hacen lo que les digo?47 Les diré a quién es semejante todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica.48 Es semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca. Vino una inundación, y el río se desbordó contra esa casa; pero no pudo destruirla, porque estaba bien construida.49 Pero el que las oye y no las pone en práctica, es como el que edificó su casa a ras de tierra, sin cimientos; cuando el río se desbordó y las aguas dieron contra ella, se derrumbó en seguida, convirtiéndose en un montón de ruinas.

Mark 11

1 Cuando se acercaban a Jerusalén, a la altura de Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos2 con este encargo: –Vayan al poblado de enfrente. Al entrar en él, encontrarán en seguida un borrico atado, sobre el que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo.3 Y si alguien les pregunta por qué lo hacen, díganle que el Señor lo necesita y que en seguida lo devolverá.4 Los discípulos fueron, encontraron un borrico atado junto a la puerta, afuera, en la calle, y lo desataron.5 Algunos de los que estaban allí les preguntaron: –¿Por qué desatan el borrico?6 Los discípulos les contestaron como les había dicho Jesús, y ellos los dejaron.7 Llevaron el borrico, echaron encima sus mantos, y Jesús montó en él.8 Muchos extendieron sus mantos por el camino y otros hacían lo mismo con ramas que cortaban en el campo.9 Los que iban adelante y atrás gritaban: –¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!10 ¡Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!11 Cuando Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y observó todo a su alrededor, pero como ya era tarde, se fue a Betania con los Doce.12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre.13 Al ver de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó a ver si encontraba algo en ella. Pero no encontró más que hojas, pues no era tiempo de higos.14 Entonces le dijo: –Que nunca jamás nadie coma fruto de ti. Sus discípulos lo oyeron.15 Cuando llegaron a Jerusalén Jesús entró en el templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en el templo. Tumbó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían las palomas,16 y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas.17 Luego se puso a enseñar diciéndoles: –¿No está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Ustedes, sin embargo, la han convertido en cueva de ladrones.18 Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley se enteraron y buscaban el modo de acabar con Jesús, porque le tenían miedo, ya que toda la gente estaba asombrada de su enseñanza.19 Cuando anocheció, salieron fuera de la ciudad.20 Cuando a la mañana siguiente pasaron por allí, vieron que la higuera se había secado hasta la raíz.21 Pedro se acordó y dijo a Jesús: –Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.22 Jesús les dijo: –Tengan fe en Dios.23 Les aseguro que si alguien le dice a esta montaña: «Quítate de ahí y arrójate al mar», si lo hace sin dudar y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá.24 Por eso les digo: Todo lo que pidan en su oración, lo obtendrán si tienen fe en que van a recibirlo.25 Y cuando oren, perdonen si tienen algo contra alguien, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas.27 Llegaron de nuevo a Jerusalén y, mientras Jesús paseaba por el templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos,28 y le dijeron: –¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esa autoridad para actuar así?29 Jesús les respondió: –También yo les voy a hacer una pregunta. Contéstenme y yo les diré con qué autoridad hago esto.30 ¿De dónde venía el bautismo de Juan: de Dios o de los hombres? Contéstenme.31 Ellos intentaban ponerse de acuerdo y razonaban así: –Si decimos que de Dios, dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron?32 Pero ¿cómo vamos a responder que era de los hombres? Tenían miedo a la gente, porque todos consideraban a Juan como profeta.33 Así que respondieron a Jesús: –No sabemos. Jesús les contestó: –Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas.

Mark 13

1 Al salir del templo, uno de sus discípulos le dijo: –Maestro, mira qué piedras y qué construcciones tan grandes.2 Jesús le contestó: –¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará aquí piedra sobre piedra. ¡Todo será destruido!3 Estaba sentado en el monte de los Olivos, enfrente del templo. Y Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en privado:4 –¿Dinos cuándo ocurrirá eso y cuál será la señal de que todo eso está a punto de cumplirse?5 Jesús comenzó a decirles: –Estén atentos para que nadie los engañe.6 Muchos vendrán en mi nombre diciendo: ­«Yo soy», y engañarán a mucha gente.7 Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no se alarmen. Eso tiene que suceder, pero no es todavía el final.8 Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares. Habrá hambre. Ese será el comienzo de un doloroso alumbramiento.9 Ustedes cuídense a sí mismos, pues los entregarán a los tribunales, serán azotados en las sinagogas y comparecerán ante gobernadores y reyes por mi causa para dar testimonio ante ellos.10 Pero es necesario que antes se anuncie la buena noticia a todos los pueblos.11 Cuando los lleven ante los tribunales, no se preocupen de lo que van a decir. Digan lo que Dios les sugiera en aquel momento, pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.12 Entonces el hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; se levantarán los hijos contra los padres y los matarán.13 Todos los odiarán por mi causa; pero el que persevere hasta el final, ése se salvará.14 Cuando vean que el ídolo abominable y destructor está donde no debe (procure entenderlo el que lee), entonces los que estén en Judea que huyan a las montañas;15 el que esté en la azotea, que no baje ni entre a tomar nada de su casa;16 y el que esté en el campo, que no regrese en busca de su manto.17 ¡Ay de las que estén encinta y de las que estén amamantando en aquellos días!18 Rueguen que no ocurra en invierno.19 Porque aquellos días serán de un sufrimiento como no lo hubo igual desde que al principio creó Dios el mundo hasta ahora, ni lo habrá jamás.20 Si el Señor no acortara aquellos días, nadie se salvaría. Pero, en atención a los elegidos que él eligió, ha acortado esos días.21 Si alguno les dice entonces: ­«¡Mira, aquí está el Mesías! ¡Mira, está allí!», no le crean.22 Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.23 ¡Estén atentos! Todas estas cosas se las he advertido de antemano.24 Pasado el sufrimiento de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará resplandor;25 las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas celestes se tambalearán.26 Entonces verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria.27 El enviará entonces a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo.28 Fíjense en el ejemplo de la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, saben que se acerca el verano.29 Pues lo mismo ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Hijo del hombre ya está cerca, a las puertas.30 Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda.31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.32 En cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.33 ¡Cuidado! Estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento.34 Sucederá lo mismo que con aquel hombre que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al mayordomo que vigilara.35 Estén pues atentos, porque no saben cuándo llegará el señor de la casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer.36 No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.37 Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén atentos!

Mark 14

1 Faltaban dos días para la fiesta de la pascua y de los panes sin levadura. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley andaban buscando el modo de arrestar a Jesús con engaño y darle muerte,2 pero decían: –Durante la fiesta no; no sea que el pueblo se amotine.3 Estaba Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, sentado a la mesa, cuando llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume de nardo puro, que era muy caro. Rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza de Jesús.4 Algunos, indignados, comentaban entre sí: –¿A qué se debe semejante derroche de perfume?5 Podía haberse vendido este perfume a un precio muy alto y haber dado el dinero a los pobres. Y la criticaban.6 Pero Jesús les dijo: –Déjenla. ¿Por qué la apenan? Ha hecho conmigo una buena obra.7 A los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre.8 Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.9 Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se anuncie la buena noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho.10 Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús.11 Ellos se alegraron al oírlo, y prometieron darle dinero. Por eso buscaba cuál sería el momento oportuno para entregarlo.12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos preguntaron a Jesús: –¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?13 Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: –Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,14 y allí donde entre digan al dueño: El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a celebrar la cena de pascua con mis discípulos?»15 El les mostrará en el piso de arriba una sala grande y bien alfombrada. Preparen todo allí para nosotros.16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron todo tal como Jesús les dijo y prepararon la cena de pascua.17 Al atardecer llegó Jesús con los Doce.18 Y una vez que se acomodaron, mientras cenaban, dijo Jesús: –Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que está cenando conmigo.19 Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: –¿Acaso soy yo?20 El les contestó: –Uno de los Doce, uno que está comiendo conmigo en el mismo plato.21 El Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él, pero ¡ay de aquél que entrega al Hijo del hombre! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!22 Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo: –Tomen, esto es mi cuerpo.23 Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, lo dio a sus discípulos y bebieron todos de él.24 Y les dijo: –Esta es mi sangre, la sangre de la alianza derramada por todos.25 Les aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día aquel en que beba un vino nuevo en el reino de Dios.26 Después de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.27 Jesús les dijo: –Todos me abandonarán, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.28 Pero después de resucitar, me encontraré de nuevo con ustedes en Galilea.29 Pedro le respondió: –Aunque todos te abandonen, yo no.30 Jesús le contestó: –Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.31 Pedro insistió: –Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Y todos decían lo mismo.32 Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos: –Siéntense aquí, mientras yo voy a orar.33 Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir miedo y angustia,34 y les dijo: –Me muero de tristeza. Quédense aquí y velen.35 Y avanzando un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, si era posible, no tuviera que pasar por aquel momento.36 Decía: –¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí este cáliz de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.37 Regresó y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: –Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora?38 Velen y oren para que puedan hacer frente a la prueba; pues el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.39 Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo.40 Regresó y de nuevo los encontró dormidos, pues sus ojos se cerraban de sueño. Ellos no sabían qué responderle.41 Regresó por tercera vez y les dijo: –¿Todavía están durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.42 ¡Vamos! ¡Levántense! Ya está aquí el que me va a entregar.43 Aún estaba hablando Jesús, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él un tumulto de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos.44 El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ése es; arréstenlo y llévenlo bien custodiado».45 En cuanto llegó, se acercó a Jesús y le dijo: –¡Maestro! Y lo besó.46 Ellos se abalanzaron sobre él y lo arrestaron.47 Uno de los presentes sacó la espada y cortó de un golpe la oreja al criado del sumo sacerdote.48 Jesús tomó la palabra y les dijo: –Han salido a detenerme con espadas y palos, como si fuera un bandido.49 A diario estaba con ustedes enseñando en el templo, y no me arrestaron. Pero es necesario que se cumplan las Escrituras.50 Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron.51 Un joven lo iba siguiendo, cubierto tan sólo con una sábana. Lo detuvieron,52 pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo.53 Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron todos los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley.54 Pedro lo siguió de lejos hasta el interior del patio del sumo sacerdote y se quedó sentado con los guardias, calentándose junto al fuego.55 Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo de Ancianos buscaban una acusación contra Jesús para darle muerte, pero no la encontraban.56 Pues aunque muchos testimoniaban en falso contra él, los testimonios no coincidían.57 Algunos comparecieron y dieron contra él este falso testimonio:58 –Nosotros lo hemos oído decir: ­«Yo destruiré este templo hecho por hombres y en tres días construiré otro no edificado por hombres».59 Pero ni siquiera en esto concordaba su testimonio.60 Entonces el sumo sacerdote tomó la palabra en medio de todos y preguntó a Jesús: –¿No respondes nada? ¿De qué te acusan éstos?61 Pero Jesús callaba y no respondía nada. El sumo sacerdote siguió preguntándole: –¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?62 Jesús contestó: –Yo soy, y verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.63 El sumo sacerdote rasgándose las vestiduras, dijo: –¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?64 Han oído la blasfemia. ¿Qué les parece? Todos juzgaron que merecía la muerte.65 Algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole la cara, le daban bofetadas y le decían: –¡Adivina! Y también los guardias lo golpeaban.66 Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las criadas del sumo sacerdote.67 Al ver a Pedro calentándose junto al fuego, se quedó mirándolo y le dijo: –También tú andabas con Jesús, el de Nazaret.68 Pedro lo negó diciendo: –No sé ni entiendo de qué hablas. Salió a la puerta de la casa, y cantó un gallo.69 Lo vio de nuevo la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: –Este es uno de ellos.70 Pedro lo negó de nuevo. Poco después también los otros dijeron a Pedro: –No hay duda. Tú eres uno de ellos, pues eres galileo.71 El comenzó entonces a maldecir y a jurar: –Yo no conozco a ese hombre del que me hablan.72 En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro se acordó de lo que le había dicho Jesús: ­«Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.

Matthew 5

1 Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos.2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.4 Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará.5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará.7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.9 Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos.10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos.11 Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía.12 Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.13 Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres.14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de una montaña.15 Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.16 Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos.17 No piensen que he venido a abolir las enseñanzas de la ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias.18 Porque les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra la más pequeña letra de la ley estará vigente hasta que todo se cumpla.19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos.20 Por eso les digo que si no son mejores que los maestros de la ley y los fariseos, ustedes no entrarán en el reino de los cielos.21 Han oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás; y el que mate será llevado a juicio.22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será llevado a juicio; el que lo llame estúpido será llevado a juicio ante el Consejo de Ancianos, y el que lo llame imbécil será condenado al fuego que no se apaga.23 Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,24 deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda.25 Trata de ponerte de acuerdo con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.27 Han oído que se dijo: No cometerás adulterio.28 Pero yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.29 Por tanto, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser echado todo entero al fuego que no se apaga.30 Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser arrojado todo entero al fuego que no se apaga.31 También se dijo: El que se separe de su mujer, que le dé un acta de divorcio.32 Pero yo les digo que todo el que se separa de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada, comete adulterio.33 También han oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento.34 Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios;35 ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey.36 Ni siquiera jures por tu cabeza, porque no puedes cambiar de color ni uno solo de tus cabellos.37 Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del maligno.38 Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.39 Pero yo les digo que no enfrenten al que les hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra;40 al que te demande para quitarte la túnica, dale también el manto;41 y al que te pida que lo acompañes mil pasos, ve con él dos mil.42 Da a quien te pida, y no des la espalda al que te pide prestado.43 Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen.45 Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.46 Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma?47 Y si saludan sólo a sus hermanos ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos?48 Ustedes sean perfectos, como el Padre celestial es perfecto.

Matthew 6

1 Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque entonces su Padre del cielo no los recompensará.2 Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.4 Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.5 Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.6 Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.7 Y al orar, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron.8 No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.9 Ustedes oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre;10 venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;11 danos hoy el pan que necesitamos;12 perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;13 no nos dejes caer en la tentación; y líbranos del mal.14 Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas, también a ustedes los perdonará el Padre celestial.15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas.16 Cuando ayunen, no anden tristes como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa.17 Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,18 de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará.19 No amontonen tesoros en esta tierra, donde la polilla y la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones perforan los muros y roban.20 Amontonen mejor tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones no perforan los muros ni roban.21 Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.22 El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado;23 pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, ¡qué grande será la oscuridad!24 Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. Ustedes no pueden servir a Dios y al dinero.25 Por eso les digo: No se inquieten pensando qué van a comer o a beber para subsistir, o con qué vestirán su cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?26 Fíjense en las aves del cielo; ni siembran ni cosechan ni guardan en graneros, y sin embargo el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?27 ¿Quién de ustedes, por más que lo intente, puede añadir una sola hora a su vida?28 Y por el vestido, ¿por qué se inquietan? Fíjense cómo crecen los lirios del campo; no se fatigan ni tejen;29 y sin embargo, les digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.30 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al fuego Dios la viste así, ¿qué no hará con ustedes, hombres de poca fe?31 Así que no se inquienten diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos?32 Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe el Padre celestial lo que necesitan.33 Busquen primero el reino de Dios y hacer su voluntad, y todo lo demás les vendrá por añadidura.34 No se inquieten por el día de mañana, que el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.

Psalm 5

1 Al maestro de coro; con flautas. Salmo de David.2 Escucha mis palabras, Señor, atiende a mis gemidos,3 oye mi grito suplicante, Rey mío y Dios mío; porque a ti te estoy invocando.4 Señor, por la mañana escuchas mi voz; por la mañana me dirijo a ti y me quedo esperando.5 Tú no eres un Dios que ame la maldad; el malvado no encuentra refugio junto a ti,6 ni el necio resiste tu mirada. Tú odias a los que hacen el mal;7 haces perecer a los mentirosos, al hombre sanguinario y traicionero lo detesta el Señor.8 Pero yo, por tu gran amor, entraré en tu casa; me postraré en tu santo templo con toda reverencia, Señor.9 Guíame, Señor, con tu rectitud, porque tengo enemigos; haz que siga tus caminos.10 En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso; su garganta es un sepulcro abierto; su lengua está llena de adulaciones.11 Castígalos, oh Dios, que fracasen sus planes; expúlsalos, por sus muchos crímenes, por haberse rebelado contra ti.12 Que se alegren los que se refugian en ti, y su alegría sea eterna; protégelos, y se llenarán de gozo los que te aman.13 Porque tú, Señor, bendices al justo, y como un escudo lo protege tu favor.

Psalm 54

1 (CAP. 53) Al maestro de coro; con arpas. Oda de David.2 Cuando los de Zif fueron a decir a Saúl que David estaba escondido entre ellos.3 ¡Sálvame, oh Dios, por tu nombre, por tu poder defiéndeme!4 ¡Oh Dios, escucha mi oración, atiende a mis palabras!5 Pues hombres soberbios y violentos se levantan contra mí, atentan contra mi vida sin tener presente a Dios.6 Pero Dios es quien me auxilia, mi Señor me sostiene.7 ¡Devuélveles el mal a mis adversarios; destrúyelos, pues eres fiel!8 Yo te ofreceré de buen grado un sacrificio, daré gracias a tu nombre, Señor, porque eres bueno.9 Me has librado de todas mis angustias, y he visto a mis enemigos derrotados.

Psalm 55

1 (CAP. 54) Al maestro de coro; con arpas. Oda de David.2 Oh Dios, escucha mi oración, no te cierres a mi súplica;3 atiéndeme, respóndeme, que mis penas me tienen angustiado.4 Me inquieta la voz del enemigo, la opresión del malvado, pues amontonan desgracias sobre mí y me persiguen con rabia.5 Tengo el corazón encogido, me asalta el miedo a la muerte,6 el temor y el terror me invaden, me abruma el pánico.7 Pienso: «¡Quién me diera alas de paloma para volar y luego descansar!».8 Me iría lejos, viviría en el desierto;9 en seguida encontraría un refugio contra el viento impetuoso y el huracán.10 Destrúyelos, Señor, confunde su lenguaje, porque veo en la ciudad violencia y discordia11 rondando día y noche por sus muros. Dentro de ella hay maldad y dolor,12 sólo crímenes hay en su interior; la opresión y el engaño no se apartan de su plazas.13 Si un enemigo me ofendiera, podría soportarlo; si mi adversario se levantara contra mí, me escondería de él.14 ¡Pero eres tú, un hombre como yo, mi amigo y confidente,15 con quien paseaba entre la multitud por la casa de Dios!16 ¡Que la muerte los sorprenda, que bajen vivos al abismo, porque el mal tiene su morada entre ellos!17 Yo, en cambio, invoco a Dios: el Señor me salvará.18 Por la tarde, por la mañana, al mediodía, gimo y me lamento; pero él escuchará mi grito.19 El me rescatará y me dará la victoria, aunque sean muchos los que me ataquen.20 Dios, que reina desde siempre, me escuchará y los humillará, porque no quieren enmendarse ni temen a Dios.21 Traicionan a su aliado, y quebrantan el pacto que hicieron con él.22 Sus palabras son más dulces que la miel, pero su corazón es agresivo; sus discursos son más suaves que el aceite, pero hieren como espadas afiladas.23 Encomienda al Señor tus inquietudes, y él te sostendrá: jamás permitirá que el justo fracase.24 Tú, oh Dios, los harás bajar a lo profundo de la tumba. Los hombres sanguinarios y mentirosos no llegarán ni a la mitad de su existencia. Yo, en cambio, he puesto en ti mi confianza.

Psalm 6

1 Al maestro de coro; con arpas; en octava. Salmo de David.2 Señor, no me castigues enojado, no me corrijas enfurecido.3 Piedad de mí, Señor, que desfallezco, sáname, porque tengo los huesos triturados.4 Me encuentro totalmente desalentado. Señor, ¿hasta cuándo?5 Fíjate en mí, Señor, y líbrame, que tu amor me ponga a salvo,6 pues los muertos ya no se acuerdan de ti, y en el abismo, ¿quién te alabará?7 Estoy agotado de tanto gemir, baño en llanto mi cama cada noche, inundo de lágrimas mi lecho;8 mis ojos se consumen de pena, envejecen de tantas angustias.9 ¡Apártense de mí, malhechores, que el Señor ha escuchado mis lamentos!10 El Señor escuchó mi súplica, el Señor aceptó mi oración.11 ¡Todos mis enemigos, confundidos y aterrados, retrocederán en seguida derrotados!

Romans 8

1 Ya no pesa, por tanto, condenación alguna sobre los que viven en Cristo Jesús,2 porque la ley del Espíritu vivificador me ha liberado por medio de Cristo Jesús de la ley del pecado y de la muerte.3 Pues lo que era imposible para la ley, a causa de la debilidad humana, lo realizó Dios enviando a su propio Hijo con una naturaleza semejante a la del pecado. Aún más: lo hizo víctima por el pecado y condenó el pecado a través de una naturaleza mortal,4 para que así, los que vivimos, no según nuestros desordenados apetitos, sino según el Espíritu, cumplamos los preceptos de la ley en plenitud.5 Porque los que viven según sus apetitos, a ellos subordinan sus criterios; pero los que viven según el Espíritu, tienen criterios propios del Espíritu.6 Ahora bien, guiarse por los criterios de los propios apetitos lleva a la muerte; guiarse por los del Espíritu conduce a la vida y a la paz.7 Y es que los criterios que nacen de nuestros desordenados apetitos están enfrentados a Dios, puesto que ni se someten a su ley ni pueden someterse.8 Así pues, los que viven entregados a sus apetitos no pueden agradar a Dios.9 Pero ustedes no viven entregados a tales apetitos, sino que viven según el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, es que no pertenece a Cristo.10 Ahora bien, si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el espíritu vive por la justicia.11 Y si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos hará revivir sus cuerpos mortales por medio de ese Espíritu suyo que habita en ustedes.12 Por tanto, hermanos, estamos en deuda, pero no con nuestros apetitos para vivir según ellos.13 Porque si viven según esos apetitos, ciertamente morirán; en cambio, si mediante el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivirán.14 Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.15 Pues bien, ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: ­«Abba», es decir, «­Padre».16 Ese mismo Espíritu se une al nuestro para juntos dar testimonio de que somos hijos de Dios.17 Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, siempre y cuando ahora padezcamos con él, para ser luego glorificados con él.18 Entiendo, por lo demás, que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria que un día se nos manifestará.19 Porque la creación misma espera anhelante que se manifieste lo que serán los hijos de Dios.20 Condenada al fracaso, no por propia voluntad, sino por aquel que así lo dispuso, la creación vive en la esperanza21 de ser también ella liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.22 Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente.23 Pero no sólo ella; también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para que Dios nos haga sus hijos y libere nuestro cuerpo.24 Porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza; y es claro que la esperanza que se ve no es propiamente esperanza, pues ¿quién espera lo que tiene ante los ojos?25 Pero si esperamos lo que no vemos, estamos aguardando con perseverancia.26 Asimismo el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar.27 Por su parte, Dios, que examina los corazones, conoce el pensar de ese Espíritu, que intercede por los creyentes según la voluntad de Dios.28 Sabemos, además, que todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que él ha llamado según sus planes.29 Porque a los que conoció de antemano, los destinó también desde el principio a reproducir la imagen de su Hijo, llamado a ser el primogénito entre muchos hermanos.30 Y a los que desde el principio destinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a quienes justificó, les comunicó su gloria.31 ¿Qué más podemos añadir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?32 El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él?33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si Dios es el que justifica?34 ¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros?35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?36 Ya lo dice la Escritura: Por tu causa estamos expuestos a la muerte cada día: nos consideran como ovejas destinadas al matadero.37 Pero Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas.38 Porque estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase,39 ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

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