El hombre rico y su estorbo
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| Escrituras | Luke 1415 Uno de los convidados que oyó esto le dijo: –Dichoso el que pueda participar en el banquete del reino de Dios. 16 Jesús le respondió: –Un hombre daba una gran cena e invitó a muchos. 17 A la hora de la cena, envió a su criado a decir a los invitados: «Vengan, que ya está todo preparado». 18 Pero todos, uno tras otro, comenzaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses». 19 Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me excuses». 20 Y otro dijo: «Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir». 21 El criado regresó y refirió lo sucedido a su señor. Entonces el señor se irritó y dijo a su criado: «Sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos». 22 Más tarde el criado dijo: «Señor, se hizo como mandaste, y todavía hay sitio». 23 El señor le dijo entonces: «Anda a los caminos y a las veredas y convence a la gente para que entre hasta que se llene mi casa. 24 Pues les digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados probará mi cena». Luke 161 Decía también a sus discípulos: –Había un hombre rico que tenía un administrador, a quien acusaron ante su señor de malgastar sus bienes. 2 El señor lo llamó y le dijo: «¿Qué es lo que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque no vas a poder seguir desempeñando ese cargo». 3 El administrador se puso a pensar: «¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Ya no tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. 4 Ya sé lo que haré para que alguien me reciba en su casa, cuando me quiten la administración». 5 Entonces llamó a todos los deudores de su señor y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?». 6 Le contestó: «Cien barriles de aceite». Y él le dijo: «Toma tu recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta». 7 A otro le dijo: «Y tú, ¿cuánto debes?». Le contestó: «Cien sacos de trigo». El le dijo: «Toma tu recibo y escribe ochenta». 8 Y el señor alabó a aquel administrador infiel, porque había obrado sagazmente. Y es que los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su propia gente que los que pertenecen a la luz. 9 Por eso les digo: Gánense amigos con los bienes de este mundo. Así, cuando tengan que dejarlos, los recibirán en las moradas eternas. 10 El que es de fiar en lo poco, lo es también en lo mucho. Y el que es injusto en lo poco, lo es también en lo mucho. 11 Pues si no fueron de fiar en los bienes de este mundo, ¿quién les confiará el verdadero bien? 12 Y si no fueron de fiar administrando bienes ajenos, ¿quién les confiará lo que es de ustedes? 13 Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará a otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero. Matthew 221 Jesús tomó de nuevo la palabra y les dijo esta parábola: 2 –Con el reino de los cielos sucede lo mismo que con aquel rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus criados para llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. 4 De nuevo envió otros criados encargándoles que dijeran a los invitados: «Mi banquete está preparado, he matado reses y becerros gordos, y todo está listo; vengan a la boda». 5 Pero ellos no hicieron caso, y se fueron unos a su campo y otros a su negocio. 6 Los demás, capturando a los criados, los maltrataron y los mataron. 7 El rey entonces se enojó y envió sus tropas para que acabaran con aquellos asesinos e incendiaran su ciudad. 8 Después dijo a sus criados: «El banquete de boda está preparado, pero los invitados no eran dignos. 9 Vayan, pues, donde se cruzan los caminos e inviten a la boda a todos los que encuentren». 10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y la sala se llenó de invitados. 11 Al entrar el rey para ver a los invitados, observó que uno de ellos no llevaba traje de boda. 12 Le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?». El se quedó callado. 13 Entonces el rey dijo a los servidores: «Atenlo de pies y manos y échenlo fuera a las tinieblas; allí llorará y le rechinarán los dientes». 14 Porque son muchos los llamados, pero pocos los elegidos. |