26 Entonces Sansón dijo al joven que lo llevaba de la mano: –Llévame hasta las columnas sobre las que descansa el edificio para que pueda apoyarme en ellas.27 El edificio estaba lleno de hombres y mujeres. Estaban todos los jefes de los filisteos, y había en la terraza unos tres mil hombres y mujeres divirtiéndose a costa de Sansón.28 Sansón invocó al Señor así: –Señor, Señor, te suplico que te acuerdes de mí; dame al menos por esta vez la fuerza necesaria para vengarme de un solo golpe de todos los filisteos por la pérdida de mis ojos.29 Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba el edificio e hizo presión sobre ellas, sobre una con la mano derecha y sobre la otra con la mano izquierda.30 Y gritó: –¡Muera yo con los filisteos! Las sacudió con toda su fuerza, y el edificio se derrumbó sobre los jefes y sobre todo el pueblo que estaba allí. Y los que mató al morir fueron más que los que mató en vida.