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Sermón del Monte

Producto
ID de imagen
prcas1366
Descripción
Jesús está sentado en una ladera sobre el agua, vestido de luz, levantando la mano mientras enseña a una multitud reunida de discípulos y buscadores. Hombres y mujeres escuchan atentamente entre flores silvestres y pendientes rocosas, con el rostro vuelto hacia Él mientras las palabras del reino son dadas con autoridad. La escena refleja el Sermón del Monte, donde Cristo proclama las Bienaventuranzas, llama a Sus seguidores a ser sal y luz, profundiza el significado de la justicia, enseña a orar y manda confiar en el Padre. La imagen destaca a Jesús como el verdadero Maestro de Israel, revelando un reino formado por la misericordia, la pureza de corazón, la reconciliación, la humildad y la obediencia. Esta obra sirve para la enseñanza en la iglesia, el estudio bíblico, recursos de discipulado, gráficos para sermones y materiales devocionales centrados en las enseñanzas de Cristo.
Artista
Providence Collection
Detalles de la imagen
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Palabras clave Bienaventuranzas   discípulos   enseñanza   Jesús   reino de Dios   Sermón del Monte  
Secondary Keywords   adulterio   año   Christian discipleship   estudio bíblico   General   justicia   ladera   Lord's Prayer   misericordia   montar   multitud   predica   salt and light   sermón   testamento  
Tertiary Keywords church teaching   flores silvestres   humildad   Matthew Gospel   obediencia   oración   seekers   seguidores   sermon graphic  
Escrituras
Lucas 14:25-35   Lucas 6:17-49   Marcos 8:34-38   Matthew 5:1-12   Matthew 5:1-48   Matthew 5:13-16   Matthew 6:1-34   Matthew 6:25-34   Matthew 6:9-13   Matthew 7:1-29   Matthew 7:24-29  

Luke 14

25 Como lo seguía mucha gente, Jesús se dirigió a ellos y les dijo: 26 –Si alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a renunciar a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo. 27 El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Si uno de ustedes piensa construir una torre, ¿no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? 29 No sea que, si pone los cimientos y no puede acabar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, 30 diciendo: ­«Este comenzó a edificar y no pudo terminar». 31 O si un rey está en guerra contra otro ¿no se sienta antes a considerar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene a atacarlo con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el enemigo aún está lejos, enviará unos delegados para negociar la paz. 33 Del mismo modo, aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo. 34 Buena es la sal, pero si pierde su sabor, ¿cómo podrá recobrarlo? 35 Ya no sirve ni para la tierra ni para el abono, sino que hay que tirarla. El que tenga oídos para oír, que oiga.

Luke 6

17 Bajando después con ellos, se detuvo en un llano donde estaban muchos de sus discípulos y un gran gentío, de toda Judea y Jerusalén, y de la región costera de Tiro y Sidón, 18 que habían venido para escucharlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus impuros quedaban sanos; 19 y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que los sanaba a todos. 20 Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, les decía: Dichosos los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios. 21 Dichosos los que ahora tienen hambre, porque Dios los saciará. Dichosos los que ahora lloran, porque reirán. 22 Dichosos serán ustedes cuando los hombres los odien, y cuando los excluyan, los injurien y maldigan su nombre a causa del Hijo del hombre. 23 Alégrense ese día y salten de felicidad, porque su recompensa será grande en el cielo; pues lo mismo hacían sus antepasados con los profetas. 24 En cambio, ¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo! 25 ¡Ay de los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque se entristecerán y llorarán! 26 ¡Ay, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes, pues lo mismo hacían sus antepasados con los falsos profetas! 27 Pero a ustedes que me están escuchando les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, 28 bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica. 30 Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames. 31 Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. 32 Si aman a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a quienes los aman. 33 Si hacen el bien a quien los trata bien a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo correspondiente. 35 Ustedes amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; así su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo. Porque él es bueno con los ingratos y malos. 36 Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. 37 No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará; perdonen, y Dios los perdonará. 38 Den, y Dios les dará. Les darán una buena medida, apretada, repleta, desbordante; porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes. 39 Les puso también este ejemplo: –¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro. 41 ¿Cómo es que ves la basura en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? 42 ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: ­«Hermano, deja que te saque la basura que tienes en el ojo», cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la basura del ojo de tu hermano. 43 No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. 44 Cada árbol se conoce por sus frutos. Porque de los espinos no se recogen higos, ni de las zarzas se cosechan uvas. 45 El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón; y el hombre malo, de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca. 46 ¿Por qué me llaman: «Señor, Señor», y no hacen lo que les digo? 47 Les diré a quién es semejante todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica. 48 Es semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca. Vino una inundación, y el río se desbordó contra esa casa; pero no pudo destruirla, porque estaba bien construida. 49 Pero el que las oye y no las pone en práctica, es como el que edificó su casa a ras de tierra, sin cimientos; cuando el río se desbordó y las aguas dieron contra ella, se derrumbó en seguida, convirtiéndose en un montón de ruinas.

Mark 8

34 Después Jesús reunió a la gente y a sus discípulos, y les dijo: –Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. 35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por la buena noticia, la salvará. 36 Pues ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida? 37 ¿Qué puede dar uno a cambio de su vida? 38 Pues si uno se avergüenza de mí y de mi mensaje en medio de esta generación infiel y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

Matthew 5

1 Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. 2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras: 3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará. 5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará. 7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos. 10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. 12 Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.

Matthew 5

1 Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. 2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras: 3 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará. 5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará. 7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos. 10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. 12 Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes. 13 Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. 14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de una montaña. 15 Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos. 17 No piensen que he venido a abolir las enseñanzas de la ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias. 18 Porque les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra la más pequeña letra de la ley estará vigente hasta que todo se cumpla. 19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos. 20 Por eso les digo que si no son mejores que los maestros de la ley y los fariseos, ustedes no entrarán en el reino de los cielos. 21 Han oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás; y el que mate será llevado a juicio. 22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano será llevado a juicio; el que lo llame estúpido será llevado a juicio ante el Consejo de Ancianos, y el que lo llame imbécil será condenado al fuego que no se apaga. 23 Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda. 25 Trata de ponerte de acuerdo con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. 27 Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pero yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser echado todo entero al fuego que no se apaga. 30 Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros, que ser arrojado todo entero al fuego que no se apaga. 31 También se dijo: El que se separe de su mujer, que le dé un acta de divorcio. 32 Pero yo les digo que todo el que se separa de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada, comete adulterio. 33 También han oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento. 34 Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. 36 Ni siquiera jures por tu cabeza, porque no puedes cambiar de color ni uno solo de tus cabellos. 37 Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del maligno. 38 Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 39 Pero yo les digo que no enfrenten al que les hace mal; al contrario, a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale también la otra; 40 al que te demande para quitarte la túnica, dale también el manto; 41 y al que te pida que lo acompañes mil pasos, ve con él dos mil. 42 Da a quien te pida, y no des la espalda al que te pide prestado. 43 Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. 45 Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. 46 Porque, si aman a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen también eso los que recaudan impuestos para Roma? 47 Y si saludan sólo a sus hermanos ¿qué hacen de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48 Ustedes sean perfectos, como el Padre celestial es perfecto.

Matthew 5

13 Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres. 14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de una montaña. 15 Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos.

Matthew 6

1 Cuidado con practicar las buenas obras para ser vistos por la gente, porque entonces su Padre del cielo no los recompensará. 2 Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. 4 Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 5 Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 6 Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7 Y al orar, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron. 8 No sean como ellos, pues su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. 9 Ustedes oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; 10 venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; 11 danos hoy el pan que necesitamos; 12 perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; 13 no nos dejes caer en la tentación; y líbranos del mal. 14 Porque si ustedes perdonan a los demás sus culpas, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. 15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas. 16 Cuando ayunen, no anden tristes como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. 17 Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, 18 de modo que nadie note tu ayuno, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te recompensará. 19 No amontonen tesoros en esta tierra, donde la polilla y la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones perforan los muros y roban. 20 Amontonen mejor tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre echan a perder las cosas, y donde los ladrones no perforan los muros ni roban. 21 Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. 22 El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; 23 pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tiniebla, ¡qué grande será la oscuridad! 24 Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. Ustedes no pueden servir a Dios y al dinero. 25 Por eso les digo: No se inquieten pensando qué van a comer o a beber para subsistir, o con qué vestirán su cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? 26 Fíjense en las aves del cielo; ni siembran ni cosechan ni guardan en graneros, y sin embargo el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes, por más que lo intente, puede añadir una sola hora a su vida? 28 Y por el vestido, ¿por qué se inquietan? Fíjense cómo crecen los lirios del campo; no se fatigan ni tejen; 29 y sin embargo, les digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al fuego Dios la viste así, ¿qué no hará con ustedes, hombres de poca fe? 31 Así que no se inquienten diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? 32 Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe el Padre celestial lo que necesitan. 33 Busquen primero el reino de Dios y hacer su voluntad, y todo lo demás les vendrá por añadidura. 34 No se inquieten por el día de mañana, que el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.

Matthew 6

25 Por eso les digo: No se inquieten pensando qué van a comer o a beber para subsistir, o con qué vestirán su cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? 26 Fíjense en las aves del cielo; ni siembran ni cosechan ni guardan en graneros, y sin embargo el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes, por más que lo intente, puede añadir una sola hora a su vida? 28 Y por el vestido, ¿por qué se inquietan? Fíjense cómo crecen los lirios del campo; no se fatigan ni tejen; 29 y sin embargo, les digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al fuego Dios la viste así, ¿qué no hará con ustedes, hombres de poca fe? 31 Así que no se inquienten diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? 32 Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos. Ya sabe el Padre celestial lo que necesitan. 33 Busquen primero el reino de Dios y hacer su voluntad, y todo lo demás les vendrá por añadidura. 34 No se inquieten por el día de mañana, que el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.

Matthew 7

1 No juzguen, para que Dios no los juzgue; 2 porque Dios los juzgará del mismo modo que ustedes hayan juzgado y los medirá con la medida con que hayan medido a los demás. 3 ¿Cómo es que ves la basura en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? 4 O ¿cómo dices a tu hermano: «Deja que te saque la basura del ojo», si tienes una viga en el tuyo? 5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la basura del ojo de tu hermano. 6 No den lo santo a los perros ni echen sus perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se enfrenten a ustedes y los destrocen. 7 Pidan y Dios les dará, busquen y encontrarán, llamen y Dios les abrirá. 8 Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama, Dios le abre. 9 ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le da una piedra?; 10 o si le pide un pez, ¿le da una serpiente? 11 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan! 12 Así pues, traten a los demás como ustedes quieran que ellos los traten, porque en esto consisten la ley y los profetas. 13 Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y amplio el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él. 14 En cambio es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo encuentran. 15 Tengan cuidado con los falsos profetas; se les acercan disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de las zarzas? 17 Del mismo modo, todo árbol bueno da frutos buenos, mientras que el árbol malo da frutos malos. 18 No puede un árbol bueno dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa al fuego. 20 Así que por sus frutos los conocerán. 21 No todo el que me dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán aquel día: –¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Pero yo les responderé: –No los conozco. ¡Apártense de mí, malvados! 24 El que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. 25 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. 26 Sin embargo, el que escucha mis palabras y no las pone en práctica, es como aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. 27 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, chocaron contra la casa, y ésta se derrumbó. Y su ruina fue grande. 28 Cuando Jesús terminó este discurso, la gente se quedó admirada de su enseñanza, 29 porque les enseñaba con autoridad, y no como sus maestros de la ley.

Matthew 7

24 El que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. 25 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. 26 Sin embargo, el que escucha mis palabras y no las pone en práctica, es como aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. 27 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, chocaron contra la casa, y ésta se derrumbó. Y su ruina fue grande. 28 Cuando Jesús terminó este discurso, la gente se quedó admirada de su enseñanza, 29 porque les enseñaba con autoridad, y no como sus maestros de la ley.

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