Stephen 's Sermon
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| Escrituras | Acts 38 se puso en pie de un salto y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo caminando, saltando y alabando a Dios. Acts 68 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. 9 Algunos de la sinagoga llamada «de los libertos», a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él, 10 pero al no poder contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba, 11 sobornaron a unos hombres para que dijeran: –Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés y contra Dios. 12 De este modo, amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los maestros de la ley. Luego, llegando de improviso, lo arrestaron, lo llevaron al Consejo de Ancianos 13 y presentaron testigos falsos, que decían: –Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la ley. 14 Le hemos oído decir que ese Jesús Nazareno destruirá este lugar santo y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés. 15 Todos los que estaban en el Consejo de Ancianos lo miraron con atención, y les pareció que su rostro era como el de un ángel. Acts 72 Esteban respondió: –Hermanos israelitas y autoridades de nuestra nación, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro antepasado Abrahán, cuando estaba en Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán, 3 y le dijo: Deja tu tierra y tu parentela, y vete a la tierra que yo te mostraré. 4 El salió del país de los caldeos y se estableció en Jarán. De allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la que ustedes viven ahora, 5 y no le dio ni siquiera un palmo de tierra en propiedad. Pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia, aunque aún no tenía hijos. 6 Dios le dijo que sus descendientes vivirían como extranjeros en tierra extraña y que serían esclavos durante cuatrocientos años. 7 Pero a la nación a la que sirvan, yo la juzgaré –añadió Dios–; y después de esto, saldrán y me darán culto en este lugar. 8 Más tarde le dio la circuncisión como signo de esta alianza. Así, después de engendrar a Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día. Igualmente Isaac a Jacob y Jacob a los doce patriarcas. 9 Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él, 10 lo libró de todos sus sufrimientos, le concedió sabiduría y la protección del faraón, rey de Egipto, y lo hizo gobernador de Egipto y de toda su casa. 11 Entonces sobrevino el hambre en toda la tierra de Egipto y Canaán y era tal la escasez que nuestros antepasados no encontraban alimentos. 12 Al saber Jacob que en Egipto había trigo, envió por primera vez a nuestros antepasados; 13 la segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos, y el faraón supo de qué familia procedía José. 14 Entonces José mandó llamar a su padre Jacob y a toda la parentela, compuesta por setenta y cinco personas, 15 y Jacob bajó a Egipto. Cuando murieron, él y nuestros antepasados, 16 fueron trasladados a Siquén y enterrados en el sepulcro que Abrahán había comprado a los hijos de Jamor en Siquén. 17 A medida que se acercaba el tiempo en que debía cumplirse lo que Dios había jurado a Abrahán, el pueblo aumentaba y se multiplicaba en Egipto, 18 hasta que surgió allí otro rey que no había conocido a José. 19 Un rey que engañó a nuestra gente y maltrató a nuestros antepasados, obligándolos a dejar abandonados a sus hijos recién nacidos, para que no sobrevivieran. 20 Entonces nació Moisés, que fue grato a Dios. Criado durante tres meses en casa de su padre, 21 fue abandonado, pero la hija del faraón lo adoptó y lo crió como hijo suyo. 22 Moisés fue educado según la sabiduría egipcia, y se hizo respetar por sus palabras y sus obras. 23 Al cumplir los cuarenta años, se propuso visitar a sus hermanos, los israelitas. 24 Viendo cómo maltrataban a uno de ellos, lo defendió y lo vengó, matando al egipcio. 25 Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios los iba a salvar por medio de él, pero ellos no comprendieron. 26 Al día siguiente sorprendió a unos peleando y trató de reconciliarlos: «Ustedes son hermanos –les dijo–; ¿por qué se maltratan?». 27 Pero el que maltrataba al otro le contestó: ¿Quién te ha hecho jefe y juez nuestro? 28 ¿Es que quieres matarme como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír esto, Moisés huyó y se fue a vivir a Madián, donde tuvo dos hijos. 30 Al cabo de cuarenta años, se le apareció en el desierto del monte Sinaí un ángel entre las llamas de una zarza ardiendo. 31 Moisés se maravilló de esta aparición; y al tratar de verla más de cerca, oyó la voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés comenzó a temblar y no se atrevía a mirar. 33 El Señor le dijo: Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada. 34 He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus gemidos y he bajado a librarlos. Y ahora ven, que te voy a enviar a Egipto. 35 A ese Moisés, a quien rechazaron diciendo: ¿Quién te ha hecho jefe y juez?, Dios lo envió como jefe y liberador por medio del ángel que se le apareció en la zarza. 36 El los sacó, realizando signos y prodigios en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años. 37 El es quien dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre sus hermanos un profeta como yo. 38 El es quien en la asamblea del desierto actuó de intermediario entre sus antepasados y el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y quien nos transmitió palabras de vida. 39 Pero nuestros antepasados no quisieron obedecerle, sino que lo rechazaron y, acordándose de Egipto con nostalgia, 40 dijeron a Aarón: Haznos dioses que nos guíen; porque ese Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos qué pasó con él. 41 Hicieron en aquellos días un becerro, presentaron sacrificios al ídolo y festejaron la obra de sus manos. 42 Entonces Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los profetas: Pueblo de Israel, ¿acaso fue a mí a quien ofrecieron víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto? 43 No, sino que llevaban la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán; imágenes que hicieron para adorarlas. Pues también yo los deportaré más allá de Babilonia. 44 Nuestros antepasados tenían en el desierto la tienda del testimonio; Dios, que hablaba con Moisés, le había ordenado construirla de acuerdo con el modelo que había visto. 45 Después de recibirla, nuestros antepasados la llevaron, bajo la guía de Josué, a la tierra que arrebataron a los paganos, a quienes Dios expulsó en presencia de ellos. Así quedó hasta los días de David. 46 Este agradó a Dios y suplicó el favor de construir un santuario para la descendencia de Jacob. 47 Con todo, fue Salomón quien le edificó una casa. 48 Pero el Altísimo no habita en casas construidas por el hombre, como dice el profeta: 49 El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies; ¿por qué quieren edificarme una casa, o un lugar para que decanse en él? 50 ¿No he hecho yo todas estas cosas? 51 Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos, siempre se han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus antepasados, y lo mismo hacen ustedes. 52 ¿A qué profeta no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar. 53 Ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles, pero no la han cumplido. Matthew 92 Entonces le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: –Animo, hijo, tus pecados te quedan perdonados. |








